OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano
jueves, 5 de septiembre de 2013
Síndrome metabólico: otra enfermedad de la vida moderna
El síndrome metabólico aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca o diabetes. La principal causa de enfermedad y muerte de la vida moderna son las enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades forman parte de las enfermedades crónicas no transmisibles, y estas a su vez constituyen la epidemia del siglo XXI.
Muchos enfermos cardiovasculares tienen varios elementos en común, que tienen que ver con varios desordenes metabólicos, la presencia de varios de ellos configura el síndrome metabólico. El elemento común del síndrome metabólico es el mal funcionamiento de la insulina (“resistencia”), sumado obesidad central (la famosa panza) y a esto se agregan uno o varios de los siguientes: hipertensión arterial, colesterol y/o triglicéridos altos, o colesterol “bueno” bajos.
El descubrimiento del síndrome metabólico es muy reciente. Los científicos todavía no saben si son manifestaciones de una enfermedad, que aún no se ha podido identificar, o son varias alteraciones que presentan unos síntomas comunes.
Tampoco hay un criterio definitivo para su diagnóstico. Se cree que la causa podría estar relacionada con una resistencia a la insulina, originada por una enfermedad genética. La insulina es una hormona que produce el páncreas y sirve para que la glucosa o “azúcar” de la sangre entre a las células para su utilización. Las células la necesitan como energía para el funcionamiento del cuerpo. Cuando hay “resistencia” a la insulina, la glucosa no entra a las células. Con el paso del tiempo, al no ingresar la glucosa a las células, aumenta la glucosa en sangre y así, origina la famosa diabetes II que coexiste frecuentemente con la obesidad.
El Síndrome Metabólico no es en sí mismo una única enfermedad, sino que engloba una serie de anormalidades caracterizadas por desórdenes metabólicos, y su presencia se asocia a un mayor riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular o diabetes tipo-2, así como una enfermedad renal y mala circulación en las piernas.
Las anormalidades comprenden:
•Exceso de grasa concentrada en la zona abdominal (obesidad central). Un perímetro de cintura de 100 cm o más en hombres y 90 cm o más en las mujeres.
•Hipertensión arterial (130/85 mmHg o mayor)
•Aumento de los niveles de glucosa en ayunas: igual o superior a 100 mg/dL
•Concentraciones altas de triglicéridos.
•Niveles bajos de colesterol bueno HDL.
Aunque no se conocen con exactitud las razones por las que se produce el síndrome metabólico, sí se sabe con seguridad, que los diabéticos y las personas que sufren hiperinsulinemia tienen más riesgo de sufrir el síndrome metabólico.
Pero, en lo que sí hay acuerdo es que la reducción de los factores del síndrome metabólico disminuye la posibilidad de desarrollar arteriosclerosis, y por lo tanto la enfermedad coronaria, y también diabetes.
El síndrome metabólico no presenta síntomas. Para su detección, se hacen análisis de sangre para medir las concentraciones de colesterol y de triglicéridos, así como la toma de presión arterial.
El Síndrome Metabólico es de etiología multifactorial y, por ello, no se puede tratar abarcando un único factor causal. En realidad, para muchos especialistas, la causa principal es el exceso de peso y la concentración de grasa en la zona abdominal, pero es evidente que algo provocó previamente el aumento de peso hasta límites patológicos.
En Estados Unidos, alrededor del 25% de la población mayor de 20 años padece del síndrome metabólico. Respecto de los perfiles de la edad de los candidatos a padecer de Síndrome Metabólico, éste ha ido bajando de forma dramática. Si antes se hablaba de pacientes que bordeaban los 50 años, ahora el grupo de riesgo está situado en torno de los 35 años, ello porque desde etapas muy tempranas de la vida, las personas adoptan malos hábitos de alimentación y escaso ejercicio físico. En poblaciones de alto riesgo, como la de familiares de personas con diabetes, la prevalencia aumenta considerablemente hasta casi el 50%, llega a más del 80% en personas diabéticas y al 40 en personas con intolerancia a la glucosa.
En Argentina sabemos que aproximadamente el 10% de la población es diabética, y que el 30% de los niños en edad preescolar y escolar tienen sobrepeso, ambos aspectos de suma gravedad para considerar en el síndrome metabólico.
Como siempre decimos… la causa la podemos encontrar a nuestro alrededor cuando cada día vemos miles de puestos de comida rápida, el estresante ritmo de vida, el sedentarismo, las presiones sociales y publicidades engañosas. Pero también, gran parte de la responsabilidad es nuestra. Es difícil, pero se puede.
Tener que luchar contra una sociedad que engorda no es, para nada, fácil, pero debemos empezar por hacernos la propuesta.
La resistencia a la insulina se origina por problemas en los receptores insulínicos ubicados en las células a las cuales debe ingresar la glucosa. Al no encontrar respuesta a la insulina esta aumenta en sangre siendo, en un primer momento, el indicador más fiable.
Así se origina un “síndrome” caracterizado por este gran coctel de enfermedades metabólicas que se vinculan entre sí al desencadenar un elevado riesgo de morbimortalidad asociado a enfermedades cardiovasculares.
Cuando se conocen las consecuencias solemos tomar conciencia de lo que sufre nuestro organismo. No merecemos este maltrato, estas enfermedades son evitables.
¿No creen que sea hora de iniciar un plan para prevenir en cada uno estas enfermedades que avanzan a pasos agigantados en la sociedad del siglo XXI?
Para ello es recomendable realizar unos cambios en el estilo de vida:
•seguir una dieta equilibrada, limitando la ingesta de grasa saturada y colesterol, y aumentando el consumo de fibra soluble.
•dejar de fumar
•reducir el consumo de alcohol
•practicar una actividad física
En algunos casos, es posible que el tratamiento se acompañe con medicamentos para tratar las enfermedades relacionadas, como la presión arterial alta (fármacos hipotensores), la diabetes (con medicinas para tratar la resistencia a la insulina) o estatinas para controlar el colesterol).
Son temas de salud pública de enfoque multisectorial que deben ser abordados como políticas de Estado.
Autor: Eduardo Tassano
jueves, 22 de agosto de 2013
Una generación que alarma a Argentina
La salud pública implica el bienestar sicofísico y social de una población. Es decir que mas allá de la aparente buena salud sicofísica que puede presentar un joven es importante que lo social y lo ambiental que lo rodea provea elementos productivos y que hagan a una buena salud mental y por ende física y que la expectativa por el futuro sea movilizadora para la realización plena de la juventud.
Es natural y lógico que los jóvenes de una sociedad se estén preparando para el futuro tanto individual como colectivamente, en esa permanente búsqueda que significa la grandeza de un país. Las ganas de progresar y superarse dentro de un entorno favorable hacen a la salud mental de los jóvenes y los predispone a un futuro de éxito personal.
Sin embargo en nuestro país desde hace algunos años estamos ante un fenómeno social con los jóvenes que, sin duda alguna, repercute en la salud de los mismos y en las posibilidades de su desarrollo. Ese fenómeno es la llamada generación NINI, es decir jóvenes que Ni estudian, Ni trabajan, Ni buscan empleo.
En Argentina existen 3.253.000 adolescentes de 15 a 19 años y 3.174.000 jóvenes adultos de 20 a 24 años: en total, unos 6.427.000 de chicos que representan al 20% de la población total. Hay 900 mil jóvenes que descreen del esfuerzo como una herramienta para progresar. Dos de cada diez del total de seis millones de argentinos de entre 15 y 24 años no tiene ganas de nada. Muchos ya ni siquiera buscan empleo. El 80% vive en hogares pobres.
El segmento de jóvenes que ni estudian ni trabajan en Argentina se incrementó un 17% desde el 2003 a la fecha y hoy alcanza a casi un millón de chicos de entre 15 y 24 años, según cifras del propio INDEC. Mientras, el plan del Ministerio de Trabajo para insertar a esta franja de la población en el mercado laboral no arroja resultados, pese a que el presupuesto escaló de $ 225 millones en 2009 a $ 1027 millones en la actualidad.
Generaciones anteriores creíamos que: “Si uno se esforzaba, lograba estudiar y trabajar, el progreso no tenía límites”. En cambio, ahora, los chicos observan dos cosas: una es que los padres o los abuelos trabajan o se esfuerzan mucho pero no ven ningún progreso y la otra es que no los han visto nunca trabajar y no perciben que el lograr mejoras tiene que ver con el esfuerzo del trabajo.
De este lado del mundo, la mayoría de los ni-ni pertenecen a sectores indigentes, pobres y vulnerables. “En Argentina, surgen de un proceso de descomposición social, de una historia de degradación de la economía y de la sociedad de largo período, que supone la precarización del mundo del trabajo, la desprotección social y, por último, el abandono de niños y jóvenes.
El 80% de estos jóvenes sin proyectos ni ilusiones vive en hogares pobres. Sólo el 8% de los ni-ni tienen un mejor pasar económico. La mayor parte de los ni-ni, el 68,3%, no terminó la secundaria y la mayoría son mujeres: 73% .Entre las mujeres -que son siete de cada diez de ese segmento- el problema no es la apatía, sino otro: abandonan la escuela o dejan de buscar trabajo cuando quedan embarazadas o tienen que cuidar a sus hermanos más chicos.
Para todos, en definitiva, el progreso no existe, tienen una grave crisis de participación, no creen en instituciones como la escuela o los sindicatos. Entre el 40 y el 50 % de esos chicos, el abandono escolar hace estragos. Ellos reconocen que ése es el primer paso para quedar afuera de todo. Una vez que dejan la escuela y salen a buscar trabajo, se encuentran con una realidad cruda: el 25% no tiene empleo y la precariedad laboral de los puestos de trabajo a los que tienen acceso trepa al 62,2%, cuando el índice para la población general es del 40%.
La exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo produce enormes daños individuales, familiares y sociales, y abre la puerta a comportamientos sociales perjudiciales muy temidos como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia, ya que la vulnerabilidad de este sector es mucha más alta que la del resto de la sociedad.
Muchos de ellos están en situación de calle y otros que podrían ser recursos valiosos en cada hogar, no colaboran y eso genera más riesgos.
Es un fenómeno que existe en Argentina y en muchos lugares del mundo, y tiene mucho que ver con la dinámica del mercado de trabajo, que no crea mano de obra y que suma modernización productiva y nuevas tecnologías que buscan ahorrar mano de obra. Y los pocos puestos de trabajo que se crean, exigen mucha calificación. O por otra parte hay sectores que no solicitan calificación pero paradojalmente no hay oferentes.
La incertidumbre, la apatía y la desilusión son moneda corriente entre estos jóvenes. Sin embargo, hay especialistas que opinan que la situación se puede revertir. La idea es que si estos chicos son escuchados, con ayuda terapéutica y un trabajo interdisciplinario, pueden salir de este estado constante y avanzar.
La solución es multidisciplinaria, no es un tema estricto de la educación, es prioritario definir qué país queremos y cómo vamos a generar y cumplir las expectativas con los jóvenes. Es necesario buscar las medidas económicas que creen un clima de inversión y confianza y alinear las expectativas hacia el destino de grandeza que los argentinos se merecen.
Lo primero es reconocer el problema, luego tomarlo como una política de Estado y finalmente poner todos los sectores de la sociedad en la búsqueda de mejorar la oferta educativa, y que el país todo busque un verdadero desarrollo económico de los sectores productivos que generen los ámbitos para la realización de los jóvenes y que estos se entusiasmen con un futuro mejor donde tengan la satisfacción de ganarse el sustento por sus propios medios.
Autor: Eduardo Tassano
jueves, 15 de agosto de 2013
Salud mental: en su concepto amplio
La
buena salud empieza por la salud mental. Es importante este concepto porque a
veces se nos olvida y separamos una cosa de la otra, cuando en verdad, no
tenemos salud si no tenemos salud mental. La salud no es la ausencia de enfermedad, es el pleno estado
de bienestar físico, psíquico, social y espiritual. Todo esto con un
delicado equilibrio que permita al
individuo desempeñarse de manera socialmente activa y económicamente
productiva.
La
salud mental, no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Se define como un
estado de bienestar, en el cual el individuo es consciente de sus propias
capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar
de forma productiva y fructífera, como también ser capaz de hacer una contribución a la
comunidad. La
salud mental, se conceptualiza no sólo como un proceso o una variable de
resultado, sino también como una variable independiente, es decir, una
característica personal que influye en nuestro comportamiento. Afecta y puede
modificar la forma en cómo pensamos, sentimos y actuamos, cuando lidiamos con
la vida; también ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos
con otras personas y tomamos decisiones.
Sin
embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
establecen que no existe una definición “oficial”, sobre lo que es salud mental
y que cualquier definición estará siempre influenciada por diferencias
culturales, suposiciones, disputas entre teorías profesionales, la forma en que
las personas relacionan su entorno con la realidad, etc.
La
observación del comportamiento de una persona, en su vida diaria, es el
principal modo de conocer el estado de su salud mental, en aspectos como el
manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la
manutención de sus propias necesidades, la forma en que afronta sus propias
tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera en que dirige una vida
independiente. Además el comportamiento, que tiene una persona frente a
situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos, permiten
establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.
La salud mental es importante en
todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia, hasta la edad adulta;
podemos afirmar entonces, que “la buena
salud mental no tiene edad”. Cuando cualquiera
de los elementos antes mencionados, se vean perturbados o disminuidos en sus
capacidades, pueden llevar al hombre a consecuencias no deseadas, como ser temores
irracionales intensos, desgano, preocupación, depresión, entre otros, ya sea
por los hábitos de vida a los que éste se incurre, o por su ausencia de consciencia,
la cual se suele enfocar básicamente en cuidar la salud física, por sobre la
salud mental.
Es común que nos preocupemos cuando tenemos una
dolencia física, y ahí sí, vamos al médico. Pero hay que recordar, que sin
salud mental es poco probable que tengamos salud física, ya que el ser humano es integral.
La
salud mental se puede afectar de muchas maneras. En general los desordenes
mentales pueden ser causados por causas biológicas, sicológicas o sociales.
·
Entre los biológicos, tenemos factores
genéticos o hereditarios, o por desequilibrios bioquímicos
cerebrales durante el embarazo: la mala nutrición, la exposición a tóxicos o
virus de diferentes tipos. Las
infecciones, enfermedades de transmisión sexual como sífilis o el sida; también
se pueden dar por enfermedades sistémicas y neurológicas, ejemplos de esto, son
las enfermedades de Parkinson y Alzheimer.
Por otra parte, se puede
afirmar que también existen medicamentos
que pueden causar delirio, que a su vez, pueden evolucionar hacia la psicosis.
·
Entre los psicológicos: Situaciones de estrés, como traumas severos en
la niñez, abuso emocional, físico o sexual, o una pérdida importante muy
temprana (el fallecimiento de ser amado); también los sentimientos de baja
autoestima, ansiedad , ira, o soledad.
·
Entre los sociales: el desempleo, la falta de expectativas, El abuso de sustancias psicoactivas legales o
ilegales a largo plazo, como el alcohol, las anfetaminas, la cocaína, los
esteroides anabolizantes y la marihuana. En el ambiente
laboral, la exposición a ciertas
sustancias químicas, como el mercurio, el disulfuro de carbono, el tolueno, el
arsénico y el plomo que han producido psicosis en trabajadores manuales.
Estrategias e intervenciones a nivel de la
comunidad
La promoción de la salud mental, consiste en
acciones que creen entornos y condiciones de vida que la propicien y permitan a las personas adoptar y mantener
modos de vida saludables. Entre ellas, hay una serie de acciones, para aumentar
las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.
El clima de respeto y protección de los derechos
civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos, es fundamental para
la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que
proporcionan estos derechos, resulta muy difícil mantener un buen nivel de
salud mental.
Las políticas nacionales de salud mental, no deben
ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar
cuestiones más amplias que fomentan la salud mental. Para ello, hay que
incorporar la promoción de la salud mental a las políticas y programas no solo
del sector de la salud, sino también de los sectores públicos y privados, en
aspectos como la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio
ambiente, la vivienda o la asistencia social.
La promoción de la salud mental, depende en gran
medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de
fomentar la salud mental, se pueden mencionar:
·
Las intervenciones en la infancia
precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades
psicosociales preescolares, ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones
desfavorecidas).
·
El apoyo a los niños, por
ejemplo: programas de creación de capacidades y programas de desarrollo
infantil y juvenil, el “no al trabajo infantil”.
·
La emancipación socioeconómica de
la mujer, por ejemplo: mejora del acceso a la educación y concesión de
microcréditos.
·
El apoyo social a las poblaciones
geriátricas, por ejemplo: clubes de abuelos, centros comunitarios).
·
Los programas dirigidos a grupos
vulnerables y en particular a las minorías, como los pueblos indígenas, los
migrantes y las personas afectadas por conflictos o desastres, por ejemplo,
intervenciones psicosociales tras los desastres.
·
Las actividades de promoción de
la salud mental, en la escuela (evitar los episodios de violencia y fomentar el
respeto a los maestros).
·
Las intervenciones de salud
mental en el trabajo, por ejemplo, programas de prevención del estrés.
·
Las políticas de viviendas (tanto
nuevas, como mejoras de las viviendas antiguas).
·
Los programas de prevención de la
violencia, por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana con la policía.
Los programas de desarrollo comunitario, por
ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado.Como ven, políticas
multisectoriales buscando la mejor calidad de vida de los ciudadanos, influyen
decisivamente en la salud mental de una población.
sábado, 10 de agosto de 2013
El 70% de los jóvenes argentinos tiene falencias de aprendizaje
Así surge de las cifras oficiales y de Educar 2050, que impulsa un análisis de la situación.
Sólo tres de cada diez jóvenes argentinos de hasta 24 años están preparados para afrontar el mundo adulto. La mitad no termina el secundario y de la otra mitad el 20% no comprende lo que lee y no tiene los conocimientos básicos de matemáticas y ciencias. Son las cifras del Ministerio de Educación y de las mediciones de aprendizaje.
El responsable de Educar 2050, Manuel Álvarez Trongé, hace estas observaciones a partir de los datos oficiales y afirma que durante la década que pasó se ganó una "muy buena" ley de educación y se perdió calidad que, paradójicamente, es el objetivo prioritario de esa norma nacional.
Estas observaciones serán analizadas en la Semana de la Educación, que, por primera vez, lanza la asociación Educar 2050 en conjunto con otras organizaciones educativas. Con la consigna "Hablemos de educación", el encuentro se realizará en coincidencia de la celebración del Día del Maestro, en septiembre próximo.
Álvarez Trongé, que es filósofo y acaba de presentar su libro Educar con la vida, filosofar con los grandes y pensar con usted (Dunken), buscó estimar cuánto aprenden los alumnos argentinos que están en edad de asistir al nivel secundario.
Para responder la consigna, señala que los datos oficiales indican que el 56% de esos adolescentes y jóvenes no egresa del nivel secundario en tiempo y forma, y se aproxima a la situación del 44% restante a través del prisma de una prueba de calidad nacional y otra internacional.
El Operativo Nacional de Evaluación (ONE), examen que hace el Ministerio de Educación nacional a los alumnos del último año del secundario, "indica que en promedio un 30% de los alumnos califica en rendimiento bajo; 16%, alto, y 53%, medio".
En tanto, el examen internacional Pisa, que se hace cada tres años a chicos de 15 años de edad desde 2000 y pone a prueba sus conocimientos en ciencias, matemáticas y comprensión lectora, indica que el 52% de los alumnos argentinos no comprende lo que lee ni alcanza las habilidades mínimas en ciencias ni en matemáticas.
"Una información preocupante es que de 100 jóvenes argentinos en edad de terminar el secundario, 56 no lo terminan en tiempo y forma, y de los 44 restantes hay 22 que, a la edad de 15 años según las pruebas internacionales, no alcanzaron los conocimientos mínimos para enfrentar la vida adulta y 13 que, según las pruebas nacionales de finalización de la educación secundaria, han tenido un nivel de desempeño bajo. Todo esto indica que un 70% de los jóvenes en la Argentina tiene grandes falencias de aprendizaje", dijo.
En este escenario, Álvarez Trongé destacó la importancia de haber podido ampliar la matrícula escolar en los últimos diez años: "Mientras que otros países tienen mejor tasa de egreso, pero menor cantidad de chicos en la escuela, la Argentina ha podido aumentarla un ocho por ciento, según datos del Ministerio de Educación, entre 2001 y 2010".
Y agregó la inquietud de las asociaciones y organizaciones educativas con las que está en contacto por cooperar en el cumplimiento de la ley nacional de educación de 2006, a la que consideran "uno de los avances más importantes en materia de política educativa de los últimos años".
Esa ley, recuerdan, fija la calidad educativa como su principal objetivo, que incluye lograr que los jóvenes a los 18 años de edad egresen con 13 años de enseñanza obligatoria.
Por Silvina Premat | LA NACION
Por Silvina Premat | LA NACION
jueves, 8 de agosto de 2013
Un tesoro insospechado: la basura electrónica
La estructura económica que sustenta a nuestra actualidad impone los conceptos de obsolescencia planificada, incitación al consumo de nuevos productos y ansiedad por mantenernos en una supuesta vanguardia tecnológica. Su relación con la salud.
Muchos de nosotros recordamos alguna radio, televisión o teléfono que permaneció en nuestro hogar durante años, acompañando nuestro crecimiento y volviéndose una parte importante de nuestra familia. Quizás todavía, algunas casas conserven teléfonos de disco, televisores en blanco y negro, y aparatos radiales de gran porte, que causen asombro, por lo bien que funcionan a pesar de cargar más de medio siglo de uso intensivo.
Inevitablemente, comparamos estos aparatos con los actuales, pequeños y automatizados, con diversas funciones entremezcladas pero que un día, simplemente se apagan para nunca más volver a encenderse, perdiendo una o varias de sus funciones, dejándose de lado por ser tecnológicamente superados por “el modelo nuevo”, que nos lleva a caer en la compulsión de reemplazarlos aunque los mismos sigan funcionando bien.
Todo este comportamiento está relacionado con nuestra nueva relación con la tecnología. La estructura económica que sustenta a nuestra actualidad impone los conceptos de obsolescencia planificada, incitación al consumo de nuevos productos y ansiedad por mantenernos en una supuesta vanguardia tecnológica.
Debido a todo esto, vamos desprendiéndonos de un número cada vez mayor de celulares, impresoras, computadoras y demás, algunos de los cuales terminan arrumbados en un rincón, y otros directamente son arrojados a la basura, cuando su reparación se hace más cara que su reemplazo por otro equipo nuevo.
Cuando esto sucede, nos encontramos ante lo que se conoce como RAEE: Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, y su recuperación es parte de lo que se dio en conocer como minería urbana. Tengamos en cuenta la cantidad de metales que se emplean en la construcción de cualquier aparato electrónico: el cobre de los cables, el oro de las CPU y celulares, el aluminio de los armazones, y otros materiales igualmente valiosos.
Se calcula que el 90% de un equipo electrónico es reciclable, y este porcentaje se verá aumentado, ya que las nuevas legislaciones insisten con que cada vez más partes y materiales que los fabricantes empleen en sus producciones sean recuperables. Esta tendencia carga al fabricante con la responsabilidad “de la cuna hasta la tumba”: todo material, empleado en la producción fabril, debe ser trazable hasta su origen, respetar normativas ambientales y ser recuperable, o bien ecológicamente inocuo en su disposición final; todo esto busca, entre otras cosas, disminuir al máximo la producción de basura, y recuperar metales “usados” para reducir la extracción minera “nueva”.
El 10% restante es contaminante y requiere un tratamiento previo a su disposición final.
Toda política sobre residuos debe ser integral; no basta con normativas parciales ni la acción sobre un aspecto del problema, ya que terminan siendo parches caros e ineficaces. Podemos disponer responsabilidades sobre el fabricante, segregación domiciliara, recolección diferenciada y separación, pero si nos limitamos a esto simplemente acumularemos basura separada en vez de mezclada.
La segregación tiene sentido si se le da destino a esos agrupamientos. Por ejemplo, en Brasil la recolección de latas de aluminio, de gaseosas, ha permitido que el metal recuperado se constituya en cerca del 80% del que consume su industria. Esto reduce el empleo de aluminio “nuevo” y genera un círculo virtuoso, máxime porque los recolectores urbanos se integran realmente al sistema productivo como proveedores de materia prima metálica, obtenida de un modo distinto al de la minería.
En el caso de la basura electrónica, un estudio de Greenpeace muestra que cualquier celular contiene un 0,025 % de oro, metal cuya extracción está cuestionada por su obtención mediante minería a cielo abierto en nuestro país, con su secuela contaminante.
En cifras, nuestro país sólo recicla el 15% de los RAEE que se generan; los cálculos oficiales dan cuenta de que cada argentino genera entre tres y cuatro kilogramos de basura electrónica por año, lo que representa 120.000 toneladas anuales. Poco más del 50% de ellos está almacenado en los hogares, oficinas y comercios.
En los entes públicos, la situación es más compleja porque al estar inventariados, no pueden ser fácilmente entregados para su reciclado.
Aproximadamente el 40% termina en algún basural o relleno sanitario, y el 10% restante ingresa en algún esquema formal o informal de gestión de residuos, si bien dentro de ellos un porcentaje importante es directamente destruido por los fabricantes, al no pasar controles de calidad, sufrir daños durante el embalaje y transporte, etc. Queda evidenciado, el derroche de recursos recuperables, a la vez que una fuente de contaminación.
En Argentina, se descartaron en 2012 más de 10 millones de celulares. Según estudios, de haberse reciclado habrían podido obtenerse 228 kilogramos de oro, por un valor de casi trece millones de dólares; 1.750 kg de plata por US$ 1.850.000 y 81.000 kilogramos de cobre por unos US$700.000, a esto puede agregarse otra masa de metales menos cotizados o empleados en menor cantidad, como las tierras raras, compuestas por elementos utilizados para fabricar productos de alta tecnología como pantallas LED, componentes para autos, imanes y baterías recargables, entre otros.
Hoy, China, Europa y Estados Unidos se disputan este mercado para poder abastecer el suyo para la fabricación de estos aparatos. El aprovechamiento de estos metales es un buen negocio: en Argentina existen tres plantas dedicadas a la recuperación metalífera de los RAEE, que aprovechan lo que se puede separar, y lo que no, se envía a las refinerías en Suecia, Alemania y Bélgica.
El doble efecto de la minería urbana es la obvia recuperación de materiales y metales escasos, cuya obtención desde las minas generan fuertes impactos ambientales; y la reducción del efecto contaminante en napas de agua, suelos y aire al depositarse en los basurales, ya que los RAEE también tienen componentes tóxicos, como plomo, mercurio, berilio, selenio y cromo, que inciden en el ambiente y la salud.
Pero para que el conjunto de la actividad sea rentable, se requiere acumular un alto volumen de metal: por ejemplo, se necesitan 15.000 kilogramos de plaquetas de celulares y computadoras para cargarlos en un barco, de modo que recuperar poco no es negocio. Y esto, pese a que la cantidad de equipos que se reciclan parece alto, entre 150.000 y 170.000 kilogramos de aparatos, de los que se obtiene un 2% exportable.
Evidentemente este tema requiere una estrategia de estado, donde debe analizarse el conjunto de la problemática; en nuestro país, desde 2008 se encuentra en el Congreso un proyecto de ley para la recuperación, reciclado y reutilización de la basura electrónica, que se descarta en Argentina. El proyecto establece el concepto de “Responsabilidad Extendida del Productor”, bajo el cual las empresas que ponen en el mercado los productos eléctricos y electrónicos deberán ser responsables financiera y legalmente por la gestión y tratamiento de sus propios residuos.
En 2011 el proyecto fue aprobado por el Senado, pero todavía el texto no ingresó a la agenda de la Cámara Baja
.Autor: Eduardo Tassano
jueves, 1 de agosto de 2013
Ataque cardíaco, síntomas
En muchas ocasiones nos asustamos por diferentes situaciones que nos hacen pensar que el corazón está funcionando mal o a punto de sufrir un ataque. ¿Cuándo debemos alarmarnos y cuando concurrir a la consulta para sacarse las dudas?
Recordemos primero los síntomas más importantes que denotan posibles problemas del corazón. Ellos son el dolor de pecho (angina de pecho), la falta de aire (disnea), la pérdida de conocimiento (síncope) y las palpitaciones.
“Dolor de pecho” o dolor Precordial
En general aparece tras ejercicio físico o una situación de stress. Se localiza en región precordial (retro esternal o zona de la corbata), de intensidad variable, generalmente fuerte. Se siente muchas veces como una opresión, a veces como un desgarro, o una quemazón, y en casos graves se acompaña de transpiración profusa y vómitos. Se puede irradiar al cuello u hombro izquierdo o ambos hombros o a la boca del estomago, o hacia la mandíbula, o brazo izquierdo o dos o más de ellos, puede durar pocos minutos y calmar con el reposo. Si dura entre 15 a 30 minutos podemos estar en presencia de un infarto del corazón, es decir el “ángor prolongado”. Y es la más comúnmente asociada a los “ataques del corazón que es a lo que nos referiremos más adelante.
Disnea o falta de aire
Es la sensación consciente de respiración inadecuada y la necesidad de aumentar la actividad respiratoria. El paciente siente que se ahoga o no puede respirar. La disnea puede ser de esfuerzo; ya que aparece al realizar grandes, medianos o pequeños esfuerzos. En el enfermo cardíaco la disnea es progresiva. Otros tipos son la disnea de posición: puede alcanzar distintos grados de intensidad, siendo progresiva al estar más acostado. Se alivia al estar en posición sentado. En otros casos tenemos lo que se llama disnea paroxística: aparece durante la noche mientras se duerme. Esto obliga a despertarse súbitamente creando una situación de desesperación al no poder recibir la cantidad necesaria de aire. El último grado y el más grave es la disnea de reposo, que aparece incluso sin realizar algún tipo de esfuerzo. Este síntoma puede denotar enfermedad cardíaca o respiratoria entre los principales, lo que sí o si hay que hacer es consultar lo antes posible y a veces de manera urgente.
Síncope
Es cuando la persona se “desmaya”, síntoma que se caracteriza por la pérdida brusca y transitoria de la conciencia debido a la disminución de la llegada de sangre al cerebro en forma global y transitoria. La pérdida de la conciencia puede ser brusca y la persona golpearse o darse cuenta y caer lentamente. Lo importante es reconocer a la pérdida de conocimiento como un síntoma grave y que puede ser, además de cardíaco, de origen neurológico, por lo que en estos casos hay que extremar la búsqueda de las causas entre el cardiólogo y el neurólogo. En general el síncope cardíaco dura poco tiempo y el neurológico no. Exige una consulta rápida.
Palpitaciones
Es cuando la persona percibe conscientemente los latidos cardíacos bajo forma de un golpe en el pecho más o menos intenso y más o menos molesto. A veces esta sensación se extiende al cuello y la garganta. La sensación puede ser de golpe aislado o golpeteo rápido que puede ser regular o irregular. Muchas veces la gente lo denomina “taquicardia” y se asocia a las disrritmias o arritmias del corazón. También hay otras causas de otro origen que deben ser evaluadas. Estas arritmias pueden ser benignas o peligrosas. A veces comienzan en forma repentina o a veces son precedidas por algún hecho que el paciente reconoce fácilmente. La consulta por este síntoma obliga en general a una serie de estudios sobre todo de origen cardiológico.
En la mayoría de los casos estos principales síntomas aparecen y dan tiempo para la consulta, lo que no hay que hacer es dejar pasarlo por alto y lo importante es acudir a un centro de atención de la salud lo antes posible. La complejidad del centro donde el paciente deberá concurrir la determinará el médico.
¿Qué es un ataque cardíaco?
Muchas veces es sinónimo de infarto de miocardio o síndrome coronario agudo. Se produce cuando parte del músculo cardíaco se daña o muere debido a que no está recibiendo suficiente cantidad de oxígeno, normalmente, la sangre de las arterias coronarias lleva oxígeno al músculo cardíaco, la mayoría de los ataques cardíacos se producen cuando una obstrucción hace más lento o detiene el flujo de sangre a través de estas arterias.
Las personas que se encuentran en mayor riesgo de sufrir un ataque al corazón son los hombres, personas mayores de 65 años y quienes padezcan hipertensión (presión arterial elevada), colesterol alto, obesidad, diabetes o antecedentes familiares de enfermedad cardíaca.
Si bien el dolor de pecho súbito y desgarrante es el elemento clásico del ataque, no todos los ataques cardíacos comienzan con el dolor de pecho que se muestra en la televisión o las películas. Por ejemplo, la tercera parte de los pacientes de un estudio que tuvieron ataques cardíacos no presentaron dolor en el pecho. Estos pacientes eran, por lo general, de edad avanzada, de sexo femenino o diabéticos. Muchos ataques cardíacos comienzan lentamente, con dolor o molestias leves. Los ataques cardíacos que se presentan sin síntoma o con síntomas muy leves se conocen como ataques cardíacos silenciosos.
Otros signos y síntomas de un ataque cardíaco consisten en la aparición de molestias en la parte superior del cuerpo (en un brazo o en ambos, en la espalda, el cuello, la mandíbula o la parte superior del estómago), dificultad para respirar, que puede presentarse al tiempo con las molestias del pecho o antes de estas, náuseas (ganas de vomitar), vómito, aturdimiento leve o mareo súbito, y sudor frío, dificultad para dormir, cansancio o falta de energía.
¿Qué hacemos ante un posible ataque?
Teniendo en cuenta que esto puede constituir un momento peligroso y más si consideramos que en el caso de un infarto la iniciación más precoz del tratamiento implicará un mejor pronóstico y por ende una mejor evolución del tratamiento.
Llame al 107 de inmediato para solicitar ayuda si cree que usted o alguien está teniendo un ataque cardíaco, si ya tiene dolor de pecho de antes y el dolor no desaparece con el tratamiento que le recomendaron con más razón. No conduzca al hospital ni deje que otra persona lo lleve en auto. Llame a una ambulancia para que, de camino hacia el servicio de urgencias, el personal médico pueda iniciar el tratamiento que podría salvarle la vida.
Si usted está solo, quite el cerrojo a la puerta para permitir que el personal de emergencia ingrese en su hogar, siéntese en una silla cómoda y espere a que llegue la ayuda, deje un teléfono cerca, y no dude en volver a usarlo. Si alguien lo ayuda, déle las indicaciones con calma. La calma es imprescindible para superar estos difíciles momentos.
Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud.Especial para época
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