OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano
jueves, 13 de junio de 2013
Accidentes de tránsito en los jóvenes
Resulta alarmante que más de la mitad de las muertes de adolescentes sean causadas por accidentes. Impacta comprobar que éstos provocan tantas secuelas o discapacidades a esa edad. Y deja un sabor amargo saber que la gran mayoría de estos siniestros podrían haberse evitado.
La adolescencia, es un periodo de búsqueda de la identidad, donde la mayoría de ellos sienten la necesidad de experimentar y probar distintas cosas. Muchos jóvenes empiezan a explorar nuevas experiencias, como el alcohol o las drogas, exponiéndose a situaciones más peligrosas.
El principal factor de riesgo de accidentes está dado por las características propias del adolescente. La impulsividad los lleva a actuar sin medir las consecuencias, tienen una baja percepción del riesgo, se sienten omnipotentes y creen que a ellos no les va a pasar nunca nada.
Jóvenes con una baja autoestima sienten la necesidad de ser los más "capaces" para validarse entre los amigos y se exponen a riesgos exagerados. También hay adictos a la adrenalina, que quieren experimentar los límites del peligro.
Los accidentes de tránsito aparecen como la primera causa mundial de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años, según el Informe sobre la seguridad vial 2013 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El informe advierte que alrededor de 1,24 millones de personas mueren cada año por accidentes, y la mitad de los fallecidos son peatones, ciclistas y motociclistas.
A nivel general, los accidentes son la octava causa de muerte. Las tendencias actuales indican que si no se toman medidas urgentes se convertirán en 2030 en la quinta causa de muerte, según el informe. Este señala, que los países de ingresos medios sólo tienen la mitad de los vehículos existentes en el mundo y a pesar de eso sufren el 80 por ciento de las muertes por esta causa.
Medidas de prevención
Dos grandes hechos a controlar: la ingesta de alcohol y la conducta en la conducción de automóviles, como todo lo que significa saber decir que “no” frente al consumo de drogas, indiferentemente de si fuera la más débil o la más poderosa. La tarea de prevenir es compartida entre los adolescentes y sus padres quienes tienen que fomentar conductas protectoras en sus hijos.
Los papás tienen un rol muy importante: Deben conversar con los jóvenes, acerca de los riesgos de accidentes, especialmente al consumir alcohol. También deben ser ejemplos de conducta - especialmente al volante -, pues son el primer modelo de sus hijos.
Considerando que ya tiene permiso para conducir, antes de prestar el auto, los papás deben supervisar por un período de tiempo cómo manejan sus hijos, hasta que adquieran mayor experiencia y habilidad. En la medida que va mostrando responsabilidad, progresivamente se les pueden dar mayores permisos, como manejar de noche.
Es indispensable el uso permanente del cinturón de seguridad para el que maneja y los acompañantes, respetar los límites de velocidad y concentración (no se debe hablar por celular, comer, maquillarse, ni poner la música demasiado fuerte).
Es primordial el respeto por las normas del tránsito: El semáforo en rojo o el signo pare, siempre es detenerse y no, ver si viene algo para poder seguir.
Es importante designar anticipadamente a uno del grupo para que no ingiera alcohol y pueda manejar. Dejar claro que en caso de necesidad, es preferible que llamen a los padres para que los vayan a buscar o bien el uso de un taxi.
¿Qué hacer ante un caso de accidente de tránsito?
1) Rápidamente pedir ayuda a la gente que los rodea; llamar a un centro asistencial y agentes de tránsito o policía.
2) Mientras llega la ambulancia, dar atención inmediata a heridas que estén más comprometidas.
3) Uno de los mayores peligros de muerte en el sitio del accidente, y que puede solucionar una persona que no es experta, es la obstrucción de la vía aérea.
a) Sin movilizar mucho la cabeza - por el riesgo de lesión en la columna -, verificar que la persona respira.
b) Retirar cualquier objeto que esté obstruyendo el paso del aire, tirar la lengua hacia afuera y, si vomita, ponerlo de lado.
4) Comprimir algún punto sangrante, con un pañuelo o paño limpio.
5) Abrigar al herido, pues la hipotermia o baja de temperatura también produce complicaciones.
6) Los tiempos de llegada de la ambulancia son cada vez menores y es preferible esperarla para que el traslado del herido se haga en condiciones más seguras.
Conclusiones
Contamos con un conjunto cada vez mayor de datos científicos fiables, sobre las medidas que deben adoptarse para mejorar la seguridad vial.
En los últimos años, la atención y el apoyo prestados a la seguridad vial no han dejado de crecer a nivel internacional, y también se ha constatado en algunos países un aumento de la voluntad política, como de la intervención activa en esta esfera. No obstante, queda muchísimo por hacer. Las principales recomendaciones para los gobiernos son:
En la toma de decisiones sobre seguridad vial deben considerarse las necesidades de todos los usuarios de la vía pública, incluyendo las necesidades de los usuarios más vulnerables, motociclistas, peatones y niños.
Deben promulgarse leyes de amplio alcance, que brinden protección a todos los usuarios de la vía pública, estableciendo límites de velocidad y tasas máximas de alcoholemia apropiadas. También exigiendo la utilización de las oportunas medidas de protección, como la utilización del casco, del cinturón de seguridad o de dispositivos de retención para los niños.
Es preciso, mejorar y asegurar el cumplimiento de todas las leyes sobre seguridad vial. .
Es primordial fomentar una colaboración multisectorial entre los organismos competentes y asegurar que éstos cuenten con los recursos humanos y financieros necesarios para actuar con eficacia.
Deben mejorarse los sistemas de registro y uniformar los datos a guardar. Esto implica mejorar las definiciones, asegurar una gestión más coordinada de los datos entre los servicios de policía, de transporte y de salud y aumentar las capacidades humanas para la recopilación de datos.
La experiencia de países desarrollados ha demostrado que se logra eficiencia en este tema cuando se realiza un trabajo multisectorial, con objetivos claros, considerando a la seguridad vial como una política de Estado, que va a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Una vez más podemos afirmar, que no existen las soluciones aisladas ni mágicas.
Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud Especial para época
jueves, 6 de junio de 2013
Alcoholismo, adolescencia y género
Aún cuando suele considerarse a la juventud, como sinónimo de salud y bienestar, los jóvenes comprenden el 15% de la carga de morbilidad (incidencia de enfermedad) en todo el mundo y más de un millón mueren cada año, principalmente por causas que pueden ser prevenidas.
El consumo de alcohol de manera constante, conocido como alcoholismo, es una de las causas más usuales de enfermedad y muerte del mundo. Se estima que contribuye en un 4% al riesgo global de muerte en el mundo, incluso por abajo del tabaquismo que contribuye con el 4,1%.
En la mayoría de los países latinoamericanos, el consumo de bebidas alcohólicas forma parte de la vida cotidiana, ya sea como un acto social o cultural. En los últimos años se observa además una tolerancia social para el consumo de alcohol riesgoso, sobre todo cuando el abuso está ligado a situaciones de diversión entre jóvenes de ambos sexos (masculino y femenino). Es decir que el número de adolescentes alcohólicos crece más cada día. El mayor inconveniente es que vivimos en una cultura permisiva con el alcohol, siendo notable el número de mujeres que consumen.
Lo más grave es el mito de que sin el alcohol no se disfruta igual lo que se hace; afirmaciones como: “Una fiesta sin bebidas alcohólicas es aburrida”, sólo perpetúan la falsa creencia de que el alcohol es el que nos permite disfrutar de la vida.
Además de los efectos sociales de su consumo, la intoxicación alcohólica puede causar envenenamiento o incluso la muerte. El consumo intenso y prolongado origina en ocasiones dependencia, o un gran número de trastornos mentales, físicos y orgánicos.
Diferentes patrones de consumo de alcohol, la Organización Mundial de la Salud los clasifica en:
Consumo de riesgo: Es cuando aumenta el riesgo para el bebedor y los que lo rodean, sin que el individuo tenga trastornos.
Consumo perjudicial: Este se produce cuando ya existen consecuencias en la salud física y mental del individuo provocando todo esto daños sociales.
Consumo dependiente: Se da cuando ya existen, en el individuo, un conjunto de fenómenos de conducta, mentales y fisiológicos que pueden aparecer después del consumo repetido de alcohol (dificultad para controlar el consumo, persistencia del mismo, aumento de la tolerancia al alcohol, abstinencia física, entre otros).
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la adolescencia como el período de la vida en el cual el individuo adquiere la capacidad de reproducirse, transita en ese lapso de tiempo, de los patrones psicológicos de la niñez, a la adultez y consolida su independencia económica. Este Proceso se extiende desde los 10 y los 21 años de edad. Así pues, la adolescencia se caracteriza por cambios rápidos y drásticos en el desarrollo físico, mental y emocional, que pueden provocar ambivalencias y contraindicaciones en el proceso de búsqueda de su personalidad. Esto provoca que los adolescentes puedan ser consumidores potenciales de alguna sustancia nociva para su salud.
Por otra parte, es sabido que los jóvenes están más propensos a tomar riesgos y a cuestionar permanentemente todo aquello que fuera enseñado por los adultos.
Aunque algunos padres y tutores pueden sentir alivio de que sus hijos adolescentes “solamente beben”, es importante recordar que el alcohol es una poderosa droga psicoactiva. El alcohol no sólo afecta la mente y el cuerpo muchas veces de manera impredecible, sino que además los adolescentes carecen de las habilidades de criterio y resistencia para manejar el alcohol con prudencia.
El consumo de alcohol durante la adolescencia puede causar un daño en las funciones del cerebro, el cual termina de madurar hasta los 25 años de edad. Asimismo, el individuo que comienza a beber desde adolescente tiene cuatro veces más probabilidades de desarrollar dependencia del alcohol que quien espera hasta la edad adulta para consumir el mismo.
En lo que se refiere a la región de las Américas, la Organización Panamericana de la salud (OPS) refiere que entre los jóvenes del Continente Americano el alcohol es la droga predilecta.
El patrón de consumo típico de alcohol es ingerir grandes cantidades por ocasión de consumo, con frecuencias que oscilan por lo menos de una vez al mes hasta día a día.
En Latinoamérica hay más mujeres adolescentes consumidoras de alcohol, que adultas que cumplen con el criterio de abuso dependencia, lo que sugiere que es un fenómeno más reciente en éstas denominadas menores, en proceso de desarrollo. La edad de inicio en el consumo de alcohol se ha observado que se produce a los 10 o 12 años y en algunos casos a los ocho años de edad, aunque en promedio éste se da inicio a los 14.
Desde el punto de vista biológico, se ha señalado que la mujer presenta una mayor vulnerabilidad biológica al alcohol, debido a que su funcionamiento hepático tiene menos posibilidades de metabolizar el alcohol en comparación al funcionamiento del hígado del hombre; es por eso que con menos o la misma cantidad de alcohol ingerido, una mujer presenta mayor cantidad de alcohol en la sangre.
Algunas de las consecuencias a la salud, asociadas al sexo femenino, son: enfermedades hepáticas, enfermedad cerebral, cáncer de mama, enfermedad coronaria, hipertensión arterial, enfermedad ulcerosa del estómago, depresión, angustia, ansiedad.
De la misma forma, el consumo excesivo episódico, definido como cuatro o más tragos, es decir estándar para la mujer, es un patrón de uso de alcohol asociado con mayores daños físicos y emocionales, incluyendo violencia, accidentes, embarazos no planificados, sexo sin protección y enfermedades de transmisión sexual.
Diversos expertos coinciden en que los adolescentes consumen alcohol por varias razones: El pasar un buen rato, experimentar, relajarse o aliviar las tensiones, también el consumo se da, en múltiples ocasiones, por presión de los amigos o compañeros. Se sabe que los adolescentes que crecen con padres que los apoyan, vigilan y hablan con ellos tienen menor probabilidad de consumir bebidas alcohólicas.
Las mujeres con problemas de consumo de alcohol habían sido antiguamente un sector pequeño de la población; sin embargo, esto ha ido cambiando con el tiempo y hoy en día sólo quedan vestigios de lo que fue un estigma en el siglo pasado: Ser “consumidora de alcohol”.
Al ser la adolescencia una etapa caracterizada por condiciones emocionales, ambivalentes y deficientes en lo que a la toma de decisiones se refiere, el riesgo de caer en problemas de adicciones como el consumo de alcohol es mayor.
Por otra parte, el enfoque del género es de suma importancia, ya que las características biológicas de la mujer la colocan en una situación especial de desventaja en cuanto a un riesgo de deterioro en el estado de salud.Las organizaciones, los estados y las familias deben abordar este flagelo y trabajarlo como una política de Estado.Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud Especial para época
jueves, 30 de mayo de 2013
Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica
Dentro de las Enfermedades Crónicas no transmisibles que están constituyendo la epidemia del siglo XXI tenemos cuatro grupos de enfermedades: 1° las cardiovasculares, 2° el cáncer, 3° la diabetes y 4° la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Todas estas tienen en común que el tabaquismo es un precipitante o un agravante de primer orden.
Hoy nos referiremos a la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC.
El EPOC, se caracteriza por la limitación a la entrada de aire, a los pulmones, siempre progresiva con una disminución del funcionamiento respiratorio. Esta limitación se asocia, con una respuesta inflamatoria anormal en los tejidos pulmonares y la vía aérea dañándola irreversiblemente con el tiempo.
Podemos afirmar que los factores de riesgo más importantes son la exposición a partículas nocivas y gases, principalmente derivados del consumo de tabaco y exposición al humo de leña. Cada vez hay más personas afectadas, la incidencia mundial de la EPOC, oscila entre el 5 y el 10%; y ha aumentado en las últimas décadas. Es más frecuente en hombres que en mujeres, dada la mayor prevalencia de tabaquismo en los hombres, aunque esto se espera que cambie en las próximas décadas, ya que el consumo de tabaco en mujeres jóvenes es significativamente mayor al de los hombres jóvenes.
La mortalidad global de la EPOC, estaba en la sexta posición con 2,2 millones de muertes en el año 1990, se prevé una tendencia en ascenso hasta la 3ª causa de muerte en el 2020.
El tabaco, es responsable del 80 a 90% de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y enfisema.
El consumo lleva a la adicción, por el efecto de la nicotina, que actúa sobre el sistema nervioso central. Es así que el fumador sufre una dependencia física y sicológica, por lo que así la supresión de la droga genera el síndrome de abstinencia. El hecho de que la nicotina tiene efectos antidepresivos y calma la ansiedad, es el elemento que genera o perpetúa el consumo.
El tabaquismo es, por sí mismo, una enfermedad ya que produce una dependencia psicofísica y social, que requiere tratamiento medicinal, así como rehabilitación psicológica con tratamiento social, por lo tanto se puede decir, que es un mal que genera otras enfermedades y complicaciones.
Además de la nicotina y el alquitrán, que es colocado para que el cigarrillo no se apague, se han identificado más de 4.000 sustancias nocivas para el cuerpo humano, en el fatídico humo del cigarrillo. En el caso de las EPOC, el consumo de tabaco nos produce daño directamente al alveolo pulmonar, que es la unidad básica del funcionamiento pulmonar, a partir del cual se realiza la incorporación del oxígeno al organismo, lo cual es primordial para la vida.
Desde ahí el oxígeno circula y llega a todas las células del organismo, las cuales básicamente funcionan con este como principal combustible; es así, que los alvéolos se van destruyendo por la acción tóxica de los componentes del tabaco, y esta destrucción quita o elimina superficies de alvéolos con lo que la capacidad del pulmón para incorporar el oxigeno, se ve disminuida hasta afectar los niveles del mismo. Por ende, el oxígeno disponible cae dramáticamente y las células del resto del organismo no pueden funcionar.
Esa destrucción, que mencionamos anteriormente, se da por la respuesta inflamatoria exagerada a la inhalación de partículas o gases (fundamentalmente al humo del tabaco) más allá de una respuesta inflamatoria normal de protección.
Podemos identificar factores que influyen en el desarrollo de la enfermedad; así tenemos factores del huésped y factores del ambiente.
Entre los factores del huésped, tenemos la carga genética, ya que no todos los fumadores desarrollan la enfermedad; la dieta, ya que los desnutridos al nacer tienen mayor probabilidad de desarrollar EPOC y están más protegidos los que tienen una alimentación rica en vitaminas, también podrían citarse algunos tipos de alergias, y con respecto al sexo no está definido, varios estudios han encontrado una mayor prevalencia de EPOC en mujeres que en hombres.
Aunque se discute si las mujeres son más sensibles a los efectos del tabaco, existe evidencia que confirma que las adolescentes fumadoras alcanzan una menor función pulmonar. En los países en desarrollo, las mujeres pueden estar expuestas en mayor grado que los hombres, debido a la contaminación ambiental al usar combustibles en la cocina.
Entre los factores ambientales, tenemos fundamentalmente al humo del cigarrillo, la contaminación ambiental, diferentes polvos y productos químicos en el ambiente laboral, y algunos tipos de infecciones pulmonares (sobretodo en las primeras etapas de la vida).
La EPOC, se asocia a dos enfermedades: A) si el daño es fundamentalmente del tejido pulmonar, donde se realiza el intercambio gaseoso (alvéolos) se produce lo que se llama enfisema. B) si la inflamación y daño se producen en los bronquios, estamos ante una bronquitis crónica.
El diagnóstico
Los síntomas más comunes son: falta de aire, falta de aire con ejercicio suave (caminando, subiendo y bajando las escaleras, etc.) tos crónica, productiva (con moco), una sensación de "tirantez" en el pecho.
Los estudios de laboratorio, y radiografías de tórax contribuyen al diagnostico, pero lo esencial es la “Espirometría” que determina la capacidad pulmonar y los flujos de aire en los pulmones.
El tratamiento puede variar, con el grado de avance de esta enfermedad crónica y progresiva. Al principio, la falta de aire se notara al realizar actividad física pero luego esta misma falta de aire, aumentara progresivamente y se irá produciendo a menores esfuerzos.
En todos los casos, la primera medida es la suspensión absoluta del tabaquismo, acá es esencial para detener o retrasar la evolución de la enfermedad.
Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamientos en servicios y sistemas de salud
jueves, 23 de mayo de 2013
Obesidad: epidemia mundial
Se trata de una enfermedad crónica de origen multifactorial prevenible que se caracteriza por acumulación excesiva de grasa o crecimiento del tejido adiposo en el cuerpo; es decir, cuando la grasa corporal se incrementa hasta un punto que es nociva para el organismo y provoca enfermedad.
El sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de muerte en el mundo. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia de esta enfermedad. Desde 1980 la obesidad se ha duplicado en todo el mundo y el 65% de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad causan más mortalidad que las enfermedades por desnutrición.
El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la altura de una persona, que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su altura en metros (kg/m2). En general se considera que: Un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso, un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.
La obesidad predispone enfermedades como las cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea del sueño, accidentes cerebrales, osteoartritis, así como a algunas formas de cáncer, padecimientos dermatológicos y gastrointestinales.
Aunque la obesidad es una condición clínica individual se ha convertido en un serio problema de salud pública que va en aumento.
Según el origen la obesidad, puede ser exógena: por una alimentación excesiva o endógena que es por fallas del propio metabolismo del sujeto.
Las causas de la obesidad son múltiples e incluyen factores tales como la herencia genética; el comportamiento del sistema nervioso, endocrino y metabólico; y el tipo o estilo de vida que se lleve. Para muchos investigadores los factores genéticos son el 30% y los ambientales y de estilo de vida son el 70%. Este último porcentaje se da por mayor ingesta de calorías (alimentos) que el cuerpo necesita y una menor actividad física que “queme esas calorías”.
La herencia tiene un papel importante, tanto que de padres obesos el riesgo de sufrir obesidad para un niño es 10 veces superior a lo normal. En parte es debido a tendencias metabólicas de acumulación de grasa, pero en parte se debe a que los hábitos culturales alimentarios y sedentarios contribuyen a repetir los patrones de obesidad de padres a hijos.
Otra parte de los obesos lo son por enfermedades hormonales o endocrinas, y pueden ser solucionados mediante un correcto diagnóstico y tratamiento especializado.
La mayoría de los investigadores han concluido que la combinación de un consumo excesivo de nutrientes y el estilo de vida sedentario son la principal causa de la rápida aceleración de la obesidad en la sociedad occidental en el último cuarto del siglo XX.
Ese aumento del consumo está “facilitado” en un factor básico, la confianza en la comida rápida rica en energía, que se ha triplicado entre 1977 y 1995, y el consumo de calorías se ha cuadruplicado en el mismo periodo.
Es una epidemia que no tiene que ver con nivel de ingresos económicos siendo mayores los niveles de obesidad en las personas con menos ingresos.
El mundo moderno consumista
Mientras frecuentemente podría parecer obvio porqué un cierto individuo engorda, es más difícil entender porqué el peso promedio de toda la sociedad aumenta. Inclusive hay países o culturas donde se engorda más que otros.
El fenómeno se analizó en Estados Unidos. En los años justo después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1960 el peso promedio por persona se incrementó pero pocos fueron obesos. En las dos y media décadas desde 1980, el crecimiento en la tasa de obesidad se aceleró marcadamente y hoy es un problema serio de salud pública, de ese país y actualmente en el mundo.
Hay varias explicaciones al fenómeno: se cree que la gente obesa tiene menos actividad que los delgados y eso no cambia cuando adelgazan; el costo relativo más bajo de los alimentos en general como nunca antes en la historia; el impresionante número de propagandas dirigidas a niños sobre dulces; el mayor porcentaje de personas que tienen trabajos de escritorio en general detrás de una computadora; el incremento del consumo de alimentos congelados (con muchas calorías) que luego se cocinan en hornos microondas; el incremento de la utilización de comidas para llevar (sobre todo cuando todos trabajan en la familia); la urbanización descontrolada que hace que haya menos tiempo para caminar y cocinar; el incremento en el número y variedad de restaurantes de comida rápida de bajo costo y alto ingreso calórico. Las casas más famosas brindan los platos más ricos y de altísimo contenido calórico.
El sobrepeso y la obesidad se pueden prevenir y, en ello, es esencial promover comunidades y entornos favorables. Para ello las acciones se pueden realizar en tres planos: individual, social y de la industria alimentaria.
En el plano individual, las personas pueden: limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total; aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; limitar la ingesta de azúcares; realizar una actividad física periódica, y lograr un equilibrio energético y un peso normal.
En el plano social debe interactuar la familia y la escuela para que desde niños conozcan los beneficios de una alimentación saludable y la práctica de actividad física y deportes. Correspondiendo a los sectores políticos definir una buena política deportiva con accesibilidad a todas las clases sociales y por otra parte la promoción y el acceso a alimentos saludables en los comedores escolares y comedores sociales.
La industria alimentaria puede desempeñar una función importante en la promoción de una alimentación saludable reduciendo el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos elaborados; asegurando que todos los consumidores puedan acceder económicamente a alimentos sanos y nutritivos; poner en práctica una comercialización responsable, asegurar la disponibilidad de alimentos saludables y apoyar la práctica de una actividad física periódica en el lugar de trabajo.
En Argentina la alimentación empeoró tanto en los últimos años que el 53% de la población tiene sobrepeso y poco más del 18% está obesa. Hay una ley de prevención y tratamiento de la obesidad pero sólo se reglamentó la del tratamiento. Falta la reglamentación del articulado de prevención y eso implicará profundas transformaciones en la industria de la alimentación y oferta alimentaria.
¡Otro tema de política de Estado que tenemos que abordar los argentinos!
Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud
jueves, 16 de mayo de 2013
La actividad física y su impacto en la salud
La dieta saludable como también la actividad física suficiente, realizada de manera regular, son los principales factores de promoción y mantenimiento de una buena salud durante toda la vida.
Las dietas malsanas y la inactividad física, son dos de los principales factores de riesgo de hipertensión, hiperglucemia, hiperlipidemia, sobrepeso u obesidad y de las principales enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes.
Se considera actividad física, cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía.
Hoy atendemos con preocupación, al hecho de que más del 60% de los adultos no realiza actividad física en forma regular, y el 25 % no realiza, en absoluto, actividad física. Cerca de la mitad de los jóvenes de 12 a 21 años no realiza actividad física, y ésta cantidad, disminuye especialmente durante la adolescencia, lo que nos demuestra que la adherencia de los estudiantes, a las clases de actividad física declina cada vez más.
Se ha observado que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial (6% de las muertes registradas en todo el mundo).
Un nivel adecuado de actividad física regular, en los adultos, reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebro vascular, diabetes, cáncer de mama y de colon. Pero también reduce las caídas, mejora la salud ósea y funcional, siendo un determinante clave del gasto energético y, por lo tanto, fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso. También parecería reducir la depresión, la ansiedad, y mejorar el humor para resolver lo cotidiano.
La “actividad física” no debe confundirse con el “ejercicio”. Este es una variedad de actividad física planificada, estructurada, repetitiva y realizada con un objetivo relacionado con la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física.
La actividad física abarca el ejercicio pero también otras actividades que entrañan movimiento corporal que se realizan como parte de los momentos de juego, del trabajo, de formas de transporte activas, de las tareas domésticas y de actividades recreativas.
Es bueno recomendar mayor actividad física en todas las edades. En forma orientativa se pueden dividir las sugerencias por grupos de edades; es así que podemos establecer tres grupos.
Jóvenes (5 a 17 años): a esta edad se sugieren juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias. Lo ideal es realizar un mínimo de 60 minutos diarios, con intensidad moderada a vigorosa.
Si la actividad realizada es superior a 60 minutos diarios, el beneficio será aún mayor. El tipo de actividad sugerida es, en su mayor parte, aeróbica. Si es posible agregar como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.
Adultos de (18 a 64 años): en este grupo de edades la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (trabajo) tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados. Lo mínimo sugerido, son 150 minutos (30 minutos 5 veces por semana), semejantes a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o también se puede realizar una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.
La actividad aeróbica ya es efectiva si las sesiones son de 10 minutos de duración, como mínimo. Asumiendo entonces, que a mayor actividad mayores beneficios.
Adultos mayores (de 65 años en adelante): en este grupo se sugiere actividades recreativas o de ocio, desplazamientos similares al grupo anterior, actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Los tiempos sugeridos consisten en 150 minutos semanales de actividades moderadas aeróbicas; al igual que el grupo anterior es bueno combinar con actividades más intensas.
Compartiendo conceptos, con el grupo anterior, la actividad rinde en sesiones de 10 minutos como mínimo. También más minutos de actividad física, redundarán en mayores beneficios. Por otra parte, es conveniente que los adultos con movilidad reducida realicen actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana.
Los riesgos de la actividad física, son generalmente músculo-esqueléticos y por realizar excesiva actividad física o no entrar bien en calor. Los infartos agudos de miocardio o muerte súbita, en el deporte, son más raros y ocurren generalmente cuando quien realiza la actividad física es gente pasiva y sin una regulación progresiva.
Es mayor el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular en aquellos que no practican deporte. Nuestra sorpresa fue encontrar que tres estudios han demostrado que los efectos beneficiosos sobre el aparato cardiorrespiratorio son similares cuando la actividad física se produce en varias sesiones cortas (por ejemplo de 10 minutos) como también, en pocas sesiones más largas (por ejemplo, de 30 minutos) siendo igual la cantidad de minutos totales.
De lo que no se puede dudar es que en aquellos que no realizan actividad física por 30 minutos, episodios más cortos son mejor que nada. Un estudio demostró una mayor adherencia a los programas de caminatas de más veces en el día, que caminar todo ese mismo tiempo en una sola vez diaria, es decir que las actividades en el día son acumulativas.
Muchos adhieren a actividades de gran intensidad, pero no lo sostienen en el tiempo. Es por esto, que es tan importante, estudiar los efectos de la actividad física sobre la salud, como la manera de que la gente mantenga este hábito, y cómo promoverlo en las escuelas, oficinas y lugares de trabajo. El lugar más efectivo para comenzar es la escuela, ya que allí se puede enseñar que la actividad física puede ser disfrutada a lo largo de la vida.
La promoción y realización de actividad física debe constituir una política de estado siendo perentorio organizar actividades de todo tipo en todos los ámbitos posibles para que nuestros ciudadanos tengan la mayor calidad de vida posible.
Autor: Eduardo Tassano Master en gerenciamiento en sistemas y servicios de salud
jueves, 9 de mayo de 2013
Salud y cambio climático
Se llama cambio climático a la modificación del clima con respecto al
historial climático a una escala global o regional. Tales cambios se
producen sobre todos los parámetros meteorológicos: temperatura, presión
atmosférica, precipitaciones, nubosidad. En teoría, son debidos tanto a
causas naturales como causadas por el hombre. Sin embargo se asocia más
el término a las modificaciones en el clima producidas por la acción
del hombre.
Por “cambio climático” se entiende un cambio de clima atribuido directa
o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la
atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima.
El aumento mundial de la demanda y del consumo energético, así como de
la actividad industrial, los transportes, la deforestación y la
agricultura, han desembocado en un incremento de las emisiones a la
atmósfera de CO2 y metano, los principales gases de efecto invernadero
causantes principales del cambio climático.
El cambio climático es un problema mundial que requiere una solución
mundial. Las medidas para paliar este terrible futuro pasan por acatar
las directrices de acuerdos como el Protocolo de Kioto: disminuir las
emisiones de CO2, reducir el uso de combustibles fósiles y aumentar el
de renovables, mejorar la eficiencia y la diversificación energética,
seguir una política de desarrollo sostenible y sobre todo concienciar de
la gravedad del problema a las generaciones futuras.
Es ya algo aceptado que el clima mundial está cambiando debido al
calentamiento de la Tierra. Este cambio puede afectar a la salud humana
de diversas maneras, por ejemplo, alterando el ámbito geográfico y la
estacionalidad de algunas enfermedades infecciosas, perturbando los
ecosistemas de producción de alimentos y aumentando la frecuencia de
fenómenos meteorológicos extremos catastróficos.
Las repercusiones sanitarias del cambio climático ya se están haciendo
sentir: incremento del número de fallecidos por olas de calor, aumento
de los desastres naturales tales como las inundaciones, y cambios de la
distribución de enfermedades potencialmente mortales transmitidas por
vectores, tales como el dengue.
De persistir esta situación, el cambio climático continuado tendrá
profundas consecuencias negativas en algunos de los determinantes
sociales y ambientales de la salud, como los alimentos, el aire y el
agua. Las zonas que disponen de una infraestructura sanitaria débil, en
su mayoría situadas en los países en desarrollo, serán las menos aptas
para prepararse y dar respuesta a estos problemas si no reciben ayuda.
Los peligros ambientales de gran escala y alcance mundial que amenazan
la salud humana comprenden el cambio climático, el agotamiento de la
capa estratosférica de ozono, la pérdida de diversidad biológica,
cambios en los sistemas hidrológicos y en las reservas de agua dulce, la
degradación de la tierra y las presiones ejercidas sobre los sistemas
de producción de alimentos.
Para apreciar esta escala y el tipo de influencia en la salud humana se
requiere una nueva perspectiva concentrada en los ecosistemas y en el
reconocimiento de que el fundamento de una buena salud de las
poblaciones en el largo plazo depende en gran parte de que los sistemas
que mantienen la vida en la Tierra conserven su estabilidad y buen
funcionamiento.
Proteger la salud del cambio climático planetario exige la gestión a
muchos niveles, empezando por los factores sociales y económicos que
impulsan el cambio hasta el punto de generar peligros y exposiciones
impensadas tiempo atrás.
Posiblemente la implicancia más inquietante del cambio climático es su
impacto potencialmente devastador sobre la salud humana. Un informe de
la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que: “Un clima más
cálido y más variable presenta la amenaza de que la concentración en el
aire de algunos contaminantes resulte mayor, que aumente la transmisión
de enfermedades a través del agua sucia y los alimentos contaminados,
que se ponga en riesgo la producción agrícola en algunos de los países
menos desarrollados, y que aumenten los peligros típicos de los climas
extremos”.
Los investigadores sostienen que los cambios de temperatura fomentarán
la propagación de enfermedades infecciosas. Muchos de los virus y
bacterias más letales son sumamente sensibles al clima, es decir a la
temperatura y las precipitaciones, lo que incluye el cólera y las
enfermedades diarreicas, así como otras enfermedades como el paludismo,
el dengue, y otras infecciones transmitidas por vectores.
En resumen, el cambio climático amenaza con hacer más lento, detener
por completo, o revertir el avance actualmente logrado por la comunidad
mundial de salud pública para luchar contra muchas de estas
enfermedades. Es de predecir un aumento en los incidentes climáticos
extremos, como inundaciones y sequías, tendrán un efecto devastador
sobre la salud.
El efecto será más intenso en las poblaciones vulnerables, es decir los
más jóvenes, los adultos mayores y los que ya están enfermos.
Los gobiernos tienen que adecuar y preparar sus sistemas sanitarios, y
fomentar la investigación en estos temas de los que hay mucho por
aprender.
Las últimas investigaciones han ampliado con rapidez nuestros conocimientos sobre las relaciones entre el clima y la salud.
Aun siendo aproximadas, las estimaciones de los posibles impactos del
cambio climático en la salud son una información esencial para discutir
las políticas en materia de reducción de las emisiones de gases de
efecto invernadero y de adaptación social al cambio climático. Las
sociedades deben responder, pese a las inevitables incertidumbres. Así,
la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
(1992) asigna a los gobiernos nacionales la responsabilidad de evaluar
formalmente el riesgo que el cambio climático global entraña para la
salud de sus poblaciones respectivas.
Recordar que en este tema, en materia de políticas, las decisiones
están regidas por varios principios basados en criterios de equidad,
eficiencia y viabilidad política. También pueden ser válidos los
criterios éticos de salud pública: respeto a la autonomía, no
maleficencia (no hacer daño), justicia y beneficencia (hacer el bien).
Se puede decir que no estamos hablando del futuro. El cambio climático
esta aquí y ahora. Los gobiernos tienen la obligación de tomar el toro
por las astas (principalmente de los países desarrollados) y nosotros
desde nuestros lugares empezar con nuestras acciones a ayudar a
preservar nuestro planeta por el futuro de nuestros hijos.
Autor: Eduardo Tassano Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud
jueves, 2 de mayo de 2013
Ambientes libres de humo

El humo de segunda mano es una fuente principal de contaminación del aire en espacios cerrados de trabajo y demás espacios cerrados, como bares, restaurantes y aeropuertos. La exposición al humo de segunda mano provoca cáncer de pulmón y otras enfermedades pulmonares (como bronquitis), enfermedades cardíacas, nacimientos con bajo peso y otras afecciones graves. Las leyes libres de humo mejoran la salud pública al reducir la exposición del público al humo de segunda mano y al ayudar a los fumadores a reducir el consumo de cigarrillos y abandonar el hábito.
Las leyes libres de humo reducen las oportunidades de fumar y convierten el uso del tabaco en un hábito menos aceptable socialmente. Además de proteger a las personas que no fuman, las leyes libres de humo reducen la prevalencia del hábito de fumar y el consumo de tabaco en fumadores.
El tabaquismo es una enfermedad crónica, adictiva, con tendencia a las recaídas. No hay dudas de su asociación con enfermedades cardiovasculares, enfermedades pulmonares crónicas, canceres, trastornos al feto en el embarazo entre otras.
La Organización Mundialde la Salud (OMS) estima que para el año 2020, habrá diez millones de defunciones anuales por dicha causa. Es decir que en el siglo se producirán mil millones de muertes, lo cual constituye una hecatombe inadmisible para el entendimiento humano, ya que se conocen plenamente los vectores de la epidemia y se cuenta con medidas eficaces de control.
Actualmente se dispone de medidas de salud pública y de tratamientos eficaces que salvarían innumerables vidas; pero la realidad muestra que en los servicios de salud no se hace uso eficiente de ellos. El número de muertos y enfermos a causa del tabaco muestra que es necesario y clave para la salud mundial que miles de fumadores abandonen el tabaquismo.
Los esfuerzos dirigidos al control del tabaquismo son insuficientes si no se logran servicios de salud que, siendo libres de humo de tabaco, brinden servicios de cesación accesibles para todos los fumadores, cualquiera que sea su condición social y económica. Aunque en la actualidad la mayoría de los fumadores que abandonan el tabaquismo lo hacen sin ayuda formal, es necesario aumentar el porcentaje de abandonos a través de una mayor oferta de los tratamientos existentes y del mejoramiento de los diferentes programas de consejería, ayuda mutua u otros métodos disponibles.
La comunidad médica debe comprender que garantizar a la población un aire libre de tóxicos y carcinógenos es un derecho humano básico esencial. El tabaquismo pasivo es uno de los grandes problemas actuales de salud pública, el cual debe ser abordado como tal y no como un problema de molestias e incomodidades personales, que pueda solucionarse exclusivamente bajo reglas de cortesía y buenos modales.
Al humo de tabaco en el ambiente también se le conoce como humo de segunda mano, humo de los otros y otras denominaciones. Es la mezcla del humo principal exhalado por el fumador (15%) y del humo lateral (85%). El humo lateral tiene propiedades diferentes al humo inhalado por el fumador porque entre las pitadas se produce una combustión incompleta del tabaco, que lleva a mayores concentraciones de varias de las sustancias tóxicas y carcinógenas. Esta mezcla permanece en el aire y es inhalada por fumadores y no fumadores. El humo de segunda mano está clasificado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos como un carcinógeno humano para el cual no existe nivel seguro de exposición.
Los niños son especialmente vulnerables a dicho humo por su menor volumen corporal y su mayor frecuencia respiratoria, lo cual determina una mayor absorción de químicos por kilo de peso ante la misma exposición que un adulto. La mujer embarazada que fuma o que respira el humo de los demás expone a su hijo a los tóxicos del tabaco.
Se ha demostrado científicamente que la ventilación del lugar no previene los daños producidos por la exposición al humo de segunda mano, pues si bien puede quitar la percepción del humo, no elimina los tóxicos. Para que la ventilación fuera efectiva se requerirían corrientes de aire similares a un huracán dentro de la habitación.
Por otra parte la separación en un mismo ambiente de fumadores y no fumadores, tampoco es una solución eficaz tal como lo demuestran los estudios de monitorización de nicotina ambiental que evidencian la presencia de los compuestos del humo en sectores de no fumadores.
La única solución efectiva para evitar los perjuicios del humo de segunda mano es lograr que los ambientes cerrados sean 100% libres de humo de tabaco.
Se debe señalar la importancia del tabaquismo pasivo en los lugares de trabajo. En algunos espacios laborales la magnitud de la exposición es tal que los trabajadores expuestos al humo del ambiente inhalan cantidades de tóxicos equivalentes a las de un gran fumador. Esto bien puede ser considerado un riesgo ocupacional; situación que se daría en bares, discotecas y restaurantes entre otros.
La única forma de proteger la salud de la población de la exposición al humo de tabaco, es promover la generalización de edificios libre de dicho humo, en donde no se fume en ningún lugar en su interior, lo que beneficia a fumadores y no fumadores. La instalación de áreas para fumadores puede ser una medida transitoria, para que quienes trabajan en el edificio se adapten a la nueva reglamentación.
Si bien hay medidas y leyes que las expondremos en otra ocasión las medidas mas usuales que hoy ha tomado el Gobierno nacional son: Asesoramiento a provincias y municipios para la implementación de legislación de Ambientes Libres de Humo, promoción de Hospitales y Centros de Salud Libres de Humo, Organismos Públicos Libres de Humo, Universidades y escuelas libres de humo, Empresas libres de humo, Bares y Restaurantes Libres de Humo. Constituye una medida importante la creación del Registro Nacional de Empresas e Instituciones Libres de Humo de Tabaco. El mismo recoge solicitudes de instituciones de todo el país. Se certifican solamente aquellas que son 100% libres de humo. La certificación dura un año. En los primeros 6 años de su creación el registro ya contaba con más de 2.000 instituciones. Es importante también realizar Campañas de promoción de hogares y automóviles 100% libres de humo entre otras.
A pesar de los avances resta un largo camino de trabajo y concientización. Tenemos que seguir bregando por una salud de mayor calidad, tratando de impedir estas epidemias que son silenciosas pero impactantes en números y económicamente para los países.
Autor: Eduardo Tassano Master en Gerenciamiento en servicios y sistemas de salud
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