OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano

jueves, 30 de mayo de 2013

Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica





 Dentro de las Enfermedades Crónicas no transmisibles que están constituyendo la epidemia del siglo XXI tenemos cuatro grupos de enfermedades: 1° las cardiovasculares, 2° el cáncer, 3° la  diabetes y 4° la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Todas estas tienen en común que el tabaquismo es un precipitante o un agravante de primer orden. 


 Hoy nos referiremos a la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica o EPOC.
 El EPOC, se caracteriza por la limitación a la entrada de aire, a los pulmones, siempre progresiva con una disminución  del funcionamiento respiratorio. Esta limitación se asocia, con una respuesta inflamatoria anormal en los tejidos pulmonares y la vía aérea dañándola irreversiblemente con el tiempo.

Podemos afirmar que los factores de riesgo más importantes son la exposición a partículas nocivas y gases, principalmente derivados del consumo de tabaco y exposición al humo de leña. Cada vez hay más personas afectadas, la incidencia mundial de la EPOC, oscila entre el 5 y el 10%; y ha aumentado en las últimas décadas. Es más frecuente en hombres que en mujeres, dada la mayor prevalencia de tabaquismo en los hombres, aunque esto se espera que cambie en las próximas décadas, ya que el consumo de tabaco en mujeres jóvenes es significativamente mayor al de los hombres jóvenes.
La mortalidad global de la EPOC, estaba en la sexta posición con 2,2 millones de muertes en el año 1990, se prevé una tendencia en ascenso hasta la 3ª causa de muerte en el 2020. 

El tabaco, es responsable del 80 a 90% de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y enfisema. 
El consumo lleva a la adicción, por el efecto de la nicotina, que actúa sobre el sistema nervioso central. Es así que el fumador sufre una dependencia física y sicológica, por lo que así la supresión de la droga genera el síndrome de abstinencia. El hecho de que la nicotina tiene efectos antidepresivos y calma la ansiedad, es el elemento que genera o perpetúa el consumo. 

El tabaquismo es, por sí mismo, una enfermedad ya que produce una dependencia psicofísica y social, que requiere tratamiento medicinal, así como rehabilitación psicológica con tratamiento social, por lo tanto se puede decir, que  es un mal que genera otras enfermedades y complicaciones.

Además de la nicotina y el alquitrán, que es colocado para que el cigarrillo no se apague, se han identificado más de 4.000 sustancias nocivas para el cuerpo humano, en el fatídico humo del cigarrillo. En el caso de las EPOC, el consumo de tabaco nos produce daño directamente al alveolo pulmonar, que es la unidad básica del funcionamiento pulmonar, a partir del cual se realiza la incorporación del oxígeno al organismo, lo cual es primordial para la vida.

Desde ahí el oxígeno circula y llega a todas las células del organismo, las cuales básicamente funcionan con este como principal combustible; es así, que  los alvéolos se van destruyendo por la acción tóxica de los componentes del tabaco, y esta destrucción quita o elimina superficies de alvéolos con lo que la capacidad del pulmón para incorporar el oxigeno, se ve disminuida hasta afectar los niveles del mismo. Por ende, el oxígeno disponible cae dramáticamente y las células del resto del organismo no pueden funcionar.

Esa destrucción, que mencionamos anteriormente, se da por la respuesta inflamatoria exagerada a la inhalación de partículas o gases (fundamentalmente al humo del tabaco) más allá de una respuesta inflamatoria normal de protección.
Podemos identificar factores que influyen en el desarrollo de la enfermedad; así tenemos factores del huésped y factores del ambiente. 

Entre los factores del  huésped, tenemos la carga genética, ya que no todos los fumadores desarrollan la enfermedad;  la dieta, ya que los desnutridos al nacer tienen mayor probabilidad de desarrollar EPOC y están más protegidos los que tienen una alimentación rica en vitaminas, también podrían citarse algunos tipos de alergias,  y con respecto al sexo no está definido, varios estudios han encontrado una mayor prevalencia de EPOC en mujeres que en hombres.

Aunque se discute si las mujeres son más sensibles a los efectos del tabaco, existe evidencia que confirma que las adolescentes fumadoras alcanzan una menor función pulmonar. En los países en desarrollo, las mujeres pueden estar expuestas en mayor grado que los hombres, debido a la contaminación ambiental al usar combustibles en la cocina.
Entre los factores ambientales, tenemos fundamentalmente al humo del cigarrillo, la contaminación ambiental, diferentes polvos y productos químicos en el ambiente laboral, y algunos tipos de infecciones  pulmonares (sobretodo en las primeras etapas de la vida).

La EPOC, se asocia a dos enfermedades: A) si el daño es fundamentalmente del tejido pulmonar, donde se realiza el intercambio gaseoso (alvéolos) se produce lo que se llama enfisema. B)  si la inflamación y daño se producen en los bronquios, estamos ante una bronquitis crónica.

  El diagnóstico

Los síntomas más comunes son: falta de aire, falta de aire con ejercicio suave (caminando, subiendo y bajando las escaleras,  etc.) tos crónica, productiva (con moco), una sensación de "tirantez" en el pecho.

Los estudios de laboratorio, y radiografías de tórax contribuyen al diagnostico, pero lo esencial es la “Espirometría” que determina la capacidad pulmonar y los flujos de aire en los pulmones.

El tratamiento puede variar, con el grado de avance de esta enfermedad crónica y progresiva. Al principio, la falta de aire se notara al realizar actividad física pero luego esta misma falta de aire, aumentara progresivamente y se irá produciendo a menores esfuerzos. 


En todos los casos, la primera medida es la suspensión absoluta del tabaquismo,  acá es esencial para detener o retrasar la evolución de la enfermedad. 

Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamientos en servicios y sistemas de salud

jueves, 23 de mayo de 2013

Obesidad: epidemia mundial








Se trata de una enfermedad crónica de origen multifactorial prevenible que se caracteriza por acumulación excesiva de grasa o crecimiento del tejido adiposo en el cuerpo; es decir, cuando la grasa corporal se incrementa hasta un punto que es nociva para el organismo y provoca enfermedad.


El sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de muerte en el mundo. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia de esta enfermedad. Desde 1980 la obesidad se ha duplicado en todo el mundo y el 65% de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad causan más mortalidad que las enfermedades por desnutrición.

El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la altura de una persona, que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su altura en metros (kg/m2). En general se considera que: Un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso, un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.
La obesidad predispone enfermedades como las cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea del sueño, accidentes cerebrales, osteoartritis, así como a algunas formas de cáncer, padecimientos dermatológicos y gastrointestinales.

Aunque la obesidad es una condición clínica individual se ha convertido en un serio problema de salud pública que va en aumento.

Según el origen la obesidad, puede ser exógena: por una alimentación excesiva o endógena que es por fallas del propio metabolismo del sujeto.

Las causas de la obesidad son múltiples e incluyen factores tales como la herencia genética; el comportamiento del sistema nervioso, endocrino y metabólico; y el tipo o estilo de vida que se lleve. Para muchos investigadores los factores genéticos son el 30% y los ambientales y de estilo de vida son el 70%. Este último porcentaje se da por mayor ingesta de calorías (alimentos) que el cuerpo necesita y una menor actividad física que “queme esas calorías”.

La herencia tiene un papel importante, tanto que de padres obesos el riesgo de sufrir obesidad para un niño es 10 veces superior a lo normal. En parte es debido a tendencias metabólicas de acumulación de grasa, pero en parte se debe a que los hábitos culturales alimentarios y sedentarios contribuyen a repetir los patrones de obesidad de padres a hijos.

Otra parte de los obesos lo son por enfermedades hormonales o endocrinas, y pueden ser solucionados mediante un correcto diagnóstico y tratamiento especializado.
La mayoría de los investigadores han concluido que la combinación de un consumo excesivo de nutrientes y el estilo de vida sedentario son la principal causa de la rápida aceleración de la obesidad en la sociedad occidental en el último cuarto del siglo XX.
Ese aumento del consumo está “facilitado” en un factor básico, la confianza en la comida rápida rica en energía, que se ha triplicado entre 1977 y 1995, y el consumo de calorías se ha cuadruplicado en el mismo periodo.

Es una epidemia que no tiene que ver con nivel de ingresos económicos siendo mayores los niveles de obesidad en las personas con menos ingresos.

El mundo moderno consumista

Mientras frecuentemente podría parecer obvio porqué un cierto individuo engorda, es más difícil entender porqué el peso promedio de toda la sociedad aumenta. Inclusive hay países o culturas donde se engorda más que otros.

El fenómeno se analizó en Estados Unidos. En los años justo después de la Segunda Guerra Mundial hasta 1960 el peso promedio por persona se incrementó pero pocos fueron obesos. En las dos y media décadas desde 1980, el crecimiento en la tasa de obesidad se aceleró marcadamente y hoy es un problema serio de salud pública, de ese país y actualmente en el mundo.

Hay varias explicaciones al fenómeno: se cree que la gente obesa tiene menos actividad que los delgados y eso no cambia cuando adelgazan; el costo relativo más bajo de los alimentos en general como nunca antes en la historia; el impresionante número de propagandas dirigidas a niños sobre dulces; el mayor porcentaje de personas que tienen trabajos de escritorio en general detrás de una computadora; el incremento del consumo de alimentos congelados (con muchas calorías) que luego se cocinan en hornos microondas; el incremento de la utilización de comidas para llevar (sobre todo cuando todos trabajan en la familia); la urbanización descontrolada que hace que haya menos tiempo para caminar y cocinar; el incremento en el número y variedad de restaurantes de comida rápida de bajo costo y alto ingreso calórico. Las casas más famosas brindan los platos más ricos y de altísimo contenido calórico.

El sobrepeso y la obesidad se pueden prevenir y, en ello, es esencial promover comunidades y entornos favorables. Para ello las acciones se pueden realizar en tres planos: individual, social y de la industria alimentaria.

En el plano individual, las personas pueden: limitar la ingesta energética procedente de la cantidad de grasa total; aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos; limitar la ingesta de azúcares; realizar una actividad física periódica, y lograr un equilibrio energético y un peso normal.
En el plano social debe interactuar la familia y la escuela para que desde niños conozcan los beneficios de una alimentación saludable y la práctica de actividad física y deportes. Correspondiendo a los sectores políticos definir una buena política deportiva con accesibilidad a todas las clases sociales y por otra parte la promoción y el acceso a alimentos saludables en los comedores escolares y comedores sociales.

La industria alimentaria puede desempeñar una función importante en la promoción de una alimentación saludable reduciendo el contenido de grasa, azúcar y sal de los alimentos elaborados; asegurando que todos los consumidores puedan acceder económicamente a alimentos sanos y nutritivos; poner en práctica una comercialización responsable, asegurar la disponibilidad de alimentos saludables y apoyar la práctica de una actividad física periódica en el lugar de trabajo.

En Argentina la alimentación empeoró tanto en los últimos años que el 53% de la población tiene sobrepeso y poco más del 18% está obesa. Hay una ley de prevención y tratamiento de la obesidad pero sólo se reglamentó la del tratamiento. Falta la reglamentación del articulado de prevención y eso implicará profundas transformaciones en la industria de la alimentación y oferta alimentaria.
¡Otro tema de política de Estado que tenemos que abordar los argentinos!

Autor: Eduardo Tassano Máster en gerenciamiento en servicios y sistemas de salud

jueves, 16 de mayo de 2013

La actividad física y su impacto en la salud


 La dieta saludable como también la actividad física suficiente, realizada de manera regular, son los principales factores de promoción y mantenimiento de una buena salud durante toda la vida. 


Las dietas malsanas y la inactividad física, son dos de los principales factores de riesgo de hipertensión, hiperglucemia, hiperlipidemia, sobrepeso u obesidad y de las principales enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, el cáncer o la diabetes.

Se considera actividad física, cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía. 


Hoy atendemos con preocupación, al hecho de que más del 60% de los adultos no realiza actividad física en forma regular, y el 25 % no realiza, en absoluto, actividad física. Cerca de la mitad de los jóvenes de 12 a 21 años no realiza actividad física, y ésta cantidad, disminuye especialmente durante la adolescencia, lo que nos demuestra que la adherencia de los estudiantes, a las clases de actividad física declina cada vez más. 
Se ha observado que la inactividad física es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial (6% de las muertes registradas en todo el mundo). 


Un nivel adecuado de actividad física regular, en los adultos, reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebro vascular, diabetes, cáncer de mama y de colon. Pero también reduce las  caídas, mejora la salud ósea y funcional,  siendo un determinante clave del gasto energético y, por lo tanto, fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso. También parecería reducir la depresión, la ansiedad, y mejorar el humor para resolver lo cotidiano.


La “actividad física” no debe confundirse con el “ejercicio”. Este es una variedad de actividad física planificada, estructurada, repetitiva y realizada con un objetivo relacionado con la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física.


La actividad física abarca el ejercicio pero también otras actividades que entrañan movimiento corporal que se realizan como parte de los momentos de juego, del trabajo, de formas de transporte activas, de las tareas domésticas y de actividades recreativas. 
Es bueno recomendar mayor actividad física en todas las edades. En forma orientativa se pueden dividir las sugerencias por grupos de edades; es así que podemos establecer tres grupos.
 
Jóvenes (5 a 17 años): a esta edad se sugieren  juegos, deportes, desplazamientos, actividades recreativas, educación física o ejercicios programados, en el contexto de la familia, la escuela o las actividades comunitarias. Lo ideal es realizar un mínimo de 60 minutos diarios, con intensidad moderada a vigorosa.
Si la actividad realizada es superior a 60 minutos diarios, el beneficio será aún mayor. El tipo de actividad sugerida es, en su mayor parte, aeróbica. Si es posible agregar como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.
 
Adultos de (18 a 64 años): en este grupo de edades la actividad física consiste en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (paseos a pie o en bicicleta), actividades ocupacionales (trabajo) tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados. Lo mínimo sugerido, son 150 minutos (30 minutos 5 veces por semana),  semejantes a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o también se puede realizar una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.


La actividad aeróbica ya es efectiva si las sesiones son de 10 minutos de duración, como mínimo. Asumiendo entonces, que a mayor actividad mayores beneficios. 
 
Adultos mayores (de 65 años en adelante): en este grupo se sugiere actividades recreativas o de ocio, desplazamientos similares al grupo anterior, actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de las actividades diarias, familiares y comunitarias. Los tiempos sugeridos consisten en 150 minutos semanales de actividades moderadas aeróbicas; al igual que el grupo anterior es bueno combinar con actividades más intensas.


Compartiendo conceptos, con el grupo anterior, la actividad rinde en sesiones de 10 minutos como mínimo. También más minutos de actividad física, redundarán en  mayores beneficios. Por otra parte, es conveniente que los adultos con movilidad reducida realicen actividades físicas para mejorar su equilibrio e impedir las caídas, tres días o más a la semana. 
 
Los riesgos de la actividad física, son generalmente músculo-esqueléticos y por realizar excesiva actividad física o no entrar bien en calor. Los infartos agudos de miocardio o muerte súbita, en el deporte, son más raros y ocurren generalmente cuando quien realiza la actividad física es gente pasiva y sin una regulación progresiva.
Es mayor el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular en aquellos que no practican deporte. Nuestra sorpresa fue encontrar que tres estudios han demostrado que los efectos beneficiosos sobre el aparato cardiorrespiratorio son similares cuando la actividad física se produce en varias sesiones cortas (por ejemplo de 10 minutos) como  también, en pocas sesiones más largas (por ejemplo, de 30 minutos) siendo igual la cantidad de minutos totales.


De lo que no se puede dudar es que en aquellos que no realizan actividad física por 30 minutos, episodios más cortos son mejor que nada. Un estudio demostró una mayor adherencia a los programas de caminatas de más veces en el día, que caminar todo ese mismo tiempo en una sola vez diaria, es decir que las actividades en el día son acumulativas.  


Muchos adhieren a actividades de gran intensidad, pero no lo sostienen en el tiempo. Es por esto, que es tan importante, estudiar los efectos de la actividad física sobre la salud, como la manera de que la gente mantenga este hábito, y cómo promoverlo en las escuelas, oficinas y lugares de trabajo. El lugar más efectivo para comenzar es la escuela, ya que allí se puede enseñar que la actividad física puede ser disfrutada a lo largo de la vida. 


La promoción y realización de actividad física debe constituir una política de estado siendo perentorio organizar actividades de todo tipo en todos los ámbitos posibles para que nuestros ciudadanos tengan la mayor calidad de vida posible.



Autor: Eduardo Tassano Master en gerenciamiento en sistemas y servicios de salud

jueves, 9 de mayo de 2013

Salud y cambio climático




Se puede decir que no estamos hablando del futuro. El cambio climático está aquí y ahora. Los gobiernos tienen la obligación de tomar el toro por las astas.
  Se llama cambio climático a la modificación del clima con respecto al historial climático a una escala global o regional. Tales cambios se producen sobre todos los parámetros meteorológicos: temperatura, presión atmosférica, precipitaciones, nubosidad. En teoría, son debidos tanto a causas naturales como causadas por el hombre. Sin embargo se asocia más el  término a las modificaciones en el clima producidas por la acción del hombre.
 
Por “cambio climático” se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima.
 
El aumento mundial de la demanda y del consumo energético, así como de la actividad industrial, los transportes, la deforestación y la agricultura, han desembocado en un incremento de las emisiones a la atmósfera de CO2 y metano, los principales gases de efecto invernadero causantes principales del cambio climático.
 
El cambio climático es un problema mundial que requiere una solución mundial. Las medidas para paliar este terrible futuro pasan por acatar las directrices de acuerdos como el Protocolo de Kioto: disminuir las emisiones de CO2, reducir el uso de combustibles fósiles y aumentar el de renovables, mejorar la eficiencia y la diversificación energética, seguir una política de desarrollo sostenible y sobre todo concienciar de la gravedad del problema a las generaciones futuras.
 
Es ya algo aceptado que el clima mundial está cambiando debido al calentamiento de la Tierra. Este cambio puede afectar a la salud humana de diversas maneras, por ejemplo, alterando el ámbito geográfico y la estacionalidad de algunas enfermedades infecciosas, perturbando los ecosistemas de producción de alimentos y aumentando la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos catastróficos.
 
Las repercusiones sanitarias del cambio climático ya se están haciendo sentir: incremento del número de fallecidos por olas de calor, aumento de los desastres naturales tales como las inundaciones, y cambios de la distribución de enfermedades potencialmente mortales transmitidas por vectores, tales como el dengue.
 
De persistir esta situación, el cambio climático continuado tendrá profundas consecuencias negativas en algunos de los determinantes sociales y ambientales de la salud, como los alimentos, el aire y el agua. Las zonas que disponen de una infraestructura sanitaria débil, en su mayoría situadas en los países en desarrollo, serán las menos aptas para prepararse y dar respuesta a estos problemas si no reciben ayuda.
 
Los peligros ambientales de gran escala y alcance mundial que amenazan la salud humana comprenden el cambio climático, el agotamiento de la capa estratosférica de ozono, la pérdida de diversidad biológica, cambios en los sistemas hidrológicos y en las reservas de agua dulce, la degradación de la tierra y las presiones ejercidas sobre los sistemas de producción de alimentos.
 
Para apreciar esta escala y el tipo de influencia en la salud humana se requiere una nueva perspectiva concentrada en los ecosistemas y en el reconocimiento de que el fundamento de una buena salud de las poblaciones en el largo plazo depende en gran parte de que los sistemas que mantienen la vida en la Tierra conserven su estabilidad y buen funcionamiento. 
Proteger la salud del cambio climático planetario exige la gestión a muchos niveles, empezando por los factores sociales y económicos que impulsan el cambio hasta el punto de generar peligros y exposiciones impensadas tiempo atrás.
 
Posiblemente la implicancia más inquietante del cambio climático es su impacto potencialmente devastador sobre la salud humana. Un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que: “Un clima más cálido y más variable presenta la amenaza de que la concentración en el aire de algunos contaminantes resulte mayor, que aumente la transmisión de enfermedades a través del agua sucia y los alimentos contaminados, que se ponga en riesgo la producción agrícola en algunos de los países menos desarrollados, y que aumenten los peligros típicos de los climas extremos”.
 
Los investigadores sostienen que los cambios de temperatura fomentarán la propagación de enfermedades infecciosas. Muchos de los virus y bacterias más letales son sumamente sensibles al clima, es decir a la temperatura y las precipitaciones, lo que incluye el cólera y las enfermedades diarreicas, así como otras enfermedades como el paludismo, el dengue, y otras infecciones transmitidas por vectores.
 
En resumen, el cambio climático amenaza con hacer más lento, detener por completo, o revertir el avance actualmente logrado por la comunidad mundial de salud pública para luchar contra muchas de estas enfermedades. Es de predecir un aumento en los incidentes climáticos extremos, como inundaciones y sequías, tendrán un efecto devastador sobre la salud.  
El efecto será más intenso en las poblaciones vulnerables, es decir los más jóvenes, los adultos mayores y los que ya están enfermos.
 
Los gobiernos tienen que adecuar y preparar sus sistemas sanitarios, y fomentar la investigación en estos temas de los que hay mucho por aprender.
 
Las últimas investigaciones han ampliado con rapidez nuestros conocimientos sobre las relaciones entre el clima y la salud.
 
Aun siendo aproximadas, las estimaciones de los posibles impactos del cambio climático en la salud son una información esencial para discutir las políticas en materia de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y de adaptación social al cambio climático. Las sociedades deben responder, pese a las inevitables incertidumbres. Así, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1992) asigna a los gobiernos nacionales la responsabilidad de evaluar formalmente el riesgo que el cambio climático global entraña para la salud de sus poblaciones respectivas.
 
Recordar que en este tema, en materia de políticas, las decisiones están regidas por varios principios basados en criterios de equidad, eficiencia y viabilidad política. También pueden ser válidos los criterios éticos de salud pública: respeto a la autonomía, no maleficencia (no hacer daño), justicia y beneficencia (hacer el bien).
 
Se puede decir que no estamos hablando del futuro. El cambio climático esta aquí y ahora. Los gobiernos tienen la obligación de tomar el toro por las astas (principalmente de los países desarrollados) y nosotros desde nuestros lugares empezar con nuestras acciones a ayudar a preservar nuestro planeta por el futuro de nuestros hijos.

Autor: Eduardo Tassano Máster en Gerenciamiento en Servicios y Sistemas de Salud

jueves, 2 de mayo de 2013

Ambientes libres de humo







El humo de segunda mano es una fuente principal de contaminación del aire en espacios cerrados de trabajo y demás espacios cerrados, como bares, restaurantes y aeropuertos. La exposición al humo de segunda mano provoca cáncer de pulmón y otras enfermedades pulmonares (como bronquitis), enfermedades cardíacas, nacimientos con bajo peso y otras afecciones graves. Las leyes libres de humo mejoran la salud pública al reducir la exposición del público al humo de segunda mano y al ayudar a los fumadores a reducir el consumo de cigarrillos y abandonar el hábito.

Las leyes libres de humo reducen las oportunidades de fumar y convierten el uso del tabaco en un hábito menos aceptable socialmente. Además de proteger a las personas que no fuman, las leyes libres de humo reducen la prevalencia del hábito de fumar y el consumo de tabaco en fumadores.
El tabaquismo es una enfermedad crónica, adictiva, con tendencia a las recaídas. No hay dudas de su asociación con enfermedades cardiovasculares, enfermedades pulmonares crónicas, canceres, trastornos al feto en el embarazo entre otras.


La Organización Mundialde la Salud (OMS) estima que para el año 2020, habrá diez millones de defunciones anuales por dicha causa. Es decir que en el siglo se producirán mil millones de muertes, lo cual constituye una hecatombe inadmisible para el entendimiento humano, ya que se conocen plenamente los vectores de la epidemia y se cuenta con medidas eficaces de control.
Actualmente se dispone de medidas de salud pública y de tratamientos eficaces que salvarían innumerables vidas; pero la realidad muestra que en los servicios de salud no se hace uso eficiente de ellos. El número de muertos y enfermos a causa del tabaco muestra que es necesario y clave para la salud mundial que miles de fumadores abandonen el tabaquismo.


Los esfuerzos dirigidos al control del tabaquismo son insuficientes si no se logran servicios de salud que, siendo libres de humo de tabaco, brinden servicios de cesación accesibles para todos los fumadores, cualquiera que sea su condición social y económica. Aunque en la actualidad la mayoría de los fumadores que abandonan el tabaquismo lo hacen sin ayuda formal, es necesario aumentar el porcentaje de abandonos a través de una mayor oferta de los tratamientos existentes y del mejoramiento de los diferentes programas de consejería, ayuda mutua u otros métodos disponibles.
La comunidad médica debe comprender que garantizar a la población un aire libre de tóxicos y carcinógenos es un derecho humano básico esencial. El tabaquismo pasivo es uno de los grandes problemas actuales de salud pública, el cual debe ser abordado como tal y no como un problema de molestias e incomodidades personales, que pueda solucionarse exclusivamente bajo reglas de cortesía y buenos modales.



Al humo de tabaco en el ambiente también se le conoce como humo de segunda mano, humo de los otros y otras denominaciones. Es la mezcla del humo principal exhalado por el fumador (15%) y del humo lateral (85%). El humo lateral tiene propiedades diferentes al humo inhalado por el fumador porque entre las pitadas se produce una combustión incompleta del tabaco, que lleva a mayores concentraciones de varias de las sustancias tóxicas y carcinógenas. Esta mezcla permanece en el aire y es inhalada por fumadores y no fumadores. El humo de segunda mano está clasificado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos como un carcinógeno humano para el cual no existe nivel seguro de exposición.  


Los niños son especialmente vulnerables a dicho humo por su menor volumen corporal y su mayor frecuencia respiratoria, lo cual determina una mayor absorción de químicos por kilo de peso ante la misma exposición que un adulto. La mujer embarazada que fuma o que respira el humo de los demás expone a su hijo a los tóxicos del tabaco.


Se ha demostrado científicamente que la ventilación del lugar no previene los daños producidos por la exposición al humo de segunda mano, pues si bien puede quitar la percepción del humo, no elimina los tóxicos. Para que la ventilación fuera efectiva se requerirían corrientes de aire similares a un huracán dentro de la habitación.


Por otra parte la separación en un mismo ambiente de fumadores y no fumadores, tampoco es una solución eficaz tal como lo demuestran los estudios de monitorización de nicotina ambiental que evidencian la presencia de los compuestos del humo en sectores de no fumadores.
La única solución efectiva para evitar los perjuicios del humo de segunda mano es lograr que los ambientes cerrados sean 100% libres de humo de tabaco.


Se debe señalar la importancia del tabaquismo pasivo en los lugares de trabajo. En algunos espacios laborales la magnitud de la exposición es tal que los trabajadores expuestos al humo del ambiente inhalan cantidades de tóxicos equivalentes a las de un gran fumador. Esto bien puede ser considerado un riesgo ocupacional; situación que se daría en bares, discotecas y restaurantes entre otros.
La única forma de proteger la salud de la población de la exposición al humo de tabaco, es promover la generalización de edificios libre de dicho humo, en donde no se fume en ningún lugar en su interior, lo que beneficia a fumadores y no fumadores. La instalación de áreas para fumadores puede ser una medida transitoria, para que quienes trabajan en el edificio se adapten a la nueva reglamentación.
Si bien hay medidas y leyes que las expondremos en otra ocasión las medidas mas usuales que hoy  ha tomado el Gobierno nacional son: Asesoramiento a provincias y municipios para la implementación de legislación de Ambientes Libres de Humo, promoción de Hospitales y Centros de Salud Libres de Humo, Organismos Públicos Libres de Humo, Universidades y escuelas libres de humo, Empresas libres de humo, Bares y Restaurantes Libres de Humo. Constituye una medida importante la  creación del Registro Nacional de Empresas e Instituciones Libres de Humo de Tabaco. El mismo recoge solicitudes de instituciones de todo el país. Se certifican solamente aquellas que son 100% libres de humo. La certificación dura un año. En los primeros 6 años de su creación el registro ya contaba con más de 2.000 instituciones. Es importante también realizar Campañas de promoción de hogares y automóviles 100% libres de humo entre otras.


A pesar de  los avances  resta un largo camino de trabajo y concientización. Tenemos que seguir bregando por una salud de mayor calidad, tratando de impedir estas epidemias que son silenciosas pero impactantes en números y económicamente para los países.


Autor: Eduardo Tassano Master en Gerenciamiento en servicios y sistemas de salud



jueves, 25 de abril de 2013

Residuos electrónicos: nuevo desafío de la salud pública









Mientras el celular, el monitor y el televisor estén en su casa no generan riesgos de contaminación. Pero cuando se mezclan con el resto de la basura y se rompen, esos metales tóxicos se desprenden y pueden resultar mortales.


Se estima que el 24% de las causas de morbimortalidad globales en el mundo son debidos a problemas ambientales. En ese aspecto el mundo está enfrentando un nuevo y creciente desafío: el aumento de los residuos electrónicos. El tratamiento inadecuado de estos residuos puede ocasionar graves impactos al medio ambiente y poner en riesgo la salud humana.
 
La chatarra electrónica, desechos electrónicos o basura tecnológica corresponde a todos aquellos productos eléctricos o electrónicos que han sido desechados o descartados, tales como: ordenadores, teléfonos móviles, televisores y electrodomésticos.  
 
De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) un desecho electrónico es todo dispositivo alimentado por la energía eléctrica cuya vida útil haya culminado.
 
La producción global de aparatos electrónicos, y en particular de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), enfrenta la mayor expansión industrial de la historia: cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que el comercio global de TIC alcanzó el 7,7% del producto mundial bruto en 2004.Se estima que en 2006 se vendieron 230 millones de computadores y un mil millones de teléfonos móviles en todo el mundo, lo que corresponde a un volumen de 5.848.000 toneladas. Como consecuencia, los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, o residuos electrónicos, constituyen los componentes de desechos de más rápido crecimiento. Conforman más del 5% de los residuos domiciliarios.
 
Problemas ambientales asociados
 
Existen diversos daños para la salud y el medio ambiente generado por varios de los elementos contaminantes presentes en los desechos electrónicos, en especial el mercurio, el plomo y el cadmio.
 
Colocar este tipo de residuos en la basura, o dejarlos en manos de cartoneros, es poner en riesgo la salud de las personas y del ambiente.
 
Mientras el celular, el monitor y el televisor estén en su casa no generan riesgos de contaminación. Pero cuando se mezclan con el resto de la basura y se rompen, esos metales tóxicos se desprenden y pueden resultar mortales. Aunque la vida útil de estos equipos se estima en diez años, al cabo de unos tres o cuatro ya han quedado obsoletos debido a los requerimientos de los nuevos programas y las nuevas versiones de los sistemas operativos. En general almacenamos un ordenador cuando todavía no ha llegado al final de su vida útil, para comprar otro nuevo, desconociendo el enorme costo ecológico que comporta tanto la producción como la eliminación de ordenadores.
 
Al día de hoy se sabe de la existencia de grandes vertederos donde los países occidentales vierten su basura electrónica. El mayor vertedero del mundo de ese tipo se encuentra en China.
 
Algunas posibles soluciones consisten en: incorporar el consumo responsable que incluya el reciclado de los equipos electrónicos, reducir la generación de desechos electrónicos a través de la compra responsable y el buen mantenimiento, donar o vender los equipos electrónicos que todavía funcionen, donar equipos rotos o viejos a organizaciones que los reparan y reutilizan con fines sociales. Reciclar los componentes que no puedan repararse. Hay empresas que acopian y reciclan estos aparatos sin costo para los dueños de los equipos en desuso. Promover la reducción de sustancias peligrosas que se usan en ciertos productos electrónicos que se venden en cada país. La responsabilidad extendida del productor en la cual luego de su uso por los consumidores el propio productor se lleva el producto, esto los impulsa a mejorar los diseños para que sean más sencillos de reciclar y reutilizar.  
 
En Argentina:
 
Se trata de un tema de imprescindible solución porque en Argentina se generan alrededor de 120.000 toneladas anuales de basura electrónica que, según estudios realizados, en su mayoría queda almacenada en hogares, oficinas y depósitos. El resto es arrojado en basurales, donde contamina las napas de agua, los suelos y el aire, al liberar ácidos o materiales tóxicos como, por ejemplo, mercurio, cromo y berilio. Es decir hoy técnicamente esto es responsabilidad de los municipios, con las deficiencias que ello genera. 
 
Tal vez sería el momento de comenzar a analizar el problema ambiental generado por los residuos eléctricos/electrónicos desde su origen, es decir a partir de su fabricación. La primera pregunta es: ¿el fabricante tiene responsabilidad por los residuos altamente tóxicos generados por los productos que produce y que los ciudadanos consumen en forma masiva? La respuesta es sí. 
 
Los productores deben asumir, como mínimo, la responsabilidad legal y financiera del ciclo completo de sus propios productos, incluyendo la gestión de los RAEE (residuos aparatos eléctricos electrónicos). Es lo que se designa como Responsabilidad Extendida.
 
La segunda pregunta es por qué en Argentina no se aplica este principio ya generalizado en muchos países. Al tratar de responder este interrogante aparece un vacío legislativo; es necesario contar con una ley de presupuestos mínimos para que los fabricantes e importadores de estos productos se encaminen hacia una producción basada en el ecodiseño (eliminación de sustancias tóxicas en sus productos, productos aptos para el reciclado y reutilización) y hacia una eficiente  gestión de los residuos generados.
 
A fines del año pasado debía tratarse la ley en el Congreso: El proyecto de ley intentaba darle un marco regulatorio y crear el Fondo Nacional de Gestión de Residuos de Aparatos Electrónicos y Eléctricos (RAEE). 
 
Ante la negativa de la Cámara de Diputados de tratar la ley uno de los legisladores explicó: "[El tratamiento] pasa para el próximo año porque no podemos imponerle a las empresas argentinas una carga enorme en términos de reciclado de basura electrónica que no tiene precedentes internacionales, obligados a importar tecnología monopólica que puede provocar daños graves en la competitividad". Las empresas son las que en otros lugares del mundo pagan por su basura electrónica. En Europa se hacen responsables de sus residuos. En Latinoamérica ocurre en Costa Rica, Perú, Bolivia, Colombia; países que trabajan en lo que se conoce como Responsabilidad Extendida del Productor.
 
Sea como sea el problema es creciente y es nuestra obligación resolver este tema por el bien de nuestros descendientes, y el cuidado del ambiente de nuestro país.
 
Se agradece la colaboración de la Ingeniera ambiental María del Carmen Rojas.

Autor: Por Eduardo Tassano

jueves, 18 de abril de 2013

El proyecto North Karelia: un logro mundial saludable




A finales de los 60 y los 70, Finlandia tenía la incidencia de muerte por enfermedad cardiovascular más alta del mundo, esto fue atribuido a la alta incidencia de tabaquismo, dietas ricas en grasas, con pocas cantidades de vegetales en la dieta, y los valores elevados de tensión arterial de los pobladores.

Entre los hombres de Karelia del Norte, el consumo de tabaco se redujo considerablemente y los hábitos alimenticios han cambiado notablemente. En 1972, un poco más de la mitad de los hombres de mediana edad en Karelia del Norte fumaban. En 1997, el porcentaje había caído a menos de un tercio.

A principios de los años 70, el uso de vegetales y aceite de vegetales era muy raro. En 1972, aproximadamente 9 de cada 10 habitantes usaban mantequilla en el pan, hoy sólo uno de cada diez, los cambios en la dieta han conducido a aproximadamente un 17% de reducción en el nivel de colesterol de la población y la presión arterial elevada ha disminuido y el tiempo de actividad física ha ido aumentado









En respuesta a esta situación el gobierno de Finlandia decidió realizar un programa que significó la mayor intervención estatal sobre una comunidad para lograr mejores índices de salud, enfocada sobre la prevención de enfermedades cardiovasculares.

La intervención incluyó ciudadanos, consumidores locales, escuelas, servicios sociales y de salud, que concientizaban sobre los factores de riesgo de la enfermedad y enfatizaban en conceptos sobre estilo de vida.

La iniciativa comenzó en la región de Karelia del Norte, el área del país con más bajo estatus socioeconómico y a su vez con la mayor incidencia de la enfermedad cuando el proyecto creció se fue extendiendo a todo el país.

La intervención consistió en promover lucha anti tabáquica con advertencias y legislación adecuada, introducción de productos de bajas calorías, uso de aceites vegetales, incentivos para los pobladores que más disminuían el colesterol y control de los niveles de tensión arterial.

Las tareas empezaban con una intensa campaña de promoción de la salud. El Dr. Pekka Puska, director del proyecto, personalmente entregaba folletos en la puerta de los supermercados de pie durante horas donde explicaban los beneficios de comer mejor, fumar menos y hacer más ejercicio. No fue una tarea fácil.

Recordemos que en esa época muchos hábitos alimenticios finlandeses incluían mantequilla, queso y la leche entera, alimentos que se consideraban saludables, especialmente para los niños. Además, Finlandia era principal productor de mantequilla y la leche siendo ambas producciones subvencionadas por el Gobierno.

Estos y otros factores llevaron a Karelia del Norte a tener una tasa de enfermedad cardiaca el doble del resto del país, así el enfoque de la enfermedad cardiaca pasó a ser comunitario. De esa manera se cambiaba el enfoque de que por un problema de salud iba al médico y se trataba.

El nuevo enfoque hacía que los ciudadanos colaboren en el cuidado de su propia salud, fue el primer desafío era modificar la dieta local. Imaginemos que la comida típica Karelia del Norte consistía en productos lácteos altos en grasas y embutidos.

Cualquier cosa verde era considerada como “Alimentos para animales”. En la mayoría de los casos se necesitaron muchas visitas a la gente para persuadir, otro hecho usado mediáticamente fue que el doctor Puska apareció en un programa de televisión donde una vez por semana se hacían análisis de sangre para colesterol y controles de la presión en diez pacientes por vez y luego exhortarlos a cambiar sus hábitos.

La serie de televisión, que se desarrolló de forma permanente durante 15 años, se convirtió en una obsesión para algunos finlandeses. A través de los años, el ámbito de aplicación del proyecto se ha ampliado para promover la prevención integrada de las principales enfermedades no transmisibles (cáncer, diabetes, etc.), así como la promoción de la salud en general, y la prevención de riesgos relacionados con estilos de vida en la infancia y la juventud.

Sin dudas que esta iniciativa constituyó un claro ejemplo de cómo se debe utilizar el marketing social para convencer a una población de un real problema y solucionarlo, significó por parte del estado finlandés una toma de decisión importante constituyendo una real política de estado que perdura hasta el presente.

Sin dudas es relevante el rol que jugó y juega la OMS (Organización Mundial de la Salud) proveyendo información científica, y equipos técnicos que directamente se involucraron en esta campaña de marketing social la TV nacional, los diarios locales, los servicios de salud y organizaciones líderes de la comunidad fueron los principales contribuyentes de la misma.

Es de destacar el programa de TV “pare de fumar” que alcanzó altos niveles de notoriedad, en el que los participantes contaban sus experiencias y se convertían en reales estrellas de la televisión y se erigían en ejemplos a seguir.

Se identificaron a los tres principales enemigos: los altos niveles de colesterol, los altos índices de tabaquismo y los altos niveles de tensión arterial. Y sobre ellos se concentró la concientización. Sobre estos tres ítems se difundieron pautas saludables de comportamiento.

Se focalizó la campaña en los ciudadanos de 35 a 74 años, realizándose registros individuales de cada uno para seguimiento, se dieron facilidades a los ciudadanos para acceder fácilmente a los servicios de salud. El trabajo se potenció con líderes comunitarios, personal de salud, maestros de escuela y personas que espontáneamente se constituyeron en difusores del programa.

Como conclusión del resultado final al analizar los índices de mortalidad, el beneficio se extendió a otras enfermedades crónicas como el cáncer. Si analizamos los datos en el periodo 1970 a 1995, la mortalidad global disminuyó un 49%, la mortalidad por enfermedad cardiaca bajó un 73%, la mortalidad global por cáncer un 44% y la mortalidad específica del cáncer de pulmón un 71% (¿Efecto tabaco?).

Para el año 2006 la tasa anual de mortalidad de la enfermedad coronaria en Karelia del Norte, en la población en edad de trabajar había caído un 85%, en comparación con la tasa antes del Proyecto. Los resultados y experiencias del Proyecto Karelia del Norte muestran que una intervención decidida y bien concebida puede tener un gran impacto en los estilos de vida relacionados con la salud y sobre los niveles de factores de riesgo de la población y que esta evolución, de hecho, conduce a reducir las tasas de enfermedades crónicas.

En nuestro país existen programas direccionados hacia control de las enfermedades crónicas, pero resta mucho por hacer; sin dudas esto deberá constituir una política de estado con el objetivo de mejorar la salud de los argentinos.


Autor: Eduardo Tassano - Máster en gerenciamiento en sistemas y servicios de salud