OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano

jueves, 4 de julio de 2013

¿Qué es la insuficiencia cardíaca?



El sistema circulatorio está constituido por el corazón que impulsa la sangre y funciona efectivamente como una bomba muscular que con su ritmo y su contracción cumple su función de “proveedor” de sangre para todo el organismo. Además, el sistema circulatorio está constituido por las arterias y las venas
Las arterias llevan la sangre a los tejidos de todo el organismo, donde las células la utilizan, luego la sangre que queda y los residuos vuelven al corazón por las venas, para seguir circulando. En ese circuito sin fin el cerebro, hígado, pulmones y riñones cumplen sus funciones correspondientes.
 
La parte izquierda del corazón (ventrículo izquierdo) es la encargada de impulsar la sangre arterial, para que ésta llegue a todas las partes de nuestro cuerpo.
 
Por otra parte, la sangre arterial transporta los nutrientes y el oxígeno, esenciales para el correcto funcionamiento de todo nuestro organismo, especialmente de nuestros órganos vitales (corazón, cerebro, riñón, hígado).
 
Desde los distintos órganos, la sangre con menor cantidad de oxígeno (sangre venosa) continúa su camino por las venas y se dirige a la parte derecha del corazón (ventrículo derecho). De allí es bombeada a los pulmones, donde la sangre se oxigena, y se elimina el dióxido de carbono.
 
De los pulmones, la sangre pasa a la parte izquierda del corazón (ventrículo izquierdo), que al contraerse manda de nuevo la sangre ya oxigenada a todas las partes del cuerpo.
 
La insuficiencia cardíaca (IC), falla cardíaca, o fallo cardíaco es una enfermedad en la que el corazón no puede realizar con normalidad su función de bombear la sangre, tanto  permaneciendo en reposo, como cuando el paciente realiza algún esfuerzo. Este funcionamiento inadecuado puede tener su origen en causas muy diversas.
 
Esa bomba muscular, como todo musculo, puede sufrir daños en parte de su estructura, siendo estos, daños parciales o globales.

Muchas noxas y agentes pueden atacar al corazón, así tenemos múltiples causas de lo que se denominan enfermedades del miocardio o miocardiopatías, que pueden dañar al músculo o partes del corazón como sus válvulas. 
 
Si nuestro corazón no puede bombear la sangre adecuadamente, ésta se acumula en ciertas partes de nuestro cuerpo (piernas y pulmones). Al mismo tiempo, otros órganos como el cerebro o los riñones reciben menor cantidad de sangre de lo normal, por lo que funcionan peor.
 
Estas situaciones son las que provocan los síntomas, ya que al acumularse sangre en los pulmones estos están “más pesados y húmedos”, lo que dificulta la oxigenación de la sangre, provocando que el paciente sienta “falta de aire” y eso es lo que refiere. Este es el principal síntoma y el más frecuente.
 
Si los líquidos se acumulan en las piernas, estas se “hinchan” y se produce lo que se llaman edemas. Además, como el corazón no bombea adecuadamente, los tejidos reciben menos oxígeno y nutrientes, haciendo que sienta más debilidad y por ello al hacer cosas, la fatiga y el cansancio se producen más rápido.
 
La insuficiencia cardíaca es una enfermedad grave. Hoy en día es más mortal que el cáncer, aunque con el tratamiento adecuado se pueden disminuir de forma notable los síntomas y enlentecer el deterioro progresivo del corazón.
 
En la práctica clínica, de acuerdo a la actividad física que se puede realizar se clasifica la insuficiencia cardiaca en clases:  
Clase I: Es posible la actividad física habitual sin síntomas.
 
Clase II: Sin síntomas en reposo, pero en la actividad física o habitual provoca síntomas (disnea o falta de aire, fatiga).
Clase III: Acentuada limitación de la actividad física. Los síntomas son desencadenados por actividad física menos intensa de la habitual.    
Clase IV: Hay síntomas en reposo.
 
En Argentina no hay datos definitivos, ya que adolecemos del clásico inconveniente de los registros por lo que nuestras estadísticas que utilizamos son de otros países.
 
La incidencia de la insuficiencia cardíaca (nombre de casos diagnosticado por año y unidad de población) se estima en un 3,5%, aumentando de manera clara con la edad de la población. Entre 45 y 54 años la incidencia es del 2%, entre los 65 y 74 años llega al 7% y en poblaciones de más de 85 años puede superar el 70%. (Según el estudio Framingham, en Estados Unidos, durante un seguimiento de 34 años). De todas maneras, parece que en estimaciones menos rígidas, la incidencia sería mayor.
 
La insuficiencia cardíaca es una condición común, costosa, incapacitante y potencialmente mortal. En los países desarrollados es la principal causa de hospitalización en personas mayores de 65 años.
 
Sobre todo, debido a los costos de hospitalización, la IC se asocia con un alto gasto en salud, los costos se han estimado en el 2% del presupuesto total del Servicio Nacional de Salud en el Reino Unido, y más de $35 mil millones en los Estados Unidos. La insuficiencia cardiaca se asocia con una significativa reducción de la actividad física y mental, resultando en una calidad de vida notablemente disminuida, con la excepción, de la insuficiencia cardíaca causada por condiciones reversibles, en el que el trastorno por lo general empeora con el paso del tiempo. 
 
Aunque algunas personas sobreviven durante muchos años, la progresión de la enfermedad de la insuficiencia cardiaca se asocia con una tasa de mortalidad general anual del 10%.
 
En el mundo occidental la causa más importante de insuficiencia cardíaca es la hipertensión arterial (HTA) y la enfermedad coronaria (infartos de corazón). En otras poblaciones, como en el tercer mundo, las causas más frecuentes se desvían hacia las valvulopatías reumáticas y las miocardiopatías infecciosas, como ejemplo de esto tenemos en nuestro país la enfermedad de Chagas.
 
Este análisis de las causas nos lleva a enfatizar la importancia de controlar los factores que favorecen el desarrollo de enfermedades como los infartos de corazón y los fallos cardiacos por hipertensión arterial crónica. El control de peso, la actividad física habitual, el no rotundo al tabaquismo, el control de la diabetes y el cumplimiento sencillo que tiene el tratamiento de la hipertensión arterial con la consecuente disminución de infartos y complicaciones por la hipertensión arterial pueden cambiar drásticamente los altos valores de insuficiencia cardiaca que poseemos actualmente.
Autor: Eduardo Tassano-Máster en Gerenciamiento en sistemas y servicios de salud.
 


 

jueves, 27 de junio de 2013

Envejecimiento saludable: nuevo desafío para la salud









La humanidad está viviendo una nueva revolución demográfica. En la medida que la esperanza de vida de la población se prolonga en forma creciente y sostenida surgen nuevos interrogantes económicos políticos y éticos que los gobiernos deben atender.

En primer lugar debemos aclarar que no está claramente definido a qué edad se es viejo. Es notable la diferencia entre las personas y no todos se vuelven viejos a la misma edad. Incluso sabemos que la edad de la vejez ha ido cambiando con el tiempo, en el siglo XVI era a los 30 años versus los 65 años que se considera en el año 2000 y los 75 que será en el 2050.  Esto implica un aumento del número de personas de esta edad. 

El otro elemento significativo es que hasta el siglo XIX las personas morían jóvenes. Al prolongarse la vida aparecieron las enfermedades crónicas. Hoy tenemos muchas personas con discapacidades o tratamientos crónicos. Este es un elemento para análisis y planificación. El otro hecho destacable es que hay una prolongación evidente en el intervalo del fin del ciclo laboral y el comienzo de la vejez. 

Así, “personas  mayores” termina siendo un término impreciso y manipulable, ¿mayores de qué? ¿de 60 años, de 70 años, de los hijos de 70 años con los padres de 95?  Decir “los mayores de…. no son tenidos en cuenta” es muy impreciso. Con esto queremos decir que agrupar estas personas puede ser falso y englobar personas muy diferentes con pocas cosas en común.

Sin dudas que la sociedad nos reclama hoy que entendamos y promovamos lo que se llama el envejecimiento saludable. Debemos refinar y definir las estrategias que estimulen un envejecimiento saludable y activo.  

A pesar de los enormes progresos médicos logrados en las últimas décadas, sigue dándose el hecho de que los últimos años de vida aún conllevan una salud y una discapacidad que empeoran con los años. El factor clave del envejecimiento saludable es la capacidad de conservar una vida independiente durante el mayor tiempo posible. Los programas eficaces de fomento del envejecimiento saludable y de prevención de las discapacidades entre las personas mayores darán como resultado una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y sociales, y mejorarán la calidad de vida de las personas mayores pues les permitirán seguir siendo independientes y productivas.

Las perspectivas en cuanto al aumento de las cifras y proporciones de personas de la tercera edad son impresionantes. Entre los años 2000 y 2050, la proporción mundial de personas de más de 65 años se espera que alcance más del doble de la actual: del 6,9% al 16,4%. La proporción de personas muy mayores (aquéllas mayores de 79 años) aumentará durante este período del 1,9% al 4,2%. La población de personas centenarias en 2050 será 16 veces mayor que en 1998 (2,2 millones frente a 135.000).

El envejecimiento está caracterizado por un deterioro general de la competencia fisiológica y una pérdida de la reserva funcional, precipitados por una menor capacidad para responder a situaciones de estrés. Hay una gran variedad en el proceso de envejecimiento de cada persona y, a menudo, es difícil discernir los procesos patológicos del deterioro fisiológico relacionado con el envejecimiento. 

El envejecimiento de sistemas de órganos específicos sí se ha descrito. Estas pérdidas pueden tener graves consecuencias psicológicas para las personas que las sufren y pueden agravarse con otros síntomas más generales como la falta de energía, un debilitamiento generalizado, dificultad para concentrarse, mala memoria, irritabilidad y trastornos del sueño.    
El proceso de envejecimiento está muy influenciado por los efectos de lo que rodea a una persona, del estilo de vida y de las enfermedades, que, a su vez, están relacionados con el envejecimiento o cambian por su causa pero que no se deben al envejecimiento en sí. Es difícil separar en la práctica lo que es envejecimiento normal o fisiológico de los que es envejecimiento patológico.

Lo que se busca hoy día está relacionado con el concepto de OMS que dice: El envejecimiento activo implica al “proceso de hacerse mayor sin envejecer mediante el desarrollo continuado de actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida”.

Esto, fácil de decir, es difícil que se dé en los países de menores ingresos, especialmente en los de vías de desarrollo. La tercera edad vendrá acompañada de enfermedades y discapacidades crónicas, el resultado de menor asistencia sanitaria o más pobreza.  

Hoy, la Salud pública incluye las consecuencias sobre la salud que producen la rápida urbanización, los cambios demográficos, la globalización de las relaciones económicas, sociales y culturales, y los cambios medioambientales mundiales provocados por el hombre. Todos estos factores afectan al estado de salud del hombre al envejecer. El enfoque de la salud pública para mejorar la salud del hombre que envejece debe estudiar todos estos asuntos así como los clásicos estudios de las enfermedades. 

Tanto la salud como el envejecimiento son consecuencias sociales y culturales además de estar determinados biológicamente. Existen tres fuentes básicas para las diferencias en el envejecimiento saludable: los determinantes hereditarios, las circunstancias socioeconómicas y el estilo de vida. Los factores culturales y políticos también influyen en la salud del hombre al envejecer.

Además  de las enfermedades crónicas no transmisibles (cardiovasculares, cáncer, Epoc y diabetes) que son prevalentes en la tercera edad, cobran una dimensión especial las enfermedades de salud mental, como la demencia senil o la depresión. 
El otro aspecto a tener en cuenta son las discapacidades. Es decir la imposibilidad de realizar las actividades de una persona en el entorno en que se encuentra. Se suele medir con cuestionarios personales sobre la dificultad que uno encuentra para llevar a cabo varias actividades, como andar, ir a comprar, cocinar y cuidarse. 
En las poblaciones mayores, la progresión de discapacidades graves es una preocupación importante para la salud pública pues las discapacidades implican tratamientos y soluciones que deben planificarse para que estén al alcance de todos.  

Envejecimiento saludable y activo debe ser objetivo de todos y política de estado. Por ello: ¡más actividades físicas, culturales y sociales para nuestros mayores!

Autor: Eduardo Tassano Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud Especial para época

jueves, 20 de junio de 2013

Hipertensión arterial: complicaciones





Se trata de una enfermedad crónica caracterizada por un incremento continuo de las cifras de la presión sanguínea en las arterias. Se la asocia a tasas de muerte considerablemente elevadas.La tensión arterial se toma en general en arterias del brazo y se valora la presión máxima o sistólica y la mínima o diastólica. Aunque no hay un límite estricto que permita definir el valor, se considera que  una presión máxima sostenida por encima de 139 mm hg o una presión mínima sostenida mayor de 89 mm hg están asociadas con un daño real al organismo.

La hipertensión arterial (HTA) se asocia a tasas de enfermedad y muerte considerablemente elevadas, por lo que se considera uno de los problemas más importantes de salud pública en el mundo. La hipertensión es una enfermedad donde por mucho tiempo nada se siente. No obstante es fácil de detectar; y si no se trata causa complicaciones graves y letales. La hipertensión crónica es el factor de riesgo modificable más importante para desarrollar enfermedades cardiovasculares, así como para la enfermedad cerebrovascular y renal. 

En el 90% de los casos la causa de la HTA es desconocida, por lo cual se denomina “hipertensión arterial esencial”, con una fuerte influencia hereditaria. Cuando se sabe la causa estamos ante lo que se llama hipertensión arterial secundaria, y esto se da entre el 5 y 10% de los casos. Al corregirse la causa se corrige la hipertensión arterial. 

El sistema circulatorio para su funcionamiento cuenta con el corazón que es la bomba muscular que, al latir, hace que se impulse la sangre a todo el organismo. El corazón “bombea” la sangre que es donde se transportan los glóbulos rojos, que llevan el oxígeno y otros nutrientes que son indispensables para las células y tejidos de todo el organismo. 

El daño inicial se da a nivel de las arterias que componen el sistema circulatorio. Las arterias de todo el organismo tienen tres capas en su composición, la íntima, la media y la capa externa. La capa íntima es la que está en contacto con la sangre y consta de una lámina muy delicada y suave para permitir que la sangre circule sin inconvenientes. Esa lámina se llama endotelio y sus células tienen una vida muy activa que contribuyen al normal funcionamiento del mismo.

 En la hipertensión arterial esto se altera y el endotelio funciona mal y esto es el comienzo del daño arterial que luego se extiende a la capa media. Este mal funcionamiento está acompañado de vasoconstricción e inflamación del endotelio perdiéndose esa fina y delicada lámina que permitía la libre circulación. 

En la sangre circulan plaquetas y sustancias que al dañarse el vaso por dentro favorecen mecanismos de coagulación y en ese estado los vasos se tapan u obstruyen. Al interrumpirse el flujo de sangre deja de circular la sangre y deja de llegar oxígeno y nutrientes a los tejidos con el consecuente sufrimiento de los mismos. Ese sufrimiento se traduce en infartos o muerte de esos tejidos. Si eso tiene lugar en el corazón se llama infarto de corazón. 

Además, con el tiempo las arterias se van endureciendo llevando progresivamente a la aterosclerosis, siendo la hipertensión arterial uno de los factores más importantes. Este daño progresivo va afectando las arterias de todo el cuerpo, cerebro, corazón, riñones y se puede observar en las arterias del ojo que son fácilmente visualizables en un examen que se llama fondo de ojo.

La hipertensión arterial crónica no tratada causa con el tiempo complicaciones severas: los órganos cuya estructura y función se ven alterados a consecuencia de la hipertensión arterial no tratada o no controlada se denominan “órganos blanco” e incluyen el sistema nervioso central, arterias periféricas, corazón y riñones. La asociación entre la presión arterial y el riesgo de enfermedades del corazón, infarto agudo de miocardio, derrame cerebral y enfermedades renales es independiente de otros factores de riesgo. 

Por ejemplo, en individuos comprendidos entre las edades de 40 y 70 años de edad, cuando la presión arterial se eleva y partiendo de 115/75, cada incremente de 20 mm hg de la presión máxima o 10 mm hg de la presión mínima duplica el riesgo de aparición de alguna de estas enfermedades. 
Sistema nervioso central: la hipertensión arterial continua y no tratada puede causar un accidente cerebrovascular por formación de un trombo o “coagulo interno” o por la circulación de un embolo, uno u otro impiden el paso de sangre, al faltar el oxígeno, el tejido cerebral se infarta. 
 
Corazón: al elevarse la presión, el corazón debe “trabajar” contra una presión mayor del sistema circulatorio y esto hace que el mismo corazón que es una bomba muscular, se desarrolle como cualquier músculo. Ese desarrollo hacia el agrandamiento se llama hipertrofia y ahí comienzan las modificaciones de la forma del corazón. Con el tiempo esto puede devenir en una dilatación del mismo y pérdida de eficiencia en el trabajo del mismo, lo que es el comienzo de la insuficiencia cardiaca y que muestra un corazón dilatado o “corazón grande”. Por otra parte las arterias que llevan la sangre al corazón son las arterias coronarias, por el daño generalizado estas arterias también se dañan y con el tiempo se obstruyen y se puede producir un infarto del corazón. 

La enfermedad coronaria y la hipertrofia contribuyen a la dilatación del corazón y el final del camino es la insuficiencia cardiaca.

Riñones: la afección arterial generalizada también va afectando a la circulación del riñón. Con el tiempo el riñón va perdiendo sus aptitudes de funcionamiento llevando progresivamente a la insuficiencia renal crónica. 

La Organización Mundial de la Salud clasifica a la evolución de la hipertensión arterial en varios estadios, de acuerdo a la afección de órganos blanco. El estadio 1 es presión arterial alta sin afección de órgano blanco. El estadio 2 es cuando hay daños mínimos solo detectados por estudios o análisis. Sea una hipertrofia de corazón por electrocardiograma o ecocardiografía, una alteración de las arterias retinianas por fondo de ojo o alteración de los análisis de orina detectando alteraciones del funcionamiento renal. 

Estadio 3 es cuando ya hay afecciones como infarto de corazón o de cerebro o insuficiencia cardiaca o renal o se detectan alteraciones serias del fondo de ojo.

¡Evitemos llegar a estas complicaciones!  Promocionemos las dietas sin sal, la actividad física habitual y, por supuesto, tomar la medicación correspondiente.

Autor: Eduardo Tassano Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud Especial para época

jueves, 13 de junio de 2013

Accidentes de tránsito en los jóvenes




Resulta alarmante que más de la mitad de las muertes de adolescentes sean causadas por accidentes. Impacta comprobar que éstos provocan tantas secuelas o discapacidades a esa edad. Y deja un sabor amargo saber que la gran mayoría de estos siniestros podrían haberse evitado.


La adolescencia, es un periodo de búsqueda de la identidad, donde la mayoría de ellos sienten la necesidad de experimentar y probar distintas cosas. Muchos jóvenes empiezan a explorar nuevas experiencias, como el alcohol o las drogas, exponiéndose a situaciones más peligrosas.

El principal factor de riesgo de accidentes está dado por las características propias del adolescente. La impulsividad los lleva a actuar sin medir las consecuencias, tienen una baja percepción del riesgo, se sienten omnipotentes y creen que a ellos no les va a pasar nunca nada.

Jóvenes con una baja autoestima sienten la necesidad de ser los más "capaces" para validarse entre los amigos y se exponen a riesgos exagerados. También hay adictos a la adrenalina, que quieren experimentar los límites del peligro.
Los accidentes de tránsito aparecen como la primera causa mundial de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, según el Informe sobre la seguridad vial 2013 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe advierte que alrededor de 1,24 millones de personas mueren cada año por accidentes, y la mitad de los fallecidos son peatones, ciclistas y motociclistas.
A nivel general, los accidentes son la octava causa de muerte. Las tendencias actuales indican que si no se toman medidas urgentes se convertirán en 2030 en la quinta causa de muerte, según el informe. Este señala, que los países de ingresos medios sólo tienen la mitad de los vehículos existentes en el mundo y a pesar de eso sufren el 80 por ciento de las muertes por esta causa.

Medidas de prevención 

Dos grandes hechos a controlar: la ingesta de alcohol y la conducta en la conducción de automóviles, como todo lo que significa saber decir que “no” frente al consumo de drogas, indiferentemente de si fuera la más débil o la más poderosa. La tarea de prevenir es compartida entre los adolescentes y sus padres quienes tienen que fomentar conductas protectoras en sus hijos.
Los papás tienen un rol muy importante: Deben conversar con los jóvenes, acerca de los riesgos de accidentes, especialmente al consumir alcohol. También deben ser ejemplos de conducta - especialmente al volante -, pues son el primer modelo de sus hijos. 

Considerando que ya tiene permiso para conducir, antes de prestar el auto, los papás deben supervisar por un período de tiempo cómo manejan sus hijos, hasta que adquieran mayor experiencia y habilidad. En la medida que va mostrando responsabilidad, progresivamente se les pueden dar mayores permisos, como manejar de noche.

Es indispensable el uso permanente del cinturón de seguridad para el que maneja y los acompañantes, respetar los límites de velocidad y concentración (no se debe hablar por celular, comer, maquillarse, ni poner la música demasiado fuerte).
Es primordial el respeto por las normas del tránsito: El semáforo en rojo o el signo pare, siempre es detenerse y no, ver si viene algo para poder seguir.
Es importante designar anticipadamente a uno del grupo para que no ingiera alcohol y pueda manejar. Dejar claro que en caso de necesidad, es preferible que llamen a los padres para que los vayan a buscar o bien el uso de un taxi.

¿Qué hacer ante un caso de accidente de tránsito?

1) Rápidamente pedir ayuda a la gente que los rodea; llamar a un centro asistencial y agentes de tránsito o policía. 
2) Mientras llega la ambulancia, dar atención inmediata a heridas que estén más comprometidas. 
3) Uno de los mayores peligros de muerte en el sitio del accidente, y que puede solucionar una persona que no es experta, es la obstrucción de la vía aérea.
a) Sin movilizar mucho la cabeza - por el riesgo de lesión en la columna -, verificar que la persona respira. 
b) Retirar cualquier objeto que esté obstruyendo el paso del aire, tirar la lengua hacia afuera y, si vomita, ponerlo de lado.
4) Comprimir algún punto sangrante, con un pañuelo o paño limpio.
5) Abrigar al herido, pues la hipotermia o baja de temperatura también produce complicaciones. 
6) Los tiempos de llegada de la ambulancia son cada vez menores y es preferible esperarla para que el traslado del herido se haga en condiciones más seguras.

Conclusiones

Contamos con un conjunto cada vez mayor de datos científicos fiables, sobre las medidas que deben adoptarse para mejorar la seguridad vial. 
En los últimos años, la atención y el apoyo prestados a la seguridad vial no han dejado de crecer a nivel internacional, y también se ha constatado en algunos países un aumento de la voluntad política, como de la intervención activa en esta esfera. No obstante, queda muchísimo por hacer. Las principales recomendaciones para los gobiernos son:



 En la toma de decisiones sobre seguridad vial deben considerarse las necesidades de todos los usuarios de la vía pública, incluyendo las necesidades de los usuarios más vulnerables, motociclistas, peatones y niños.

Deben promulgarse leyes de amplio alcance, que brinden protección a todos los usuarios de la vía pública, estableciendo límites de velocidad y tasas máximas de alcoholemia apropiadas. También exigiendo la utilización de las oportunas medidas de protección, como la utilización del casco, del cinturón de seguridad o de dispositivos de retención para los niños. 

Es preciso, mejorar y asegurar el cumplimiento de todas las leyes sobre seguridad vial. .

Es primordial fomentar una colaboración multisectorial entre los organismos competentes y asegurar que éstos cuenten con los recursos humanos y financieros necesarios para actuar con eficacia.

Deben mejorarse los sistemas de registro y uniformar los datos a guardar. Esto implica mejorar las definiciones, asegurar una gestión más coordinada de los datos entre los servicios de policía, de transporte y de salud y aumentar las capacidades humanas para la recopilación de datos.

La experiencia de países desarrollados ha demostrado que se logra eficiencia en este tema cuando se realiza un trabajo multisectorial, con objetivos claros, considerando a la seguridad vial como una política de Estado, que va a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Una vez más podemos afirmar, que no existen las soluciones aisladas ni mágicas.

Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud Especial para época

jueves, 6 de junio de 2013

Alcoholismo, adolescencia y género



 Aún cuando suele considerarse a la juventud, como sinónimo de salud y bienestar, los jóvenes comprenden el 15% de la carga de morbilidad (incidencia de enfermedad) en todo el mundo y más de un millón mueren cada año, principalmente por causas que pueden ser prevenidas. 

El consumo de alcohol de manera constante, conocido como alcoholismo, es una de las causas más usuales de enfermedad y muerte del mundo. Se estima que contribuye en un 4% al riesgo global de muerte en el mundo, incluso por abajo del tabaquismo que contribuye con el 4,1%.
En la mayoría de los países latinoamericanos, el consumo de bebidas alcohólicas forma parte de la vida cotidiana, ya sea como un acto social o cultural. En los últimos años se observa además una tolerancia social para el consumo de alcohol riesgoso, sobre todo cuando el abuso está ligado a situaciones de diversión entre jóvenes de ambos sexos (masculino y femenino). Es decir que el número de adolescentes alcohólicos crece más cada día. El mayor inconveniente es que vivimos en una cultura permisiva con el alcohol, siendo notable el número de mujeres que consumen.

Lo más grave es el mito de que sin el alcohol no se disfruta igual lo que se hace; afirmaciones como: “Una fiesta sin bebidas alcohólicas es aburrida”, sólo perpetúan la falsa creencia de que el alcohol es el que nos permite disfrutar de la vida.

 Además de los efectos sociales de su consumo, la intoxicación alcohólica puede causar envenenamiento o incluso la muerte. El consumo intenso y prolongado origina en ocasiones dependencia, o un gran número de trastornos mentales, físicos y orgánicos.
Diferentes patrones de consumo de alcohol, la Organización Mundial de la Salud los clasifica en:

Consumo de riesgo: Es cuando aumenta el riesgo para el bebedor y los que lo rodean, sin que el individuo tenga trastornos.
Consumo perjudicial: Este se produce cuando ya existen consecuencias en  la salud física y mental del individuo provocando todo esto daños sociales.

Consumo dependiente: Se da cuando ya existen, en el individuo, un conjunto de fenómenos de conducta, mentales y fisiológicos que pueden aparecer después del consumo repetido de alcohol (dificultad para controlar el consumo, persistencia del mismo, aumento de la tolerancia al alcohol, abstinencia física, entre otros).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como el período de la vida en el cual el individuo adquiere la capacidad de reproducirse, transita en ese lapso de tiempo, de los patrones psicológicos de la niñez, a la adultez y consolida su independencia económica. Este Proceso se extiende desde los 10 y los 21 años de edad. Así pues, la adolescencia se caracteriza por cambios rápidos y drásticos en el desarrollo físico, mental  y emocional, que pueden provocar ambivalencias y contraindicaciones en el proceso de búsqueda de su personalidad. Esto provoca que los adolescentes puedan ser consumidores potenciales de alguna sustancia nociva para su salud.

Por otra parte, es sabido que los jóvenes están más propensos a tomar riesgos y a cuestionar permanentemente todo aquello que fuera enseñado por los adultos.

Aunque algunos padres y tutores pueden sentir alivio de que sus hijos adolescentes “solamente beben”, es importante recordar que el alcohol es una poderosa droga psicoactiva. El alcohol no sólo afecta la mente y el cuerpo muchas veces de manera impredecible, sino que además los adolescentes carecen de las habilidades de criterio y resistencia para manejar el alcohol con prudencia.

El consumo de alcohol durante la adolescencia puede causar un daño en las funciones del cerebro, el cual termina de madurar hasta los 25 años de edad. Asimismo, el individuo que comienza a beber desde adolescente tiene cuatro veces más probabilidades de desarrollar dependencia del alcohol que quien espera hasta la edad adulta para consumir el mismo.

En lo que se refiere a la región de las Américas, la Organización Panamericana de la salud (OPS) refiere que entre los jóvenes del Continente Americano el alcohol es la droga predilecta.
El patrón de consumo típico de alcohol es ingerir grandes cantidades por ocasión de consumo, con frecuencias que oscilan por lo  menos de una vez al mes hasta día a día.

En Latinoamérica hay más mujeres adolescentes consumidoras de alcohol, que adultas que cumplen con el criterio de abuso dependencia, lo que sugiere que es un fenómeno  más reciente en éstas denominadas menores, en proceso de desarrollo. La edad de inicio en el consumo de alcohol se ha observado que se produce a los 10 o 12 años y en algunos casos a los ocho años de edad, aunque  en promedio éste se da inicio a los 14.

Desde el punto de vista biológico, se ha señalado que la mujer presenta una mayor vulnerabilidad biológica al alcohol, debido a que su funcionamiento hepático tiene menos posibilidades de metabolizar el alcohol en comparación al funcionamiento del hígado del hombre; es por eso que con menos o la misma cantidad de alcohol ingerido, una mujer presenta mayor cantidad de alcohol en la sangre.

Algunas de las consecuencias a la salud, asociadas al sexo femenino, son: enfermedades hepáticas, enfermedad cerebral, cáncer de mama, enfermedad coronaria, hipertensión arterial, enfermedad ulcerosa del estómago, depresión, angustia, ansiedad.

De la misma forma, el consumo excesivo episódico, definido como cuatro o más tragos, es decir estándar para la mujer, es un patrón de uso de alcohol asociado con mayores daños físicos y emocionales, incluyendo violencia, accidentes, embarazos no planificados, sexo sin protección y enfermedades de transmisión sexual.

Diversos expertos coinciden en que los adolescentes consumen alcohol por varias razones: El pasar un buen rato, experimentar, relajarse o aliviar las tensiones, también el consumo se da, en múltiples ocasiones, por presión de los amigos o compañeros. Se sabe que los adolescentes que crecen con padres que los apoyan, vigilan y hablan con ellos tienen menor probabilidad de consumir bebidas alcohólicas.

Las mujeres con problemas de consumo de alcohol habían sido antiguamente un sector pequeño de la población; sin embargo, esto ha ido cambiando con el tiempo y hoy en día sólo quedan vestigios de lo que fue un estigma en el siglo pasado: Ser “consumidora de alcohol”.
Al ser la adolescencia una etapa caracterizada por condiciones emocionales, ambivalentes y deficientes en lo que a la toma de decisiones se refiere, el riesgo de caer en problemas de adicciones como el consumo de alcohol es mayor.

Por otra parte, el enfoque del género es de suma importancia, ya que las características biológicas de la mujer la colocan en una situación especial de desventaja en cuanto a un riesgo de deterioro en el estado de salud.
Las organizaciones, los estados y las familias deben abordar este flagelo y trabajarlo como una política de Estado.Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud Especial para época

jueves, 30 de mayo de 2013

Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica





 Dentro de las Enfermedades Crónicas no transmisibles que están constituyendo la epidemia del siglo XXI tenemos cuatro grupos de enfermedades: 1° las cardiovasculares, 2° el cáncer, 3° la  diabetes y 4° la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Todas estas tienen en común que el tabaquismo es un precipitante o un agravante de primer orden. 


 Hoy nos referiremos a la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC.
 El EPOC, se caracteriza por la limitación a la entrada de aire, a los pulmones, siempre progresiva con una disminución  del funcionamiento respiratorio. Esta limitación se asocia, con una respuesta inflamatoria anormal en los tejidos pulmonares y la vía aérea dañándola irreversiblemente con el tiempo.

Podemos afirmar que los factores de riesgo más importantes son la exposición a partículas nocivas y gases, principalmente derivados del consumo de tabaco y exposición al humo de leña. Cada vez hay más personas afectadas, la incidencia mundial de la EPOC, oscila entre el 5 y el 10%; y ha aumentado en las últimas décadas. Es más frecuente en hombres que en mujeres, dada la mayor prevalencia de tabaquismo en los hombres, aunque esto se espera que cambie en las próximas décadas, ya que el consumo de tabaco en mujeres jóvenes es significativamente mayor al de los hombres jóvenes.
La mortalidad global de la EPOC, estaba en la sexta posición con 2,2 millones de muertes en el año 1990, se prevé una tendencia en ascenso hasta la 3ª causa de muerte en el 2020. 

El tabaco, es responsable del 80 a 90% de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y enfisema. 
El consumo lleva a la adicción, por el efecto de la nicotina, que actúa sobre el sistema nervioso central. Es así que el fumador sufre una dependencia física y sicológica, por lo que así la supresión de la droga genera el síndrome de abstinencia. El hecho de que la nicotina tiene efectos antidepresivos y calma la ansiedad, es el elemento que genera o perpetúa el consumo. 

El tabaquismo es, por sí mismo, una enfermedad ya que produce una dependencia psicofísica y social, que requiere tratamiento medicinal, así como rehabilitación psicológica con tratamiento social, por lo tanto se puede decir, que  es un mal que genera otras enfermedades y complicaciones.

Además de la nicotina y el alquitrán, que es colocado para que el cigarrillo no se apague, se han identificado más de 4.000 sustancias nocivas para el cuerpo humano, en el fatídico humo del cigarrillo. En el caso de las EPOC, el consumo de tabaco nos produce daño directamente al alveolo pulmonar, que es la unidad básica del funcionamiento pulmonar, a partir del cual se realiza la incorporación del oxígeno al organismo, lo cual es primordial para la vida.

Desde ahí el oxígeno circula y llega a todas las células del organismo, las cuales básicamente funcionan con este como principal combustible; es así, que  los alvéolos se van destruyendo por la acción tóxica de los componentes del tabaco, y esta destrucción quita o elimina superficies de alvéolos con lo que la capacidad del pulmón para incorporar el oxigeno, se ve disminuida hasta afectar los niveles del mismo. Por ende, el oxígeno disponible cae dramáticamente y las células del resto del organismo no pueden funcionar.

Esa destrucción, que mencionamos anteriormente, se da por la respuesta inflamatoria exagerada a la inhalación de partículas o gases (fundamentalmente al humo del tabaco) más allá de una respuesta inflamatoria normal de protección.
Podemos identificar factores que influyen en el desarrollo de la enfermedad; así tenemos factores del huésped y factores del ambiente. 

Entre los factores del  huésped, tenemos la carga genética, ya que no todos los fumadores desarrollan la enfermedad;  la dieta, ya que los desnutridos al nacer tienen mayor probabilidad de desarrollar EPOC y están más protegidos los que tienen una alimentación rica en vitaminas, también podrían citarse algunos tipos de alergias,  y con respecto al sexo no está definido, varios estudios han encontrado una mayor prevalencia de EPOC en mujeres que en hombres.

Aunque se discute si las mujeres son más sensibles a los efectos del tabaco, existe evidencia que confirma que las adolescentes fumadoras alcanzan una menor función pulmonar. En los países en desarrollo, las mujeres pueden estar expuestas en mayor grado que los hombres, debido a la contaminación ambiental al usar combustibles en la cocina.
Entre los factores ambientales, tenemos fundamentalmente al humo del cigarrillo, la contaminación ambiental, diferentes polvos y productos químicos en el ambiente laboral, y algunos tipos de infecciones  pulmonares (sobretodo en las primeras etapas de la vida).

La EPOC, se asocia a dos enfermedades: A) si el daño es fundamentalmente del tejido pulmonar, donde se realiza el intercambio gaseoso (alvéolos) se produce lo que se llama enfisema. B)  si la inflamación y daño se producen en los bronquios, estamos ante una bronquitis crónica.

  El diagnóstico

Los síntomas más comunes son: falta de aire, falta de aire con ejercicio suave (caminando, subiendo y bajando las escaleras,  etc.) tos crónica, productiva (con moco), una sensación de "tirantez" en el pecho.

Los estudios de laboratorio, y radiografías de tórax contribuyen al diagnostico, pero lo esencial es la “Espirometría” que determina la capacidad pulmonar y los flujos de aire en los pulmones.

El tratamiento puede variar, con el grado de avance de esta enfermedad crónica y progresiva. Al principio, la falta de aire se notara al realizar actividad física pero luego esta misma falta de aire, aumentara progresivamente y se irá produciendo a menores esfuerzos. 


En todos los casos, la primera medida es la suspensión absoluta del tabaquismo,  acá es esencial para detener o retrasar la evolución de la enfermedad. 

Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamientos en servicios y sistemas de salud

jueves, 23 de mayo de 2013

Obesidad: epidemia mundial








Se trata de una enfermedad crónica de origen multifactorial prevenible que se caracteriza por acumulación excesiva de grasa o crecimiento del tejido adiposo en el cuerpo; es decir, cuando la grasa corporal se incrementa hasta un punto que es nociva para el organismo y provoca enfermedad.


El sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de muerte en el mundo. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia de esta enfermedad. Desde 1980 la obesidad se ha duplicado en todo el mundo y el 65% de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad causan más mortalidad que las enfermedades por desnutrición.

El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la altura de una persona, que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su altura en metros (kg/m2). En general se considera que: Un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso, un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.
La obesidad predispone enfermedades como las cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea del sueño, accidentes cerebrales, osteoartritis, así como a algunas formas de cáncer, padecimientos dermatológicos y gastrointestinales.

Aunque la obesidad es una condición clínica individual se ha convertido en un serio problema de salud pública que va en aumento.

Según el origen la obesidad, puede ser exógena: por una alimentación excesiva o endógena que es por fallas del propio metabolismo del sujeto.

Las causas de la obesidad son múltiples e incluyen factores tales como la herencia genética; el comportamiento del sistema nervioso, endocrino y metabólico; y el tipo o estilo de vida que se lleve. Para muchos investigadores los factores genéticos son el 30% y los ambientales y de estilo de vida son el 70%. Este último porcentaje se da por mayor ingesta de calorías (alimentos) que el cuerpo necesita y una menor actividad física que “queme esas calorías”.

La herencia tiene un papel importante, tanto que de padres obesos el riesgo de sufrir obesidad para un niño es 10 veces superior a lo normal. En parte es debido a tendencias metabólicas de acumulación de grasa, pero en parte se debe a que los hábitos culturales alimentarios y sedentarios contribuyen a repetir los patrones de obesidad de padres a hijos.

Otra parte de los obesos lo son por enfermedades hormonales o endocrinas, y pueden ser solucionados mediante un correcto diagnóstico y tratamiento especializado.
La mayoría de los investigadores han concluido que la combinación de un consumo excesivo de nutrientes y el estilo de vida sedentario son la principal causa de la rápida aceleración de la obesidad en la sociedad occidental en el último cuarto del siglo XX.
Ese aumento del consumo está “facilitado” en un factor básico, la confianza en la comida rápida rica en energía, que se ha triplicado entre 1977 y 1995, y el consumo de calorías se ha cuadruplicado en el mismo periodo.

Es una epidemia que no tiene que ver con nivel de ingresos económicos siendo mayores los niveles de obesidad en las personas con menos ingresos.

El mundo moderno consumista

Mientras frecuentemente podría parecer obvio porqué un cierto individuo engorda, es más difícil entender porqué el peso promedio de toda la sociedad aumenta. Inclusive hay países o culturas donde se engorda más que otros.

El fenómeno se analizó en Estados Unidos. En los años justo después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1960 el peso promedio por persona se incrementó pero pocos fueron obesos. En las dos y media décadas desde 1980, el crecimiento en la tasa de obesidad se aceleró marcadamente y hoy es un problema serio de salud pública, de ese país y actualmente en el mundo.

Hay varias explicaciones al fenómeno: se cree que la gente obesa tiene menos actividad que los delgados y eso no cambia cuando adelgazan; el costo relativo más bajo de los alimentos en general como nunca antes en la historia; el impresionante número de propagandas dirigidas a niños sobre dulces; el mayor porcentaje de personas que tienen trabajos de escritorio en general detrás de una computadora; el incremento del consumo de alimentos congelados (con muchas calorías) que luego se cocinan en hornos microondas; el incremento de la utilización de comidas para llevar (sobre todo cuando todos trabajan en la familia); la urbanización descontrolada que hace que haya menos tiempo para caminar y cocinar; el incremento en el número y variedad de restaurantes de comida rápida de bajo costo y alto ingreso calórico. Las casas más famosas brindan los platos más ricos y de altísimo contenido calórico.

El sobrepeso y la obesidad se pueden prevenir y, en ello, es esencial promover comunidades y entornos favorables. Para ello las acciones se pueden realizar en tres planos: individual, social y de la industria alimentaria.

En el plano individual, las personas pueden: limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total; aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; limitar la ingesta de azúcares; realizar una actividad física periódica, y lograr un equilibrio energético y un peso normal.
En el plano social debe interactuar la familia y la escuela para que desde niños conozcan los beneficios de una alimentación saludable y la práctica de actividad física y deportes. Correspondiendo a los sectores políticos definir una buena política deportiva con accesibilidad a todas las clases sociales y por otra parte la promoción y el acceso a alimentos saludables en los comedores escolares y comedores sociales.

La industria alimentaria puede desempeñar una función importante en la promoción de una alimentación saludable reduciendo el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos elaborados; asegurando que todos los consumidores puedan acceder económicamente a alimentos sanos y nutritivos; poner en práctica una comercialización responsable, asegurar la disponibilidad de alimentos saludables y apoyar la práctica de una actividad física periódica en el lugar de trabajo.

En Argentina la alimentación empeoró tanto en los últimos años que el 53% de la población tiene sobrepeso y poco más del 18% está obesa. Hay una ley de prevención y tratamiento de la obesidad pero sólo se reglamentó la del tratamiento. Falta la reglamentación del articulado de prevención y eso implicará profundas transformaciones en la industria de la alimentación y oferta alimentaria.
¡Otro tema de política de Estado que tenemos que abordar los argentinos!

Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud