OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano

jueves, 10 de octubre de 2013

Los peligros de la automedicación







Nuestro estilo de vida actual favorece mucho el crecimiento de las adicciones. Además de las importantes como el alcoholismo y el tabaquismo, sumadas a las drogas de venta prohibida (como la marihuana, cocaína, paco), es llamativo el crecimiento de las adicciones por ventas de fármacos o drogas que son de uso medicinal. Mucho tiene que ver en ello lo que se conoce como automedicación. 

En principio y por definición, el concepto de la automedicación se refiere al uso de medicamentos por iniciativa propia, sin que exista algún tipo de intervención por parte del médico, ni en el diagnóstico, ni en la prescripción, ni en la supervisión del tratamiento.

La automedicación es el uso irracional y descontrolado de fármacos sin algún tipo de precaución ni respaldo farmacéutico.


El abuso en el consumo de medicamentos en Argentina provoca la muerte de 22 mil personas al año, lo que se traduce en 60 decesos al día a un promedio de una víctima cada 23 minutos, según advirtió la Asociación Agentes de Propaganda Médica (AAPM).


Además, la automedicación es la segunda fuente de intoxicación después de las bebidas alcohólicas y mayor incluso, que la cocaína.


Las diversas consecuencias se producen al no tener conocimientos sobre los fármacos, la historia médica del paciente y forma en que los medicamentos funcionan en el organismo.


Es importante que la gente entienda e incorpore el riesgo que implica automedicarse. Más aún cuando como consecuencia de la publicidad masiva y del “rápido alivio” que supone la automedicación se corre el riesgo de caer en la automedicación no responsable. Es conocido que el acceso fácil a los medicamentos -en los supermercados por dar un ejemplo- es un elemento de extrema peligrosidad. En ese caso observamos a menudo que  los medicamentos están expuestos al lado de productos cosméticos, de perfumería o incluso de golosinas”.


Sería importante impulsar un cambio cultural, que empieza por darle mayor difusión a los trastornos que pueden generarse como consecuencia del uso inapropiado de los medicamentos. También debe procurarse que los médicos tengan mayor incumbencia en este cambio, y sean promotores educativos de estos temas con los pacientes.


Entre los factores que derivan en esta mala práctica, la automedicación, y que  deberían repensarse a fin de modificar este problema, se encuentran: escasez de tiempo para acudir a la consulta médica, dificultades para concurrir a los centros de salud, sumados a la pérdida de credibilidad en el sistema sanitario que hace que se quiera la solución rápida sin pasar por la consulta, o sino el deterioro de la relación médico-paciente que hace más impersonal el tratamiento definitivo de enfermedades en principio poco graves que se presentan muy a menudo como resfríos, gripe, cefaleas, trastornos gastrointestinales.


Otro aspecto serio es mucha propaganda actual de medicamentos de venta libre mal interpretados por la población. En muchos casos esa automedicación inicial contribuye a complicar o enmascarar la patología de base.


Ejemplos comunes de automedicación y que generan daños incluyen: tomar antiinflamatorios que no corresponden para cuadros de migraña, analgésicos para cuadros inflamatorios, antibióticos para infecciones virales inespecíficas, (se sabe que los antibióticos son para las infecciones bacterianas), uso de ansiolíticos (que se usan como tranquilizantes menores) para cuadros siquiátricos de otro tipo, o medicamentos digestivos tipo antidiarreicos o loperamida para cualquier episodio de gastroenteritis, o mucolíticos (que son para fluidificar las secreciones respiratorias), para disminuir  cualquier proceso de tos.


El mal uso puede generar intoxicaciones, como podrían ser las sobredosis, o provocar interacciones de medicamentos aumentando y disminuyendo los efectos de los mismos o causar algún efecto dañino  no deseado.


Las cifras de venta indican que los argentinos consumieron en el período apuntado un promedio de 500 mil envases de medicamentos de venta libre por día.


Argentina es uno de los países con mayor consumo de medicamentos por habitante con un promedio de más de 16 unidades anuales, cifra que solo es superada por Francia y España.


La Fundación CONAMED (Comisión Nacional de Medicamentos), ONG que trabaja en el tema del mal uso de los medicamentos, calculó que por cada peso gastado en medicamentos se destinan otros 10 para neutralizar efectos colaterales posteriores, a causa de una medicación errónea o el consumo excesivo.


El mercado de venta libre en permanente crecimiento en Argentina durante la última década en virtud de la abundancia de campañas publicitarias, la venta en góndolas y las escasas regulaciones.
El mercado “popular” o de venta libre tuvo un crecimiento continuo desde 2001 ya que de 14,37 por ciento trepó por encima del 26 por ciento anual a partir de 2008.


Visitadores médicos, colegios profesionales de farmacéuticos, académicos e incluso algunos legisladores de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron combatir el autoconsumo que alienta la venta libre y piden que todos los medicamentos sólo puedan ser expedidos en farmacias y por un profesional habilitado.


El Senado argentino aprobó en diciembre de 2009 la Ley 26.567 que prohíbe la venta de medicamentos (incluso los de venta libre) fuera de las farmacias. O sea, está prohibido desde entonces el expendio en kioscos y supermercados y el expendio debe ser por mostrador y no en góndolas al alcance del público.
La publicidad es cada vez mayor y más llamativa. Las farmacias son cada vez más grandes y se parecen más a centros comerciales que a las tradicionales farmacias, en definitiva lugares a los cuales uno recurre en busca de consejo y, sobre todo, con una prescripción médica.


Una alternativa a la consulta médica es consultar con el farmacéutico, que posee un importante conocimiento de los medicamentos que dispensa adquiridos mediante una carrera universitaria y mediante su constante formación postuniversitaria. El farmacéutico debe jugar un rol de mayor consideración en el esquema de la atención sanitaria.


Hay como dijimos legislación nacional que debe ser cumplida y todos debemos contribuir a advertir y corregir el peligro que significa para la población la automedicación.
 
 Autor: Eduardo Tassano (*)
 Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud
 Especial para época

jueves, 3 de octubre de 2013

La diabetes en la población









Es componente primordial de las enfermedades crónicas no transmisibles. Junto a las cardiovasculares, el cáncer y las crónicas pulmonares constituyen el cuarteto que lideraran las causas de enfermedad y muerte del siglo XXI.

La glucosa es principal fuente de energía para el organismo. Hay dos tipos de diabetes; en el tipo 1 hay ausencia total o casi total de la producción de insulina, y la tipo 2 en la cual la insulina no puede ser utilizada en forma eficaz y hay que “ayudarla”. Este no funcionamiento de la insulina le hace mucho daño a las arterias del organismo y acelera la arterioesclerosis, lo que genera todos los males de la diabetes.

Dado que la diabetes de tipo 2 se relaciona con el estilo de vida, hoy nos referiremos casi exclusivamente a ella.
En muchos países, la diabetes consume entre el 5% y el 10% del presupuesto destinado a la salud, y más del 50% de este costo es debido a las complicaciones de la diabetes. Es una de las mayores amenazas para la salud pública a nivel mundial y rápidamente se está agravando, teniendo su mayor impacto en los adultos en edad productiva de los países en vías de desarrollo.


La diabetes es una condición común y su frecuencia está elevándose de forma alarmante en todo el planeta. Por lo menos 171 millones de personas en el mundo tienen diabetes. Es probable que para el 2030 esta cantidad aumente a más del doble.


En los países en vías de desarrollo el número de personas con diabetes aumentará un 150% en los próximos 25 años.


El aumento mundial que ocurrirá de la diabetes será debido al envejecimiento y crecimiento de la población, además de la tendencia en el aumento de la obesidad, dietas no saludables y estilos de vida sedentarios.
En los países desarrollados la mayoría de las personas con diabetes se encuentran por encima de la edad de jubilación, mientras que en los países en vías de desarrollo los afectados con más frecuencia son las personas entre los 35 y los 64 años de edad.


Es posible llevar una vida completa y saludable teniendo diabetes: los estudios científicos han demostrado que un tratamiento farmacológico efectivo y medidas generales como realización de actividad física, utilización de dietas adecuadas, evitando cuidadosamente el sobrepeso, pueden prevenir o retrasar las complicaciones. Además  combatir el tabaquismo es básico y es perentorio tratar las condiciones agravantes como la hipertensión y el colesterol altos.


En ese sentido el Estudio Finlandés de Prevención de Diabetes mostró que una mejor dieta, un incremento en la actividad física y una pérdida modesta en el peso corporal podrían disminuir en forma importante el desarrollo de la diabetes de tipo 2 en adultos de edad media y alto riesgo.


Es muy importante tener un sistema sanitario orientado a la atención primaria que siga de cerca estos pacientes y que estos a su vez puedan acceder a los conocimientos básicos de la enfermedad. Este conocimiento es decisivo en la adhesión al tratamiento que se necesita. En todos los estudios conducidos hasta el momento en personas de alto riesgo, los cambios en los estilos de vida han sido mucho más efectivos que el uso de medicamentos.


No obstante la magnitud del problema requiere de grandes medidas poblacionales que logren reducir los niveles de sobrepeso y obesidad, así como la inactividad física.


Sin dudas que desde los sectores decisorios hay que trabajar en las políticas referidas al diseño de las ciudades, o el transporte público o privado, buena educación en temas alimentarios, promoción seria de la actividad física. Todos estos factores pueden jugar un papel importante en disminuir el riesgo poblacional de desarrollar diabetes tipo 2.


La diabetes se ha convertido en una de las mayores causas de enfermedad y muerte prematura en la mayoría de los países, esto debido principalmente al aumento en el riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV). Las enfermedades cardiovasculares son responsables de más del 60% de los fallecimientos por diabetes.
Los principales problemas de la circulación que provoca la diabetes se dan a nivel de los riñones, los ojos y las piernas. Estas complicaciones son responsables de la mayor parte del problema social y financiero de la diabetes.


El problema de la muerte prematura ocasionada por la diabetes es similar a la del VIH/SIDA, no obstante, el problema aun permanece sin ser reconocido en su total magnitud. Las proyecciones de la incidencia de diabetes en principio pueden superar al aumento de la incidencia de obesidad.
Cuáles son los grupos poblacionales de mayor riesgo:


 1) En primer lugar los adultos y niños que tienen sobrepeso u obesidad y que son físicamente inactivos. Sin dudas que el aumento de peso puede resultar en resistencia a la insulina; debido a esto el cuerpo es incapaz de utilizar de manera eficaz la insulina que produce. Al mismo tiempo, la inactividad física que es una causa y una consecuencia del aumento del peso, también contribuye a la resistencia a la insulina. El problema de la obesidad y el sobrepeso está extendiéndose a los países en vías de desarrollo, especialmente en las áreas urbanas. Esto porque realizan menos actividad física que en las áreas rurales y la alimentación es más rica en grasas e hidratos de carbono.


2) La raza también influye se ha comprobado que se detectan más altas tasas en las personas de origen asiático y africano, así como en los indígenas de las Américas y australiano-asiáticos.


3) Los antecedentes familiares de diabetes: Los estudios han demostrado que la gente que tiene una fuerte historia familiar de diabetes, como en uno de sus padres o hermanos, tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes.


4) Mujeres que han tenido diabetes mellitus durante el embarazo. Este grupo poblacional puede desarrollar la enfermedad inclusive años después del embarazo.


El costo de la diabetes para el individuo y su familia no es sólo financiero, el costo intangible del dolor, la ansiedad y la reducción en la calidad de vida tienen un tremendo impacto pero son difíciles de cuantificar.
Asumir el problema, políticas de estado coordinadas, trabajo multisectorial, y concebir una salud pública orientada a los temas que epidemiológicamente sean relevantes como el que hoy nos ocupa son el camino para prevenir estas epidemias modernas.


Autor: Eduardo Tassano Máster en Gerenciamiento en Sistemas y Servicios de Salud
Fuente: Especial para época

jueves, 26 de septiembre de 2013

Consideraciones sobre los accidentes de tránsito







   Una de las principales responsabilidades del sector de la  salud, es la protección del bienestar público mediante el aseguramiento de un ambiente físico y social saludable, que posibilite el desarrollo humano sostenible;  es decir, el mejoramiento de las condiciones materiales para responder a las necesidades de la actual generación,  sin comprometer la respuesta a las necesidades de generaciones futuras y que proteja a las personas más vulnerables de la sociedad. Para tal fin, el sector salud debe trabajar en los principales temas que afectan la salud de la población. Hoy es trascendente la problemática de los accidentes de tránsito que de una u otra manera, modifican el ambiente que rodea a una comunidad.

La seguridad vial, es tema de primer orden dentro de la salud pública en el mundo.
 Desde que el hombre se movilizo por sus propios medios, hasta el día de hoy en el que los adelantos tecnológicos mejoraron las condiciones de vida de la población, al acortar los tiempos de viaje y las distancias, también han desencadenado riesgos para la vida humana, muchas veces resultantes en traumatismos y muerte.

 El Informe mundial sobre  traumatismos causados por el tránsito, revela que se producen algo más de 4000 muertes diarias en el mundo. En cuanto a  las Américas, cada año mueren alrededor de 130.000 personas, más de 1.200.000 sufren traumatismos, y cientos de miles resultan discapacitadas como consecuencia de las colisiones, los choques, o por atropellamientos en las rutas.

     Aunque la mayoría son evitables, la falta de políticas permanentes, consistentes y compatibles con la situación de cada país agrava aún más el problema. A ello contribuyen, la existencia de infraestructura vial y vehículos en malas condiciones, pero también, conocimientos y comportamientos inadecuados de los conductores, ciertas normas sociales, el abuso del alcohol, y la falta de controles y de eficientes servicios médicos de urgencia.
Cada episodio de tránsito traumático, genera una repercusión corta, media y a largo plazo. Los costos para la sociedad, las familias y el sector de salud son considerables, aunque,  es difícil de calcular los cuantiosos daños de todo tipo que generan estos accidentes.

    Los traumatismos causados por vehículos de motor, afectan a cuatro categorías de usuarios de la vía pública: los peatones, los ocupantes de los vehículos  (conductores y los pasajeros), los ciclistas y los motociclistas.

Existen marcadas diferencias regionales y nacionales en la distribución de las lesiones. Los países con ingresos  bajos, como los que se encuentran en América Latina tienen una mezcla  de usuarios de la vía pública; peatones y vehículos de  de alta tecnología, que  comparten la vía pública con otros viejos y mal mantenidos, además de bicicletas, motocicletas, carritos empujados a mano y vehículos tirados por animales.  A pesar de ello, el diseño vial se centra  en las exigencias del flujo del vehículo de motor, más que en los usuarios no motorizados.
    No hay reglamentos legales, ni normas sociales que faciliten compartir las calles y las carreteras. Esto da lugar a que peatones, ciclistas y motociclistas se conviertan en las víctimas más frecuentes.
    De conformidad con las tendencias mundiales, las colisiones en la vía pública afectan desproporcionadamente a los hombres,  más que las mujeres en una proporción de 8 a 2.

    En la distribución de las muertes, causadas por el tránsito en las Américas por grupo de edad, encontramos que los adultos de 15 a 29 años representaron 32% de la carga de la mortalidad vial, seguidos de los adultos de 30 a 44 años de edad, con 25%.  Teniendo en cuenta los datos anteriores, se puede decir que los accidentes de tránsito constituyen la primera causa de muerte en los jóvenes en el grupo 15 a 45 años; esta tendencia en las Américas, es compatible con las tendencias mundiales.
 Sabemos que  las personas  de 15 a 59 años, son las de mayor productividad y  en consecuencia, su muerte o discapacidad tiene fuerte repercusión sobre los costos económicos y sociales de cada país.

La persistencia de condiciones deficientes de seguridad vial, sin embargo, pone de relieve la inadecuación de las estrategias dominantes disponibles. Se necesitan nuevas propuestas e intervenciones para posibilitar ámbitos de circulación más equitativos y seguros, para encontrar las soluciones más apropiadas, en lugar de considerar aisladamente a los principales factores, usuario de la vía pública, vía pública y vehículos. Para lograr  esto, es  indispensable considerar en su conjunto el contexto físico, político, institucional, técnico y de aplicación de la ley, y su influencia sobre las condiciones de seguridad vial.

    Es preferible, que  la responsabilidad de la política vial este en  manos de las autoridades municipales, que siempre pueden tomar las mejores soluciones en el contexto local.  El contexto técnico, también desempeña un papel importante. Los planificadores del transporte y del tránsito pertenecen a organismos con una tradición técnica estricta, que a menudo descuidan enfoques sociales más amplios de los problemas; no se hallan obligados a priorizar la seguridad y no pueden ser responsabilizados legalmente por las consecuencias en materia de seguridad, de los planes que elaboran.

    Otra dificultad para mejorar la planificación del tránsito, radica en la falta de datos confiables, referidos a los accidentes y a sus víctimas, provenientes de distintos sectores tales como el transporte, la policía y los sectores de la salud. Las condiciones en que se impone o no el cumplimiento de leyes y reglamentos también contribuyen a mantener elevadas las tasas de accidentes y muertes causadas por el tránsito.  
    En síntesis: identificar un organismo rector; evaluar el problema, las políticas y los ámbitos institucionales, preparar una estrategia y un plan de acción nacionales, asignar recursos humanos y financieros para abordar el problema, ejecutar acciones específicas y apoyar el desarrollo de la capacidad nacional y de la cooperación internacional, definir objetivos; mejorar la legislación y la cobertura de seguros para las personas más vulnerables, y ocuparse efectivamente de que los espacios públicos, tales como las calles y las carreteras, respondan a las necesidades de la gente y aseguren la atención de las víctimas.

   La atención profesional inmediata de las víctimas del tránsito, salva vidas. Hay países con “Sistemas de  Prevención de Accidentes”, con desarrollo de modelos  de atención pre hospitalaria, con  “Centros coordinadores de Gestión Médica de Emergencias” que sirven de base para organizar, estandarizar, categorizar, proporcionar y evaluar una atención médica de emergencias, de buena calidad y equitativa.  Además  tienen  redes de atención de emergencias, y está progresando el sistema de registro y vigilancia epidemiológicos.

   La seguridad vial, es un componente de la seguridad pública y tiene por objetivo proteger a todos los habitantes, incluidos los turistas. Por tal motivo, su problemática atañe tanto a las autoridades como a la población en general.
Las personas se sienten seguras no solo cuando su vida, su bienestar, sus bienes no se ven amenazados por el accionar de la delincuencia y los violentos, sino también, cuando pueden disfrutar de los espacios públicos sin el riesgo de sufrir accidentes de tránsito.

Autor: Eduardo Tassano


jueves, 19 de septiembre de 2013

La epidemia silenciosa: contaminación sonora







De los determinantes de la salud, los factores ambientales son causantes del 23% de las de diversas enfermedades y muerte de la población mundial. Estos contaminantes ambientales pueden ser de diversos tipos.
  ¿Cuál es el contaminante más extendido en el mundo? No, ninguno de los que está pensando. El contaminante ambiental más común y frecuente es el ruido, y en especial en la ecología laboral, dato que vienen demostrando las encuestas realizadas, sobre condiciones de trabajo desde finales del siglo XX. Este es un factor que está en franco aumento, haciendo que un tercio de la población  mundial, y el 75% de los habitantes de los países industrializados, padezca  de cierto grado de sordera.

Recordemos que el rango de un cuchicheo esta alrededor de los 30 decibeles, una conversación normal entre 40 y 60 decibeles y alzar la voz entre 60 y 70 decibeles; elevando el sonido, a un mayor nivel, ya  estamos hablando  de la probabilidad de provocar un trauma acústico. Este puede ser agudo, por ejemplo, el que es producido en una fiesta, un recital, o puede ser en forma crónica lo que sería una exposición a lo largo del tiempo; sobre todo, son muy dañinos los sonidos agudos como sierras, aviones, o sonidos que se producen en la construcción.
En Argentina, más de un millón de trabajadores está expuesto a niveles de ruidos nocivos, superiores a 80 decibeles (dB), y de ellos, 200.000 presentan daño auditivo. 

La OPS refiere una prevalencia promedio de hipoacusia de origen profesional del 17% para América latina, en trabajadores con jornadas de 8 horas diarias, durante 5 días a la semana con una exposición que varía entre 10 a 15 años, con un dato nada alentador podemos afirmar que  este daño es incurable.

Hoy conocemos a este trastorno, como HIR (Hipoacusia Inducida por Ruido) y es la disminución de la capacidad auditiva de uno o ambos oídos, de tipo neurosensorial, parcial o total, permanente y acumulativa, de origen gradual e insidioso, y como resultado de la exposición a niveles perjudiciales de ruido en el ambiente, de tipo continuo, intermitente y fluctuante, con intensidad relativamente alta (85 dB) durante un período prolongado. La OMS y la OIT definen al ruido como “un sonido desagradable y molesto, que a niveles excesivamente altos es potencialmente nocivo para la salud; y según la intensidad se pueden dividir en moderados, intensos y muy intensos, hasta ser perjudiciales para la salud auditiva”.

Este sonido molesto y no deseado interfiere con el sueño, el trabajo, el descanso y lesiona, tanto física como psicológicamente al trabajador. No debemos confundir la HIR con el trauma acústico, causado por un ruido único y súbito, de escasa duración pero de muy alta intensidad, con pérdida auditiva repentina y generalmente dolorosa (a veces de un solo oído, el del lado que recibe el impacto sonoro), vértigo y acufenos.
La HIR representa en nuestro medio uno de los problemas de salud prevalentes, como resultado de la contaminación sonora ambiental y ruido ocupacional, que termina dejando graves secuelas en el órgano de la audición, con sorderas profundas, trastornos del lenguaje y severas limitaciones sociales.

El factor más importante, para valorar el riesgo de ruido de un lugar de trabajo es medir la intensidad del ruido a través de la energía con la que se produce (que se mide en decibeles). La variación encontrada en los ruidos industriales es enorme: un ruido que produce dolor es 10 billones de veces mayor que el sonido más débil que puede oírse.
Los sonidos que están por encima de los 90 decibeles pueden ocasionar una vibración tan intensa que lesionan el oído interno, especialmente si son prolongados.

Los especialistas explican que el nivel mínimo puede encontrarse en un laboratorio a 10 dB, seguido de zonas rurales a 30 dB e ir ascendiendo, lo que implica que las exposiciones a los ruidos de una calle con tráfico intenso corresponden a 80 dB, que es el límite de tolerancia; un taller de metal o concierto de rock a 110 dB, hasta llegar a un avión despegando a 140 dB, que es un sonido que produce dolor. Un camión a 4 metros genera 90 dB, al igual que una moto con motor ruidoso, y un martillo neumático genera 130 dB en dos metros a su alrededor.

Ante las actividades que conducen a un alto grado de hipoacusia están el mantenimiento de aeronaves en tierra, la construcción, la agricultura y los trabajos que involucran música o maquinaria a alto volumen. Los más afectados son hombres que trabajan como peones de carga en la industria manufacturera, mineros, operadores de maquinaria, trefiladores y estiradores de metal, soldadores y electricistas de obras; fácilmente se percibe que un número elevado de trabajadores se encuentran sometidos a niveles sonoros por encima del límite máximo permisible (LMP) determinado en 85 dB.

Por regla general, se dice que si en un ambiente es necesario gritar para ser escuchado, el sonido está en un rango en que puede dañar la audición.

Todo lo anterior, involucra al ámbito laboral. ¿Qué sucede en la vida cotidiana? Si bien los trabajadores son el grupo más expuesto, los altos niveles de ruido afectan al resto de la población por la adquisición de conductas insalubres para la audición, especialmente en zonas urbanas.

Desde la invención de los walkman a principios de los ‘80, cada vez más personas emplean auriculares pequeños en celulares y equipos de audio portátiles que concentran gran potencia sonora hacia el interior del oído, generando una especie de “cañón sónico” al no quedar otra salida que el canal auditivo, y haciendo que el sonido no pueda dispersarse para hacerse más inocuo, cosa que sí sucede usando auriculares externos, que por esto mismo son más seguros. Este hábito, termina siendo una agresión contra el oído, por ser de alto volumen y de larga duración, lo que induce a pérdidas auditivas, mareos y vértigo, sin mencionar la pérdida de atención al tránsito, que pueden generar accidentes viales.

Hoy vemos en la ciudad conductores que manejan con auriculares puestos, aislándose y perdiendo la captación de cualquier señal de alerta, a la vez que exponiéndose a sí mismo y a los demás a sufrir vértigos y mareos al volante, o al manubrio de motos y bicicletas, todo lo cual hace imperativa una campaña de prevención y promoción sobre las consecuencias de su mal empleo.

La sordera adquirida tiene carácter progresivo e irreversible, por lo que la única medida eficaz para evitarla es la prevención mediante medidas ambientales y de higiene que, en relación con el origen del ruido, eviten o disminuyan el nivel en los puestos de trabajo. Para esto deben mejorarse los diseños de maquinaria y su mantenimiento, así como distribuir al personal en estaciones de trabajo que no estén tan expuestas a ruidos, y eventualmente colocar silenciadores con tratamiento fonoabsorbente y elementos anti-vibratorios, cabinas insonorizadas, reducir el tiempo de exposición y rotar los puestos; también deben proveerse EPP (Elementos de Protección Personal) consistentes en protectores auditivos en los sitios álgidos de emisión de ruidos. 

Nuestro mundo es ruidoso: el uso extensivo de maquinaria grande o pequeña en nuestro entorno próximo nos convierte en susceptibles a una disminución de nuestra percepción. El oído suele ser agredido en forma tan gradual, que el daño no es detectado hasta que se vuelve grave, y en general no es la propia persona quien se percata, sino alguien de su entorno que se lo hace notar, dándose la situación de que esta patología incide en su esfera social, laboral, etc.
Prevención y promoción del conocimiento de estos temas ese es el camino. 

Autor: Eduardo Tassano

jueves, 12 de septiembre de 2013

El deporte es salud




El deporte es toda aquella actividad física que involucra una serie de reglas o normas a desempeñar dentro de un espacio o área determinada (campo de juego, cancha, pista, etc) a menudo asociada a la competitividad deportiva. Por lo general debe estar institucionalizado (federaciones, clubes), y requiere competición con uno mismo o con los demás.

    Como término solitario, el deporte se refiere normalmente a actividades en las cuales la capacidad física  del competidor es la forma primordial para determinar el resultado (ganar o perder); sin embargo, también se reconocen como deportes actividades competitivas que combinen tanto físico como intelecto, y no sólo una de ellas.

El deporte tiene una gran influencia en la sociedad; destaca de manera notable su importancia en la cultura y en la construcción de la identidad nacional. En el ámbito práctico, el deporte tiene efectos tangibles y predominantemente positivos en las esferas de la educación, la economía y la salud pública.

    En el terreno educativo, el deporte juega un papel de transmisión de valores a niños, adolescentes e incluso adultos. En conjunción con la actividad física se inculcan valores de respeto, responsabilidad, compromiso y dedicación, entre otros, sirviendo a un proceso de socialización y de involucración con las mejoras de las estructuras y actitudes sociales. El deporte contribuye a establecer relaciones sociales entre diferentes personas y diferentes culturas y así contribuye a inculcar la noción de respeto hacia los otros, enseñando cómo competir constructivamente, sin hacer del antagonismo un fin en sí. Otro valor social importante en el deporte es el aprendizaje de cómo ganar y cómo saber reconocer la derrota sin sacrificar las metas y objetivos.

    En el apartado económico, la influencia del deporte es indudable, debido a la cantidad de personas que practican el deporte así como las que lo disfrutan como espectáculos de masas, haciendo de los deportes importantes negocios que financian a los deportistas, agentes, medios, turismo y también indirectamente, a otros sectores de la economía.

  El Deporte es sin ninguna duda un vehículo ideal para la transmisión de valores, pero también es extraordinario su aporte a la salud, tanto física como espiritual. La primera alude a una mejora general en el organismo, en tanto la segunda se vincula con su inmensa capacidad para irradiar optimismo, alegría de vivir, y otorgarle sentido a la vida.

     El aspecto de entretenimiento del deporte, junto al crecimiento de los medios de comunicación y el incremento del tiempo de ocio, ha provocado que se profesionalice el mundo del deporte.

        Esto ha conducido a cierta polémica, ya que para el deportista profesional puede llegar a ser más importante el dinero o la fama que el propio acto deportivo en sí. Al mismo tiempo, algunos deportes han evolucionado para conseguir mayores beneficios o ser más populares, en ocasiones perdiéndose algunas valiosas tradiciones. El aumento de la competitividad a veces lleva a practicas desleales “para lograr el triunfo”, y esa es la faceta mala del deporte.

   Analizando el tema salud  tenemos cuatro aristas a considerar:   

1) Deportistas de alta competencia:  La tecnología se encuentra presente desde la nutrición hasta el tratamiento de lesiones, incrementando el potencial del deportista. Los atletas contemporáneos son capaces de practicar deporte a mayores edades, recuperarse más rápidamente de lesiones y entrenar de forma más efectiva que en generaciones anteriores. Un aspecto negativo de la tecnología aplicada al deporte consiste en el diseño y consumo de sustancias dopantes, las cuales mejoran el rendimiento del deportista hasta muy altos niveles, en ocasiones llegando a afectar seriamente  la salud del mismo, pudiendo ocasionar daños irreversibles en el cuerpo o incluso la muerte. Por esta razón, en un gran número de deportes, dichas sustancias están prohibidas por los distintos órganos reguladores del deporte a nivel profesional, pudiendo significar su consumo la descalificación o la inhabilitación del infractor.

2) El deporte en la sociedad: La práctica del deporte eleva también el bienestar y la calidad de vida de la sociedad por los efectos beneficiosos de la actividad física, tanto para la salud corporal como la emocional. Las personas que practican deporte y otras actividades no sedentarias con regularidad suelen sentirse más satisfechos y experimentan, subjetivamente, un mayor bienestar.

 El fenómeno del deporte como representación de la sociedad también se  explica por su importancia como espectáculo. En este rol, los encuentros deportivos sirven para afirmar el valor y las aptitudes físicas no solo de los jugadores, sino de la comunidad a la que representan. Es común que los resultados en las competiciones internacionales sean interpretados como una validación de la cultura y hasta del sistema político del país al que representan los deportistas. Este aspecto del deporte puede tener efectos negativos, como estallidos de violencia durante o tras las competiciones. Por otro lado, el deporte es considerado como un medio para disminuir la violencia y delincuencia en la sociedad.

 3) El deporte no competitivo en la población: Al practicar algún deporte en forma regular sin cometer abusos ni sobre entrenamientos, se está favoreciendo al funcionamiento del cuerpo. Cada órgano o sistema tiene una reacción determinada cuando se hace ejercicio. De esta manera usted cuida su salud física y mental.

El deporte beneficia al sistema cardiovascular, reduciendo el riesgo de arterioesclerosis y la posibilidad de un accidente coronario. Baja la presión sanguínea, ayuda a adelgazar y facilita el trabajo del corazón. Provoca una dilatación de los vasos periféricos, haciendo que  llegue a ellos mayor cantidad de sangre, la que carga oxígeno. El corazón, como cualquier músculo, se desarrolla más cuanto más trabaja, se vuelve más eficiente moviendo mayor cantidad de sangre, disminuyendo el número de contracciones que necesita.

4) El deporte como motor de la actividad física: Diversos trabajos realizados en los Estados Unidos y en los países escandinavos demuestran que las personas activas viven más que las de hábitos sedentarios, porque el ejercicio físico disminuye las concentraciones sanguíneas de colesterol, LDL y triglicéridos. Toda actividad física origina la liberación de diversas hormonas que provocan placer y bienestar en el individuo. Las más conocidas son las endorfinas, una sustancia magnífica que no ha sido capaz de ser creada por el hombre y que, entre muchas ventajas, aumenta considerablemente el umbral del dolor.

   La transformación que el deporte provoca en la calidad de vida de una sociedad es tan impactante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que por cada dólar que se invierte en deporte se ahorran tres en salud. Hoy se sostiene que el deporte puede resolver el problema número uno de los chicos que es hoy la obesidad, la que deriva en enfermedades muy costosas para los gobiernos como la diabetes, el colesterol y el cáncer.

   Es necesario inculcar a la dirigencia, no sólo a la política, que cada peso que se invierte en deporte es en realidad una formidable inversión que se recupera de distintas maneras. No se trata de buscar desesperadamente la obtención de medallas o resultados deportivos, sino de vencer el sedentarismo, la falta de sentido a la vida y tantos otros problemas instalados en la sociedad actual. El día que, como sociedad, comprendamos la importancia mayúscula que tiene el deporte se empezará a gestar una verdadera transformación.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Síndrome metabólico: otra enfermedad de la vida moderna






El síndrome metabólico aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca o diabetes. La principal causa de enfermedad y muerte de la vida moderna son las enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades  forman parte de las enfermedades crónicas no transmisibles, y estas a su vez  constituyen la epidemia del siglo XXI.

 Muchos enfermos cardiovasculares tienen varios elementos en común, que  tienen que ver con varios desordenes metabólicos,  la presencia de varios de ellos configura el síndrome metabólico.  El elemento común del síndrome metabólico es  el mal funcionamiento de la insulina (“resistencia”), sumado obesidad central (la famosa panza) y a esto se agregan uno o varios de los siguientes: hipertensión arterial, colesterol y/o triglicéridos altos, o colesterol “bueno” bajos.

El descubrimiento del síndrome metabólico es muy reciente. Los científicos todavía no saben si son manifestaciones de una enfermedad, que aún no se ha podido identificar, o son varias alteraciones que presentan unos síntomas comunes.

Tampoco hay un criterio definitivo para su diagnóstico. Se cree que la causa podría estar relacionada con una resistencia a la insulina, originada por una enfermedad genética. La insulina es una hormona que produce el páncreas y sirve para que la glucosa o “azúcar” de la sangre entre a las células para su utilización. Las células la necesitan como  energía para el funcionamiento del cuerpo. Cuando hay “resistencia” a la insulina, la glucosa no entra a las células. Con el paso del tiempo, al no ingresar la glucosa a las células, aumenta la glucosa en sangre y así, origina la famosa diabetes II que coexiste frecuentemente con la obesidad.

El Síndrome Metabólico no es en sí mismo una única enfermedad, sino que engloba una serie de anormalidades caracterizadas por desórdenes metabólicos, y su presencia se asocia a un mayor riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular o diabetes tipo-2, así como una enfermedad renal y mala circulación en las piernas.

Las anormalidades  comprenden:

 •Exceso de grasa concentrada en la zona abdominal (obesidad central). Un perímetro de cintura de 100 cm o más  en hombres y 90 cm o más  en las mujeres.
•Hipertensión arterial (130/85 mmHg o mayor)
 •Aumento de los niveles de glucosa en ayunas: igual o superior a 100 mg/dL
 •Concentraciones altas de triglicéridos.
 •Niveles bajos de colesterol bueno HDL.

Aunque no se conocen con exactitud las razones por las que se produce el síndrome metabólico, sí  se sabe con seguridad, que los diabéticos y las personas que sufren hiperinsulinemia tienen más riesgo de sufrir el síndrome metabólico.

Pero, en lo que sí hay acuerdo es que la reducción de los factores del síndrome metabólico disminuye la posibilidad de desarrollar arteriosclerosis, y por lo tanto la enfermedad coronaria, y también diabetes.

El síndrome metabólico no presenta síntomas.  Para su detección, se hacen análisis de sangre para medir las concentraciones de colesterol y de triglicéridos, así como la toma de presión arterial.

El Síndrome Metabólico es de etiología multifactorial y, por ello, no se puede tratar abarcando un único factor causal. En realidad, para muchos especialistas, la causa principal es el exceso de peso y la concentración de grasa en la zona abdominal, pero es evidente que algo provocó previamente el aumento de peso hasta límites patológicos.

En Estados Unidos, alrededor del 25% de la población mayor de 20 años padece del síndrome metabólico. Respecto de los perfiles de la edad de los candidatos a padecer de Síndrome Metabólico, éste ha ido bajando de forma dramática. Si antes se hablaba de pacientes que bordeaban los 50 años, ahora el grupo de riesgo está situado en torno de los 35 años, ello porque desde etapas muy tempranas de la vida, las personas adoptan malos hábitos de alimentación y escaso ejercicio físico. En poblaciones de alto riesgo, como la de familiares de personas con diabetes, la prevalencia aumenta considerablemente hasta casi el 50%, llega a más del 80% en personas diabéticas y al 40  en personas con intolerancia a la glucosa.

En Argentina sabemos que aproximadamente el 10% de la población es diabética, y que el 30% de los niños en edad preescolar y escolar tienen sobrepeso, ambos aspectos de suma gravedad para considerar en el síndrome metabólico.

Como siempre decimos… la causa la podemos encontrar a nuestro alrededor cuando cada día vemos miles de puestos de comida rápida, el estresante ritmo de vida, el sedentarismo, las presiones sociales y publicidades engañosas. Pero también, gran parte de la responsabilidad es nuestra. Es difícil, pero se puede.

Tener que luchar contra una sociedad que engorda no es, para nada, fácil, pero debemos empezar por hacernos la propuesta.

La resistencia a la insulina se origina por problemas en los receptores insulínicos ubicados en las células a las cuales debe ingresar la glucosa. Al no encontrar respuesta a la insulina esta aumenta en sangre siendo, en un primer momento, el indicador más fiable.

Así se origina un “síndrome” caracterizado por este gran coctel de enfermedades metabólicas que se vinculan entre sí al desencadenar un elevado riesgo de morbimortalidad asociado a enfermedades cardiovasculares.

Cuando se conocen las consecuencias solemos tomar conciencia de lo que sufre nuestro organismo. No merecemos este maltrato, estas enfermedades son evitables.

¿No creen que sea hora de iniciar un plan para prevenir en cada uno estas enfermedades que avanzan a pasos agigantados en la sociedad del siglo XXI?
Para ello es recomendable realizar unos cambios en el estilo de vida:

 •seguir una dieta equilibrada, limitando la ingesta de grasa saturada y colesterol, y aumentando el consumo de fibra soluble.
•dejar de fumar
•reducir el consumo de alcohol
•practicar una actividad física

En algunos casos, es posible que el tratamiento se acompañe con medicamentos para tratar las enfermedades relacionadas, como la presión arterial alta (fármacos hipotensores), la diabetes (con medicinas para tratar la resistencia a la insulina) o estatinas para controlar el colesterol).

Son temas de salud pública de enfoque multisectorial que deben ser abordados como políticas de Estado.


 Autor: Eduardo Tassano

jueves, 22 de agosto de 2013

Una generación que alarma a Argentina


 El 12 de agosto último se celebró el Día Mundial de la Juventud en todo el mundo. Esa fecha que constituye un momento de alegría por el significado que tiene para todos, ya que  representa al futuro de la humanidad,  se ve ensombrecida por una preocupación: la generación de  los jóvenes nini.  
La salud pública implica el bienestar sicofísico y social de una población.  Es decir que mas allá de la aparente buena salud sicofísica que puede presentar un joven es importante que lo social y lo ambiental que lo rodea provea elementos productivos y que hagan a una buena salud mental y por ende física y que la expectativa por el futuro sea movilizadora para la realización plena de la juventud.

Es natural y lógico que los jóvenes de una sociedad se estén preparando para el futuro  tanto individual como colectivamente,  en esa permanente búsqueda que significa la grandeza de un  país. Las ganas de progresar y superarse dentro de un entorno favorable hacen a la salud mental de los jóvenes y los predispone a un futuro de éxito personal.

Sin embargo en nuestro país desde hace algunos años estamos ante un fenómeno social con los jóvenes que, sin duda alguna, repercute en la salud de los mismos y en las posibilidades de su desarrollo.  Ese fenómeno es la llamada  generación  NINI,  es decir jóvenes que  Ni estudian, Ni trabajan,  Ni buscan empleo.
En Argentina existen 3.253.000 adolescentes de 15 a 19 años y 3.174.000 jóvenes adultos de 20 a 24 años: en total, unos 6.427.000 de chicos que representan al 20% de la población total. Hay 900 mil jóvenes que descreen del esfuerzo como una herramienta para progresar. Dos de cada diez del total de seis millones de argentinos de entre 15 y 24 años no tiene ganas de nada. Muchos ya ni siquiera buscan empleo. El 80% vive en hogares pobres.

El segmento de jóvenes que ni estudian ni trabajan en Argentina se incrementó un 17% desde el  2003 a la fecha y hoy alcanza a casi un millón de chicos de entre 15 y 24 años, según cifras del propio INDEC.  Mientras, el plan del Ministerio de Trabajo para insertar a esta franja de la población en el mercado laboral no arroja resultados, pese a que el presupuesto escaló de $ 225 millones en 2009 a $ 1027 millones en la actualidad.

Generaciones anteriores creíamos que: “Si uno  se esforzaba, lograba estudiar y trabajar, el progreso no tenía límites”. En cambio, ahora, los chicos observan dos cosas: una es  que los padres o los abuelos trabajan o se esfuerzan mucho pero no ven ningún progreso y la otra es que no los han visto nunca trabajar y no perciben que el lograr mejoras tiene que ver con el esfuerzo del trabajo.
De este lado del mundo, la mayoría de  los ni-ni pertenecen a sectores indigentes, pobres y vulnerables. “En Argentina,  surgen de un proceso de descomposición social, de una historia de degradación de la economía y de la sociedad de largo período, que supone la precarización del mundo del trabajo, la desprotección social y, por último, el abandono de niños y jóvenes.

El 80% de estos jóvenes sin proyectos ni ilusiones vive en hogares pobres. Sólo el 8% de los ni-ni tienen un mejor pasar económico. La mayor parte de los ni-ni, el 68,3%, no terminó la secundaria y la mayoría son mujeres: 73% .Entre las mujeres -que son siete de cada diez de ese segmento- el problema no es la apatía, sino otro: abandonan la escuela o dejan de buscar trabajo cuando quedan embarazadas o tienen que cuidar a sus hermanos más chicos.

Para todos, en definitiva, el progreso no existe, tienen una grave crisis de participación, no creen en instituciones como la escuela o los sindicatos. Entre el 40 y el 50 % de esos chicos, el abandono escolar hace estragos. Ellos reconocen que ése es el primer paso  para quedar afuera de todo. Una vez que dejan la escuela y salen a buscar trabajo, se encuentran con una realidad cruda: el 25% no tiene empleo y la precariedad laboral de los puestos de trabajo a los que tienen acceso trepa al 62,2%, cuando el índice para la población general es del 40%.

La exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo produce enormes daños individuales, familiares y sociales, y abre la puerta a comportamientos sociales perjudiciales muy temidos como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia, ya que la vulnerabilidad de este sector es mucha más alta que la del  resto de la sociedad.

Muchos de ellos están en situación de calle y otros que podrían ser recursos valiosos en cada hogar, no colaboran y eso genera más riesgos.

Es un fenómeno que existe en Argentina y en muchos lugares  del mundo, y tiene mucho que ver con la dinámica del mercado de trabajo, que no crea mano de obra y que suma modernización productiva y nuevas tecnologías que buscan ahorrar mano de obra. Y los pocos puestos de trabajo que se crean, exigen mucha calificación. O por otra parte hay sectores que no solicitan calificación pero paradojalmente no hay oferentes.

La incertidumbre, la apatía y la desilusión son moneda corriente entre estos jóvenes. Sin embargo, hay  especialistas que opinan  que la situación se puede revertir. La idea es que  si estos chicos son escuchados, con ayuda terapéutica y un trabajo interdisciplinario, pueden  salir de este estado constante y avanzar.
La solución es multidisciplinaria, no es un tema estricto de la educación, es prioritario definir qué país queremos y cómo vamos a generar y cumplir las expectativas con los jóvenes.  Es necesario buscar las medidas económicas que creen un clima de inversión y confianza y alinear las expectativas hacia el destino de grandeza que los argentinos se merecen.

Lo primero es reconocer el problema, luego tomarlo como una política de Estado y finalmente poner todos los sectores de la sociedad en la búsqueda de mejorar la oferta educativa, y que el país todo busque un verdadero desarrollo económico de los sectores productivos que generen los ámbitos para la realización de los jóvenes y que estos se entusiasmen con un futuro mejor  donde tengan la satisfacción de ganarse el sustento  por sus propios medios.

Autor: Eduardo Tassano