OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano

jueves, 20 de febrero de 2014

Estrés y riesgo cardiovascular






En este siglo XXI estamos viviendo la epidemia de las enfermedades crónicas no transmisibles. Este grupo está constituido fundamentalmente por las enfermedades cardiovasculares. Además en este grupo está el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes.
A pesar de los adelantos en el campo médico y tecnológico, la incidencia de enfermedades cardiovasculares no ha descendido. Al contrario, representan un avance incontenible.
Hace más de 50 años se han intensificado los estudios sobre las enfermedades cardiovasculares. Y hemos vivido avances extraordinarios en el tratamiento de las mismas. Esos avances han incluido la valoración de los factores de riesgo que se  asocian a la enfermedad cardiaca. 

Cuánto más factores de riesgo tenga una persona, mayores serán sus probabilidades de padecer una enfermedad del corazón. Algunos factores de riesgo pueden cambiarse, tratarse o modificarse y otros no. Pero el control del mayor número posible de factores de riesgo, mediante cambios en el estilo de vida y/o medicamentos, puede reducir el riesgo cardiovascular.

Estos factores de riesgo pueden ser modificables o no modificables. Entre los no modificables tenemos la predisposición genética, el género o la edad y entre los factores modificables tenemos hipertensión arterial, tabaquismo, sedentarismo, dislipidemia (colesterol alto), obesidad, hiperuricemia y el estrés. A este último factor modificable nos queremos referir.

El estrés está ligado al ser humano desde el origen de su existencia como un elemento fundamental para luchar por su supervivencia en el ecosistema, para preservar su equilibrio.

Es la respuesta del organismo de índole física o emocional a toda demanda de cambio real o imaginario que produce adaptación y/o tensión. El estrés puede ser bueno (eustrés) o malo (distrés).
El cambio es el pilar de la evolución de la Humanidad desde hace más de dos mil años.  No se sabe bien por qué las personas reaccionan de diferente manera a los cambios o situaciones.

Los factores provocadores, físicos o mentales activan en nuestro organismo la denominada respuesta de estrés, que es altamente compleja e implica principalmente al sistema nervioso y al endocrino. 
Estos sistemas provocan la liberación de sustancias y hormonas del estrés (adrenalina, noradrenalina, cortisol, aldosterona...), el organismo se pone en guardia y se prepara para la lucha o para la huida: concentra sus energías en el cerebro, el corazón y los músculos en detrimento del resto de órganos.

Estas sustancias, sobre todo la adrenalina y noradrenalina, afectan el sistema cardiovascular: aumentando la frecuencia cardíaca y la presión arterial, aumentando la necesidad de oxígeno del corazón. Esta necesidad de oxígeno puede ocasionar una angina de pecho, o dolor en el pecho, en enfermos del corazón. Estas hormonas aumentan la presión arterial, lo cual puede dañar la capa interior de las arterias. También aumenta la concentración de factores de coagulación en sangre, aumentando así el riesgo de que se formen coágulos internos que pueden tapar las arterias.

El estrés también puede contribuir a otros factores de riesgo. Por ejemplo, una persona que sufre de estrés puede comer más de lo que debe para reconfortarse, puede comenzar a fumar, o puede fumar más de lo normal.

En general se considera que el estrés tiene tres fases en el organismo:

Primera fase: alarma. El individuo se prepara para la acción, ya sea la lucha o la huida como dijimos. Esta fase supone un alto consumo energético. Se activa el sistema neuroendocrino descrito anteriormente. Tras esta fase, el individuo se ha adaptado al cambio y pasa a la fase de recuperación. Si la respuesta de estrés se perpetúa, se entra en la fase siguiente.

Segunda fase: resistencia. El individuo permanece en acción de tal forma que agota sus reservas. El sistema neuroendocrino se torna ineficaz hasta desembocar en la última fase.

Tercera fase: agotamiento. El estrés se convierte en patológico, en enfermedad.
 
Enfermedad cardiovascular

El estrés es considerado el gatillo o disparador de numerosas enfermedades cardiovasculares en individuos susceptibles: isquemia cerebral (ictus) y sobre todo miocárdica (angina de pecho, infarto sintomático o asintomático).

También se asocia a hipertensión arterial y a arritmias malignas. A su vez, potencia el resto de los factores de riesgo cardiovascular.
 
Estrés físico y emocional 

El estrés físico ha sido hasta los tiempos modernos el agente estresor más importante. El ejercicio físico moderado, sin embargo, es fuente de salud física y mental. El problema del ejercicio viene cuando se sobrepasan los límites.

Se ha comprobado que el estrés emocional produce los mismos cambios fisiológicos que el estrés físico.

La relación entre el estrés emocional y ataques cardiacos ha sido establecida hace ya mucho tiempo y ha sido instintivamente aceptada. Pero la verificación de esta presunción se ve obstaculizada porque no existe un test científico para cuantificar el grado de estrés emocional. Por ejemplo, se ha demostrado que existe un aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio (doble de lo normal) durante las dos horas siguientes a un episodio significativo de alteración emocional. Cada vez hay más trabajos científicos que han demostrado asociación entre estrés mental y cuadros de isquemia en estudios de evaluación cardiológica.

 Además hay estudios poblacionales luego de catástrofes en las que la incidencia de eventos cardiovasculares está aumentada con respecto a periodos de no catástrofe.
 
Tratamiento del estrés  

Sin dudas que dentro de la complejidad del tema podemos establecer algunas pautas mínimas. En primer lugar lo importante es que el profesional reconozca a la persona que puede tener condiciones en que el estrés la perjudique. Se considera que hay medidas no farmacológicas y farmacológicas.

 Entre las primeras es fundamental recordar que el ejercicio físico, la alimentación equilibrada y el sueño reparador son básicos para solucionar el estrés. Las técnicas de relajación o actividades como el yoga son muy beneficiosas para los pacientes. Entre las medidas farmacológicas,  los profesionales son esenciales en la utilización de beta bloqueantes, ansiolíticos, hipnóticos o antidepresivos, de acuerdo a los casos.

La reacción de estrés fue el elemento que durante milenios acompaño el desarrollo de la civilización. Hoy las respuestas del mismo no son para el tipo de vida que se lleva a cabo y en muchos casos esta reacción termina siendo perjudicial. La búsqueda de estilos de vida más saludables puede a contribuir a mitigar estos efectos dañinos.

 
Autor: Eduardo Tassano  
Máster en Gerenciamiento en servicios y sistemas de salud
Especial para época
 

jueves, 13 de febrero de 2014

La neumonía en el mundo y Argentina







Según datos del Ministerio de Salud, las enfermedades del sistema respiratorio se encuentran entre las primeras cinco causas de muerte de la población general, en todos los grupos de edades.

Analizando las causas de enfermedad y muerte en el mundo vemos que las neumonías ocupan un lugar preponderante especialmente en los países de menores ingresos. En general en estos países constituye la tercera o cuarta causa de enfermedad y muerte.

La neumonía es un tipo de infección respiratoria aguda que afecta a los pulmones. Se transmite generalmente por contacto directo con personas infectadas.

Como decíamos, es un tipo de infección respiratoria aguda que afecta a los pulmones. Éstos están formados por pequeños sacos, llamados alvéolos, que - en las personas sanas - se llenan de aire al respirar. Los alvéolos de los enfermos de neumonía están llenos de pus y líquido, lo que hace dolorosa la respiración y limita la absorción de oxígeno.

La neumonía puede propagarse por diversas vías. Los virus y bacterias presentes comúnmente en la nariz o garganta de los niños, pueden infectar los pulmones al inhalarse. También pueden propagarse por vía aérea, en gotitas producidas en tosidas o estornudos. Además, la neumonía puede propagarse por medio de la sangre, sobre todo en el parto y en el período inmediatamente posterior. Se necesita investigar más sobre los diversos agentes que causan la neumonía y sobre sus modos de transmisión, ya que esta información es fundamental para el tratamiento y la prevención de la enfermedad.

La neumonía es la causa principal de muerte de niños en todo el mundo. Se calcula que la neumonía mata a unos 1,2 millones de niños menores de cinco años cada año, más que el SIDA, la malaria y el sarampión combinados.   Esa cifra de mortalidad supone el 18% de todas las defunciones de niños menores de cinco años en todo el mundo. La prevalencia es mayor en el África subsahariana y Asia meridional.  Todo esto podría evitarse con medidas sencillas y tecnológicamente accesibles.

La neumonía puede estar causada por virus, bacterias u hongos. Es sabido que hay medicación antibiótica para las bacterias y hongos, no existiendo para los virus.

Es notable que las neumonías sean tan incidentes en las cifras ya que  pueden  prevenirse mediante inmunización (vacunación), una alimentación adecuada y mediante el control de factores ambientales.
La neumonía causada por bacterias puede tratarse con antibióticos, pero solo alrededor del 30% de los niños que padecen neumonía reciben los antibióticos que necesitan.

Síntomas:

Los síntomas de la neumonía vírica y los de la bacteriana son similares, si bien los de la neumonía vírica pueden ser más numerosos que los de la bacteriana.

Los más comunes son: respiración rápida o dificultosa, tos, fiebre, escalofríos, pérdida de apetito, silbidos en el pecho. La respiración puede ser tan dificultosa que se puede notar el esfuerzo respiratorio en la parte inferior del  tórax y cuello. En lactantes muy enfermos, la neumonía puede ocasionar incapacidad para consumir alimentos o líquidos, así como pérdida de consciencia y convulsiones.

Factores de riesgo

La mayoría de los niños sanos pueden combatir la infección mediante sus defensas naturales, pero los niños con defensas bajas (inmunodeprimidos) presentan un mayor riesgo de contraer neumonía. Las defensas del niño pueden debilitarse por malnutrición o desnutrición, sobre todo en lactantes no alimentados exclusivamente con leche materna.

La presencia previa de enfermedades como sarampión o infecciones de VIH asintomáticas también aumentan el riesgo de que un niño contraiga neumonía.

Los siguientes factores ambientales también aumentan la susceptibilidad de los niños a la neumonía: la contaminación del aire interior ocasionada por el uso de leña o excrementos como combustible para cocinar o calentar el hogar, vivir en hogares hacinados, el consumo de tabaco por los padres (el tabaco otra vez).

Prevención

La prevención de la neumonía infantil es un componente fundamental de toda estrategia para reducir la mortalidad infantil. En este tema, toma vital importancia la vacunación contra la haemofilus, neumococos, sarampión y tos ferina (tos convulsa).

Una nutrición adecuada es clave para mejorar las defensas naturales del niño, comenzando con la alimentación exclusiva con leche materna durante los seis primeros meses de vida. La leche materna, además de prevenir eficazmente la neumonía, reduce la duración de la enfermedad.

También puede reducirse el número de niños que contraen neumonía corrigiendo factores ambientales como la contaminación del aire interior por ejemplo, proporcionando cocinas de interior limpias a precios accesibles  y fomentando el no tabaquismo.

A nivel mundial

El problema de nivel mundial obligó a la Organización Mundial de la Salud a tomar medidas. En 2009, la OMS y el UNICEF pusieron en marcha el Plan de Acción Mundial para la Prevención y el Control de la Neumonía (GAPP), que tiene por objetivo acelerar el control de la neumonía combinando diversas intervenciones de protección, prevención y tratamiento de la enfermedad en los niños, con medidas como las siguientes:

1) Protección de los niños de la neumonía, entre otras cosas promoviendo la lactancia natural exclusiva y el hábito de lavarse las manos y reduciendo la contaminación del aire en interiores.

2) Prevención de la neumonía mediante la vacunación;

3) Tratamiento de la neumonía, sobre todo procurando que todos los niños enfermos tengan acceso a una atención sanitaria correcta y reciban los antibióticos y el oxígeno que necesitan para sanar.

¿Y en Argentina?

Las muertes por enfermedades transmisibles en la República Argentina, a similitud del mundo desarrollado, disminuyeron drásticamente en la segunda mitad del siglo XX como consecuencia del mejoramiento de las condiciones ambientales, la disponibilidad de antibióticos, los conocimientos sobre prevención y el uso masivo de las vacunas. Si bien la tendencia se mantiene puede observarse que las tasas son muy superiores a las de países desarrollados.

Alrededor de 15 mil personas mayores de 50 años mueren cada año en Argentina como consecuencia de neumonías, cifra que duplica a la tasa de mortalidad por esa enfermedad en Chile y que también supera a la de otros países de América, como Brasil y Cuba.

La neumonía es una de las complicaciones más comunes de la gripe o influenza, una de las medidas más importantes es la vacunación antigripal anual, que se recomienda en mayores de 65 años y en todas aquellas personas pertenecientes a los grupos de riesgo, como los inmunosuprimidos, diabéticos y asmáticos, entre otros.

Una medida importante de prevención es la vacunación antineumocócica.
En la actualidad, ya está disponible, para el uso en niños hasta los 5 años de edad, una vacuna conjugada que cubre los 13 serotipos de neumococo de mayor incidencia. Se están realizando investigaciones para analizar si es factible el uso de esta vacuna conjugada en adultos.
Estas vacunas no forman parte del Calendario Nacional de Vacunación Obligatorio para niños en nuestro país.

Otras medidas de prevención son lavarse las manos con frecuencia (en especial luego de sonarse la nariz, ir al baño o cambiar pañales), no fumar y consultar con el médico si es conveniente vacunarse en cada caso.
Otro desafío para las organizaciones de salud, donde la prevención ocupa un rol preponderante.

Autor: Eduardo Tassano

jueves, 6 de febrero de 2014

Salud y uso de la tecnología








Los computadores, los dispositivos móviles, las redes sociales y los videojuegos ya son parte de la vida cotidiana, aunque últimamente han producido varios daños en la salud y en diferentes órdenes. 
La relación con la enfermedad o causal de enfermedades pueden ser de forma directa o indirecta, por ej: el daño de tipo directo como en el síndrome del túnel carpiano e indirecto como la causa de sobrepeso y obesidad. 
En un intento de ordenamiento totalmente modificable podemos agrupar los daños en diferentes grupos. 1) Sicologico-siquiatricos. 2) neurológico-sensoriales.3) traumatológicos. Y 4) otros.
 
1)Sicologico-siquiatricos: 
Es sabido que sobre todo en jóvenes se produce una suerte de aislamiento social. Puede haber enfermedades como la depresión, la ansiedad, la pérdida del placer y el disfrute de las actividades diarias, entre otros problemas psicológicos. Quizá lo más significativo es esa sensación de vivir la vida a través de la pantalla y perder el contacto de la vida diaria y las sensaciones de la vida real. En algunos casos se llega a una verdadera adicción. La obsesión por la tecnología es una realidad en el mundo moderno. Este uso indiscriminado lleva a catalogar como enfermedades a varias entidades nuevas como la nomofobia: que es el miedo a no tener a la mano el celular con el consiguiente ataque de ansiedad. Otra de no menor importancia es la ciberadicción o dependencia de Internet. En esta las personas se esmeran por publicar lo que sea a través de sus redes sociales, de mantenerse en línea para sus amigos. En jóvenes principalmente se ven casos de lo que se denomina Dependencia de videojuegos en línea. En esta los usuarios pueden pasar alrededor de 17 horas jugando en tiempo real, lo que lleva a dejar responsabilidades de lado. Tenemos otros como síndrome de la llamada imaginaria: los usuarios creen que los están llamando sus teléfonos móviles debido a que el cerebro asocia la vibración o el timbre con cualquier impulso.
 
2) Neurológico-sensoriales: 
 a) Daños en la audición: si escucha música en unos audífonos a todo volumen, se arriesga a sufrir problemas de audición. El primero y más importante es la hipoacusia (sordera), problemas en el equilibrio (este sentido se encuentra en el oído) y en el corto plazo, náuseas y vómitos.
 b) Enfermedades oculares: permanecer mirando por horas las pantallas de un computador o televisor puede traer también problemas en los ojos. Los más comunes son: sequedad, tensión ocular, y “cansancio ocular”. Es sabido que el monitor causa irritación en los ojos y produce fatiga ocular, un paso previo a la irrupción de fuertes dolores de cabeza. La fatiga ocular es, muchas veces, producto de las radiaciones del monitor, sumadas a una mala iluminación de las oficinas o de los lugares donde esté instalada la PC, lo que provoca un contraste irritante entre la luminosidad del monitor y la del ambiente.
Algunas sugerencias para prevenir esto: Conservar una distancia prudente (entre 45 y 50 centímetros) entre la pantalla y los ojos. Mantener el ambiente iluminado. Una habitación en total oscuridad es tan dañina como una sobre iluminada. Impedir el reflejo de la luz en la pantalla. En general, cuantos más pixeles tenga el monitor (puntos que componen las imágenes), mejor. Tener periodos cortos de descanso de dos o tres minutos cada 30 minutos. 
 c) Cibermareo. Este es un efecto secundario derivado de la utilización de algunas aplicaciones 3D. “La falta de sincronización entre el movimiento de los ojos y las señales percibidas, que el cerebro interpreta como movimiento real, puede causar náuseas, fatiga visual y mareos”.
d) Otros autores hablan de daños irreparables en el sistema nervioso. El análisis surge de considerar los campos electromagnéticos que estas emiten provocan enfermedades relacionadas con este como vértigo, fatiga, trastornos del sueño, pérdida de memoria e inclusive el polémico concepto de que desarrollan tumores cerebrales.
 e) Insomnio Adolescente: muchos padres conocen este tema. Los jóvenes duermen con los móviles debajo de la almohada y lo peor es que contestan a las llamadas y mensajes, a la hora que sea, esto provoca que interrumpan el sueño y el consecuente insomnio. Vigilen a sus hijos, por la noche, el móvil apagado, es lo mejor.
 
3) Traumatológicos: 
Hay varios cuadros relacionados con el uso del mouse, el teclado, y las posiciones que se adoptan al estar frente a las pantallas.
 a) Síndrome del Túnel Carpiano: relacionado con la mala utilización del mouse. Utilizar el mouse en una mala posición puede llegar a ocasionar serias lesiones en los huesos y en los tendones de la mano, causadas por el “síndrome del túnel del carpo” La principal enfermedad que pueden sufrir las personas adictas al chat y a conversar en línea con otras personas. El síndrome del túnel carpiano es una enfermedad que ocurre cuando el nervio que va desde el antebrazo hasta la mano, se presiona o se atrapa dentro del túnel carpiano, a nivel de la muñeca, causando entumecimiento, dolor, hormigueo y debilidad en la mano afectada.
b) Dolor dactilar. El escribir con rapidez y continuidad puede causar dolor y calambres en los dedos, muñeca o antebrazo y que a largo plazo puede generar una inflamación de los tendones. 
c) La postura del portátil: por culpa del abuso y una mala posición al sentarse, el uso de los portátiles pueden llegar a provocar daños en la parte baja de la espalda, dolores no sólo musculares, también de los huesos.
Algunos consejos para prevenir estos cuadros:
 a) Mouse: no hay más regla que la comodidad de cada usuario. Usar la menor cantidad de fuerza posible para mover el mouse y hacer clic. Moverlo con todo el antebrazo y no sólo con la muñeca. De esa forma se mantendrá la muñeca derecha. Apoyar una parte del antebrazo sobre la mesa -o escritorio- al utilizar el mouse. Pero nunca se debe posar el codo.
b) Teclado: debe estar en una posición cómoda y al alcance de la mano. La posición ideal del teclado es a la altura del codo o un poco más abajo. El ángulo de inclinación del teclado es muy importante para la muñeca (la inclinación del teclado es a la muñeca lo que la altura del teclado es al hombro) esas pequeñas patas de plástico que posee nuestro teclado puede evitarnos un serio dolor de muñeca. No “perforar” el teclado golpeándolo con los dedos. Al escribir es conveniente ayudarse con los músculos del brazo y del antebrazo.
c) Posición: hay que cuidarse más y controlar estos pequeños detalles, sentarse correctamente es la solución.
 
 4) Otros: 
Sobrepeso y obesidad: un reciente estudio confirmó que las personas que pasan tanto tiempo frente a las pantallas son más proclives al sedentarismo, y por ende, a padecer sobrepeso y obesidad, enfermedades que derivan en otros problemas como enfermedades en el sistema circulatorio, diabetes, entre otros, base de las enfermedades crónicas no transmisibles, epidemia de salud del mundo moderno.
 El mundo evoluciona, y todos estos dispositivos en general nos mejoran la vida y la hacen más cómoda. Pero no permitamos que el mal uso de los mismos generen enfermedades que al final terminan disminuyendo, paradojalmente, nuestra calidad de vida.

Dr. Eduardo Tassano ; Máster en gerenciamiento en sistemas y servicios de salud




jueves, 30 de enero de 2014

Reflexiones sobre las causas de defunción en el mundo









Hay que reconocer las dificultades que existen en el mundo para tener registros fiables. Tener en cuenta que a veces una defunción puede tener varias causas o la causa principal difícil de decidir o las enfermedades tienen varias causas y concausas. 

Es preciso tener en cuenta  las siguientes definiciones:
Causa de defunción: son todas aquellas enfermedades, muerte, o que contribuyeron a ella y las circunstancias del accidente o de la violencia estados morbosos o lesiones que produjeron la muerte, o que contribuyeron a ella y las circunstancias del accidente o de la violencia.

Causa básica de la defunción: Es a) la enfermedad o lesión que inició la cadena de acontecimientos patológicos que condujeron directamente a la muerte o b) las circunstancias del accidente o violencia que produjo la lesión fatal.

Cabe aclarar que los resultados de la clasificación de las causas de muerte por orden de frecuencia dependen de las categorías utilizadas. Cuanto más amplias son dichas categorías, más probable es que se encuentren entre las principales causas de muerte.

 En ese sentido podemos tener tres grandes categorías. La que agrupa los mayores porcentajes es la de  “enfermedades no transmisibles” (enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades pulmonares crónicas y diabetes); la otra gran categoría engloba las enfermedades transmisibles y causas maternas  y existe un tercer grupo con las causas externas y traumatismos.

El primer lugar en cuanto a las causas se la llevan las crónicas no transmisibles.

Con estas salvedades en el informe se hace una lista con las 10 principales causas de muerte. En el mismo se destaca que las causas de muerte pueden variar entre países de altos, medianos y bajos ingresos. En los países ricos las enfermedades no transmisibles representan el 87% de todas las muertes, en los países de bajos ingresos apenas representan el 36%.  

En 2011 asumiendo más de 55 millones de fallecimientos la principal causa de muerte fueron las enfermedades cardiovasculares, unos 7 millones de personas fallecieron por una cardiopatía isquémica. El ataque cerebrovascular ocupa el segundo lugar de estas causas provocando la muerte de más de 6 millones de personas.

Las infecciones en las vías respiratorias se encuentran en el tercer lugar de la lista provocando más de tres millones de muertes. La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC, que hace referencia al grupo de enfermedades que causan obstrucción de la circulación del aire y generan problemas relacionados con la respiración, como el enfisema, la bronquitis crónica y, en algunos casos, el asma, es otra de estas causas.

En los países más ricos, más de las dos terceras partes de la población viven más de 70 años y mueren de enfermedades crónicas: enfermedad cardiovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cáncer, diabetes o demencia. La infección pulmonar sigue siendo la principal causa infecciosa de muerte. En los países medianamente ricos, casi la mitad de la población vive a los 70 años de edad y las enfermedades crónicas son las principales causas de muerte. Sin embargo el SIDA, las complicaciones del embarazo y del parto y los accidentes de tránsito son causas importantes de muerte.

En los países pobres, menos de la cuarta parte de la población llega a los 70 años de edad y casi un tercio de todas las muertes se dan en niños menores de 14 años. Aunque las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte, las enfermedades infecciosas –  como el SIDA, las infecciones pulmonares, la tuberculosis, las enfermedades diarreicas y la malaria – son causas de muerte muy frecuentes.

 En este grupo de países las complicaciones del embarazo y del parto siguen siendo causas importantes de muerte tanto entre los niños como entre las mujeres.

Alrededor de 1 de cada 6 personas, es decir un 15% aproximadamente, viven en los países más ricos, principalmente EE.UU. y Europa. Pero solamente el 7% de todas las muertes anuales de todo el mundo tienen lugar en los países más ricos. La falta de agua potable en muchos países del tercer mundo provoca que las enfermedades vinculadas a dicha carencia, como las diarreicas, sean mortales y causen el fallecimiento de casi dos millones de personas al año.

El SIDA continúa ocupando un lugar importante en esta lista, causando la muerte de más de un millón y medio de personas al año. Los casos de cáncer de tráquea, de bronquios y de pulmón causaron en 2011 un millón y medio de muertes.

La diabetes mellitus irrumpe en esta lista, de la que ha salido la tuberculosis, provocando en 2011 la muerte de 1,4 millones de personas en todo el mundo. Los accidentes de tránsito también se encuentran en esta lista como una de las principales causas de muerte.

Las complicaciones provocadas por un parto prematuro y la asfixia al nacer, que en 2011 provocó la muerte de 1,2 millones de niños se encuentra en el último lugar de la lista.

Del análisis del documento se infiere que las causas actuales han cambiado el panorama mundial. Separando las causas entre países de alto, mediano y bajos ingresos se desprenden varias cosas:  
Un dato destacable  es que el 99% de los menores de edad que fallecen en el mundo viven en los países más pobres.

 A su vez,  es claro  que nacer y crecer en naciones sin servicios sanitarios adecuados es peligroso, además tampoco se debe olvidar que todas las otras causas de muerte en esos países afectan fuertemente a los niños.

El otro dato que llama la atención al revisar la tabla es que el tan temido cáncer sólo aparece entre las 10 principales causas de muerte en los países de altos ingresos. Se infiere que para tener cáncer hay que vivir lo suficiente. “En los países más pobres, la expectativa de vida es a veces de menos de 50 años, así que la probabilidad es que no vivan el tiempo necesario para desarrollar cáncer. Las otras enfermedades infecciosas se le adelantan, como el SIDA o la tuberculosis".

También las demencias son más frecuentes en los países de mayores ingresos. Como es sabido en todos los grupos, el corazón parece ser el órgano más débil. Sin duda alguna, eso tiene que ver “con el estilo de vida: comida basura, falta de ejercicio, alcohol, cigarrillos, etc.”, ya que estos hábitos siempre afectan, “donde quiera que uno viva".
Indudablemente estos datos y consideraciones guiarán los planes de acción de los gobiernos en los años venideros. Para realizar acciones eficaces y efectivas en salud primero hay que tener el diagnóstico
.

jueves, 16 de enero de 2014

El fumador pasivo







A comienzos del siglo XXI el tabaquismo continúa siendo la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo. 

Si fumas, seguro que ya sabes que el tabaco amenaza seriamente tu salud y tu vida, bien por experiencia propia o porque las advertencias impresas en cada paquete de cigarrillo que compras se encargan de recordártelo.
El tabaco es una droga legal y socialmente aceptada, altamente venenosa y adictiva, a la que se tiene un primer acceso en la infancia y que en nuestro país se presume es consumida por más de un tercio de toda la población. 

El tabaco en nuestro país es el responsable directo de hasta 9 de cada 10 casos de enfermedades respiratorias crónicas y cánceres de pulmón, de casi la mitad de algunas de las enfermedades cardiocirculatorias y de 1 de cada 6 de todas las muertes. En todo el mundo muere una persona cada 9 segundos a consecuencia del tabaco.

Se puede consumir el cigarrillo en forma directa e inhalar el humo (fumador activo) o inhalar el humo que queda residualmente  en las habitaciones (fumador pasivo).

Fumador pasivo es aquel sujeto que, pese a no consumir directamente productos provenientes de las labores del tabaco, aspira las sustancias tóxicas y cancerígenas provenientes de su combustión y propagadas por el humo que desprende la misma. Numerosos estudios alertando de los peligros para la salud de este tipo de consumo pasivo han llevado a algunas autoridades a prohibir el consumo público de tabaco para proteger a las personas de los efectos del humo ambiental de los cigarrillos. Los efectos en la salud por la exposición al humo del tabaco incluyen cáncer de pulmón, cáncer de los senos paranasales, infecciones de las vías respiratorias y enfermedades cardíacas. 

No existe una cantidad sana de inhalación pasiva. Los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y las personas con problemas respiratorios o cardíacos deben tener especial cuidado.
Los fumadores pasivos  consumen involuntaria y peligrosamente, como media, el equivalente a una cantidad que va de tres a seis cigarrillos diarios, pero de un humo aún peor que el que inhala directamente el fumador con la pitada.

El humo ambiental del tabaco provoca el llamado "tabaquismo pasivo", el humo suspendido puede durar en el ambiente más de dos horas.

Se ha demostrado que el llamado humo de segunda mano (que en el caso de cigarros de tabaco es una mezcla de  los humos liberados por el cigarro durante su combustión y el humo exhalado por los fumadores) produce los mismos efectos que la inhalación directa del humo de tabaco en los fumadores, incluyendo enfermedades cardiovasculares, cáncer de pulmón, bronquitis y ataques de asma.

Las concentraciones de sustancias tan tóxicas como el monóxido de carbono y la nicotina, entre otras, son mayores en el humo ambiental que en el de la pitada (tres veces más nicotina y alquitrán, y cinco veces más monóxido de carbono). Esto se agrava con el hecho de que las partículas del humo ambiental son de más pequeño tamaño y se queman más lentamente, lo que además de producir más sustancias tóxicas, les permite introducirse en la nariz y la boca con mayor facilidad que las del humo inhalado directamente con la pitada. El resultado es que actúan de forma muy dañina y por mecanismos diferentes a los del humo que se traga el fumador con sus pitadas.

Así, se ha encontrado que las concentraciones de alquitrán y monóxido de carbono en fumadores pasivos son similares a los de un fumador de tabaco "normal" de cinco cigarrillos diarios.
Una persona que está ocho horas diarias en una habitación de 30 m2 en la que se fuman tres cigarrillos por hora aspira un humo equivalente al de dos o tres cigarrillos durante el total de ese tiempo.

Pese a que dichas concentraciones están influidas por la cantidad de fumadores activos y pasivos, el número de cigarrillos fumados por hora, y la ventilación de la habitación en la que se encuentran y sus dimensiones, temperatura y humedad, lo cierto es que el humo ambiental del tabaco puede producir graves enfermedades coronarias, cáncer de pulmón, crisis asmáticas y un mayor número de infecciones de las vías respiratorias, enfermedades a las que son más vulnerables los recién nacidos y los niños en general, las mujeres embarazadas y los enfermos crónicos, especialmente los que sufren enfermedades respiratorias.

El fumador pasivo sufre las enfermedades que el tabaco produce pero no se convierte en adicto. Esto se da porque, pese a las elevadas concentraciones de nicotina presentes en el humo ambiental, el fumador pasivo la absorbe en una proporción muchísimo menor que la persona fumadora. Esto limita las posibilidades de adicción y dependencia, junto con el hecho de que este humo que se "fuma" el fumador pasivo actúa por mecanismos diferentes que el aspirado por los "activos", que hacen que la nicotina no ejerza su influencia sobre el cerebro de forma inmediata, rapidez que, sin embargo, es necesaria para que se produzcan en el cerebro las reacciones que provocan la adicción. Al contrario que en los pasivos, en los fumadores activos la profunda pitada hace que la nicotina llegue al cerebro en sólo siete segundos.

Ningún sistema de ventilación está preparado para eliminar el humo. Su principal función es la de limitar la acumulación de CO2 que las personas exhalan y eliminar los olores. Un sistema de ventilación necesita al menos tres horas para eliminar el 95% del humo de un solo cigarrillo… y el 5% que queda es todavía nocivo. Airear una habitación no hará más que diluir el humo sin volver el aire más sano, dado que no existe un nivel de seguridad conocido de exposición a los cancerígenos.

Sólo existe una forma eficaz de eliminar el humo de tabaco del aire en lugares cerrados: suprimir la fuente de contaminación.
 
Qué hacer frente al tabaquismo pasivo

Si fumas, tienes que ser consciente de los problemas que puedes ocasionar a las personas que te rodean. Antes de encender un cigarro, evalúa si hay personas especialmente sensibles a los efectos del humo del cigarrillo. Nunca fumes delante de niños o mujeres embarazadas. En lugares públicos, sólo fuma en áreas habilitadas para ello. Además, siempre que te sea posible, fuma en espacios abiertos o al aire libre y crea en tu casa zonas “libres de humo”, así también reducirás el número de cigarrillos que fumas.

Si no fumas, frecuenta siempre los establecimientos libres de humo y las zonas de no fumadores. Es un mito que los restaurantes para no fumadores ganan menos que los que permiten fumar. Si alguien fuma a tu alrededor, explícale educadamente que no quieres inhalar el humo que está generando su cigarro.

Autor: Dr. Eduardo Tassano
Máster en Gerenciamiento y Sistemas de Salud
Especial para Época.




jueves, 9 de enero de 2014

Accidentes de tránsito, una enfermedad creciente



El tránsito es un sistema que lo hacemos entre todos. En él interdependemos unos de otros. Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes de tránsito.
Más de 25  personas mueren por día; hay aproximadamente 10.000 víctimas fatales por año y unos 150 mil heridos de distintos grados y miles de discapacitados. Las pérdidas económicas ocasionadas por el tránsito caótico y los accidentes de tránsito superan fácilmente los US$10.000 millones anuales.
Pero no se trata de números, sino de vidas humanas. De hombres, mujeres, jóvenes y niños, que vieron truncadas sus vidas a causa de un accidente de tránsito.

Los accidentes de tránsito en Argentina son la primera causa de muerte en menores de 35 años, y la tercera sobre la totalidad de los compatriotas.

Las cifras de muertos son elevadísimas, comparadas con las de otros países, llegando a tener 8 o 10 veces más víctimas fatales que en la mayoría de los países desarrollados, en relación al número de vehículos circulantes.

Hablando de causas...
No corra: es común ver autos, camiones, colectivos y camionetas que circulan junto a iguales, por calles y rutas, con y sin baches, y no por pistas profesionales, circulando a altas velocidades.
En efecto, la velocidad es una de las causas principales de muerte por accidentes de tránsito. Muchos argentinos consideran que no van rápido a 120 Km/h, cuando a más de 90 Km/h un vehículo es cada vez menos gobernable, aumentando así el peligro de muerte de sus ocupantes. Tal vez, muchos estarían vivos de haberse percatado antes de este detalle. A mayor velocidad, mayor es la distancia que se necesita para detener el vehículo; más graves serán las consecuencias ante cualquier falla mecánica, el reventón de un neumático, una mala maniobra del conductor o cualquier imprevisto que se presente en el camino.
La noche, la lluvia y la niebla son causas fundamentales para que deba disminuirse, aún más, la velocidad.

Respete los semáforos: cuando estamos detenidos en un semáforo y se nos da la luz verde, nunca olvidarse de controlar que no venga alguien antes de arrancar. Uno de los mecanismos de choque más vistos es cuando el que se acerca a un semáforo en amarillo acelera para aprovechar las últimas décimas, y un vehículo en la otra calle arranca en el momento en que ve la verde.

Por el mismo mecanismo, cuando llegamos a un semáforo en verde y nos sorprende la amarilla o la roja, no acelerar. Nunca. Aún los que deciden pasar en rojo tienen menos posibilidades de chocar si lo hacen bajando la velocidad que si llegan acelerando.

No alcohol: si conduce, por favor no beba. Otra causa fundamental de mortalidad en accidentes de tránsito es atribuible a las bebidas alcohólicas. Los impedidos para manejar no sólo son los "borrachos": un sólo vaso de vino, cerveza o whisky, limita la capacidad de conducción, ya que produce una alteración de los reflejos para conducir.

Las bebidas alcohólicas hacen que las respuestas y las maniobras, ante cualquier eventualidad de la ruta, o la calle, sean torpes y lentas. Embota los sentidos disminuyendo la capacidad de atención normal; genera una falsa sensación de seguridad que predispone a excesos de velocidad y a todo tipo de violaciones a las normas de seguridad en el tránsito. Más del 50% de los fallecidos en accidentes tienen niveles de alcoholemia alta.

Trate de viajar de día: si viaja de noche se multiplican por tres las posibilidades de tener accidentes. El sueño es inevitable y, en el mejor de los casos, disminuyen  considerablemente los reflejos y la capacidad de reacción. Salvo que el chofer trabaje de noche, el ritmo biológico está alterado.
 Además, todo es peor si el chofer está cansado y ha bebido alcohol. Y a esto debemos sumarle la monotonía del paisaje, la menor visibilidad, sólo en blanco y negro; animales que se cruzan, autos sin luces reglamentarias, y los encandilamientos. 
Siempre utilice el cinturón de seguridad: es el mejor aliado de los que van en el vehículo. Con su uso generalizado, disminuiría en un 60 por ciento aproximadamente la muerte de los ocupantes de los vehículos accidentados. Inclusive en la ciudad, a poca velocidad, evita la muerte o lesiones graves.
Los niños atrás: siempre deben ir en los asientos traseros, ajustados con el cinturón de seguridad y en sus sillas especiales si son pequeños. No hay control en los asientos delanteros o en brazos del acompañante o peor aún del chofer.
Habrá que evitar, además, llevar objetos o juguetes pesados o punzantes que puedan dañar a cualquiera de los ocupantes en caso de accidente. Ante el impacto los pequeños objetos pueden salir lanzados como proyectiles sumamente peligrosos.
Revise periódicamente los frenos: el deterioro del sistema de frenos suele pasar desapercibido para el conductor, porque es un proceso gradual al que uno se acostumbra. 

Por eso es útil revisarlo periódicamente, aunque no existan problemas aparentes.
¿Qué pasa con los ciclistas? Sería ideal que tengan luces, elementos reflectantes, casco protector. Los dos primeros hacen que de noche sean vistos en la ruta o calle; la ausencia de los mismos puede ser causa de muerte. Muchos de ellos circulan por las calles de contramano con la excusa de que ellos ven mejor a los autos, sin tener en cuenta la dificultad de verlos a ellos, y así más de uno terminó arrollado por un vehículo. En los países desarrollados existen sendas para ciclistas. En Argentina muchas ciudades ya están incrementando el número de bicisendas.

Motociclistas y ciclomotoristas: constituyen un grupo de mayor riesgo aún, ocasionado por el exceso de velocidad, la falta de uso del casco protector (la mayoría de las veces se los lleva colgando del brazo), la falta de respeto a las señales de tránsito (semáforos, contramano) y las imprudencias. Y no hay que olvidarse que afecta, principalmente, a adolescentes y jóvenes.

Los más desprotegidos son los peatones: en Argentina no se les otorga prioridad de paso ni en esquinas ni sendas peatonales. Y ellos mismos son la causa de su propia muerte al no respetar las reglas básicas de tránsito como, por ejemplo, cruzar por las esquinas con la señal del semáforo a favor. Se trata de respetar y hacer respetar los propios derechos, sin olvidar que todos, en algún momento, se convierten en peatones. Por eso, aún en las esquinas y sendas sin semáforos, los peatones tienen prioridad de paso.

La infraestructura debe acompañar y el rol de las autoridades es fundamental:

es cierto que el Estado y las autoridades tienen, en todas estas muertes, gran responsabilidad pues muchas rutas y calles no están en buen estado, ni correctamente señalizadas.

Tenemos vigente una nueva ley de tránsito y seguridad vial, Ley 24.449, pero su vigencia es en gran parte teórica, y debe tener vigencia real en calles y rutas. Los controles son escasos y poco efectivos. La mayoría de la población no conoce ni los test de alcoholemia, ni controles de velocidad o uso de cinturones de seguridad o cascos.

También es cierto que el otorgamiento de las licencias para conducir no se hace con responsabilidad, ni con la suficiente preparación y que todavía no funcionan los controles generalizados sobre el estado de seguridad de los vehículos.

Otro tema pendiente es la falta de  Educación Vial en las escuelas argentinas. Para mí el elemento más importante a mediano y largo plazo.

No es un tema del municipio exclusivamente, la tarea es multidisciplinaria pero a partir de trabajar el tema como política de Estado coincidiendo todos los estamentos correspondientes, quizá ahí recién empecemos a ver la luz. Por ahora los accidentes de tránsito son una epidemia sin freno.
 
 (*) Autor: Eduardo Tassano
(*) Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud. Especial para época

jueves, 2 de enero de 2014

Hipertensión arterial en jóvenes




Se trata de una enfermedad considerada más frecuentemente en los adultos mayores de 40 años. Sin embargo esta patología se presenta a edades cada vez menores. Se estima que 10 por ciento de los jóvenes de la población mundial la padecen. El porcentaje se aplica tanto al segmento entre 20 a 30 años como para los adolescentes. 


Por consenso se define HTA como el hallazgo persistente de valores de presión arterial sistólica iguales o superiores a 140 mmHg o de presión diastólica iguales o superiores a 90 mmHg. No obstante en general se buscan los valores de 120/80 o la presión más baja que puede tolerar la persona.

En la gran mayoría (90-95%) de los casos, la causa de la hipertensión es desconocida y a ellas se les conoce como “Hipertensión Primaria o Hipertensión Esencial”. Y en el 5 -10% de los pacientes hipertensos se identifica una causa, denominándose a este tipo  “Hipertensión Secundaria”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la hipertensión como un mal silencioso, que afecta a grandes y a chicos y que puede no presentar síntomas durante años. Ocurre cuando aumenta la presión dentro de las arterias, lo que la convierte en factor de riesgo de accidentes cerebrovasculares, insuficiencias cardíacas, infartos y lesiones en el riñón.

 Como decíamos, existen dos tipos de hipertensión: la esencial o primaria y la secundaria.
La esencial: es la que padece el 90 por ciento de los hipertensos. Tal como lo expresáramos la causa de su aparición es desconocida y puede ser ocasionada por dietas hipersaladas, obesidad, sedentarismo o tendencia genética.

La secundaria: afecta al 10 por ciento de los hipertensos. Aparece como consecuencia de una enfermedad previa como lesiones renales o alteraciones hormonales, entre otras, y es probable que desaparezca cuando se cura la enfermedad.

En todos los casos, la presión alta está relacionada con los daños de los llamados órganos blancos: arterias, riñón y cerebro.

Las condiciones de vida de este grupo etario (jóvenes) lo deja bastante mal parado frente a este escenario, fundamentalmente porque la patología  normalmente es asintomática, pero no por eso inocua. Los jóvenes no suelen controlarla ni acudir a consultas médicas periódicas, lo cual imposibilita la detección temprana. El consumo de alcohol en exceso es parte del hábito de muchos, además del tabaquismo, los cuales, de la mano de una dieta inadecuada y el sedentarismo, son factores predisponentes  de altísimo impacto.

En estas circunstancias pueden tener su presión sanguínea elevada durante muchos años antes de que sea detectada y reciba tratamiento. Así es cuanto más tiempo se pasa sin tratamiento se produce un mayor daño. Por lo que un joven puede estar 15 a 20 años hasta que se diagnostique.

Los expertos coinciden en que, cuando la hipertensión se detecta precozmente, es posible equilibrarla modificando hábitos y hasta se puede revertir en el 90 por ciento de los casos. Pero después de que se estableció en forma permanente la medicación suele ser la única alternativa.

La hipertensión arterial adopta diferentes características entre las personas de mayor o menor edad pero su comportamiento en cuanto al daño orgánico y riesgo cardiovascular es el mismo, por lo que diagnosticarla y tratarla es un asunto de vital importancia independientemente de la edad.

Hasta hace no muchos años se consideraba que la hipertensión en jóvenes estaba asociada a causas de hipertensión secundaria. Es decir causas relacionadas con las enfermedades de las suprarrenales, renales, y en mujeres los anticonceptivos.
Sin embargo, no es la hipertensión secundaria la que ha aumentado sino la hipertensión primaria o esencial. En un estudio del Instituto del Corazón, Pulmón y Sangre de los Estados Unidos publicado en 2010 se encontró que la cantidad de personas jóvenes con hipertensión arterial se había duplicado en un lapso de veinte años, y que entre los hipertensos el 20% eran adolescentes.

Una ventaja de los jóvenes es que tienen más posibilidades de reducir hasta casi hacer desaparecer los riesgos asociados a la hipertensión con un buen control médico y cambiando algunos hábitos de vida. No obstante, modificar conductas no es tan sencillo en especial cuando el paciente ignora su condición. Durante el Programa de Detección Precoz de Hipertensión Arterial en la Comunidad, realizado en el Hospital Pirovano de la Ciudad de Buenos Aires, se halló que las personas jóvenes carecían en general de conductas de prevención relacionadas con su salud y no se medían la presión arterial con la frecuencia necesaria, el 25% hacía más de tres años que no se controlaba; más de la mitad de las personas a quienes se diagnosticó hipertensión tenía menos de 40 años de edad.

En los adolescentes y jóvenes los médicos no deben omitir el control de la presión arterial. Esta rutina hará que el diagnóstico sea mejorado con aumento importante de la detección. 

El estilo moderno de vida tiene relación directa con esta epidemia, así el aumento de la obesidad en los jóvenes, más la "comida chatarra", que llena de grasa las arterias, y el sedentarismo caracterizado por las horas ante el televisor y la disminución de la actividad física ayudan a que suba la presión.

 Los casos de hipertensión en jóvenes pueden ser controlados perfectamente sin medicación. Sin dudas nada reemplaza a la actividad física. Paradojalmente hay preocupación en muchos países por la disminución del interés de los jóvenes en las clases de educación física y por la merma en el interés en practicar deportes.
La búsqueda y tratamientos principales son orientados a los tratamientos de la hipertensión esencial. Cuando hay resistencia al tratamiento es recomendable iniciar todos los estudios para detectar hipertensión secundaria, ya que en general si hay causa y se corrige, se corrige la hipertensión arterial.
¿Cuáles son los tipos de hipertensión secundaria?

a) Hipertensión renovascular: ante una obstrucción de la arteria renal, lo que no permite un adecuado flujo de sangre del riñón.

b) Hipertensión nefrógena: se origina por daños en el tejido renal. Por una infección crónica.

c) Enfermedades endocrinas: un tumor en las glándulas suprarrenales o la tiroides entre otras.

d) Otras causas: coartación de aorta, adicciones, etc.

El clínico debe sospechar hipertensión secundaria ante la siguiente situación: presión arterial no controlada con un tratamiento correctamente cumplido con 3 fármacos antihipertensivos, incluyendo un diurético en cualquiera de las recomendaciones. De igual modo la sospecha irá orientada en pacientes  jóvenes con HTA moderada o grave desde el comienzo del cuadro de hipertensión; o jóvenes con HTA refractaria al tratamiento; o jóvenes con complicaciones derivadas de la HTA.     
      
 Históricamente en jóvenes se piensa en hipertensión secundaria pero como decíamos la hipertensión esencial es la que está rompiendo todos los récords.

Planes educativos con valorización extrema de las clases de educación física, programas comunitarios de promoción del deporte en los barrios, promoción del deporte federado con estímulo a la creación de infraestructura deportiva, ciudades que predispongan a la actividad física, espacios al aire libre, sendas para peatones, bicisendas, promoción de la actividad física en los ámbitos laborales son algunas de las medidas que pueden estimular a nuestra sociedad a mejorar los hábitos y disminuir la incidencia de estas enfermedades, que tanto inciden en la calidad y cantidad de vida de todos.  

Autor: Eduardo Tassano
Fuente: Máster en Gerenciamiento en Servicios de Salud