OPINIONES – Dr. Eduardo Tassano

jueves, 19 de septiembre de 2013

La epidemia silenciosa: contaminación sonora







De los determinantes de la salud, los factores ambientales son causantes del 23% de las de diversas enfermedades y muerte de la población mundial. Estos contaminantes ambientales pueden ser de diversos tipos.
  ¿Cuál es el contaminante más extendido en el mundo? No, ninguno de los que está pensando. El contaminante ambiental más común y frecuente es el ruido, y en especial en la ecología laboral, dato que vienen demostrando las encuestas realizadas, sobre condiciones de trabajo desde finales del siglo XX. Este es un factor que está en franco aumento, haciendo que un tercio de la población  mundial, y el 75% de los habitantes de los países industrializados, padezca  de cierto grado de sordera.

Recordemos que el rango de un cuchicheo esta alrededor de los 30 decibeles, una conversación normal entre 40 y 60 decibeles y alzar la voz entre 60 y 70 decibeles; elevando el sonido, a un mayor nivel, ya  estamos hablando  de la probabilidad de provocar un trauma acústico. Este puede ser agudo, por ejemplo, el que es producido en una fiesta, un recital, o puede ser en forma crónica lo que sería una exposición a lo largo del tiempo; sobre todo, son muy dañinos los sonidos agudos como sierras, aviones, o sonidos que se producen en la construcción.
En Argentina, más de un millón de trabajadores está expuesto a niveles de ruidos nocivos, superiores a 80 decibeles (dB), y de ellos, 200.000 presentan daño auditivo. 

La OPS refiere una prevalencia promedio de hipoacusia de origen profesional del 17% para América latina, en trabajadores con jornadas de 8 horas diarias, durante 5 días a la semana con una exposición que varía entre 10 a 15 años, con un dato nada alentador podemos afirmar que  este daño es incurable.

Hoy conocemos a este trastorno, como HIR (Hipoacusia Inducida por Ruido) y es la disminución de la capacidad auditiva de uno o ambos oídos, de tipo neurosensorial, parcial o total, permanente y acumulativa, de origen gradual e insidioso, y como resultado de la exposición a niveles perjudiciales de ruido en el ambiente, de tipo continuo, intermitente y fluctuante, con intensidad relativamente alta (85 dB) durante un período prolongado. La OMS y la OIT definen al ruido como “un sonido desagradable y molesto, que a niveles excesivamente altos es potencialmente nocivo para la salud; y según la intensidad se pueden dividir en moderados, intensos y muy intensos, hasta ser perjudiciales para la salud auditiva”.

Este sonido molesto y no deseado interfiere con el sueño, el trabajo, el descanso y lesiona, tanto física como psicológicamente al trabajador. No debemos confundir la HIR con el trauma acústico, causado por un ruido único y súbito, de escasa duración pero de muy alta intensidad, con pérdida auditiva repentina y generalmente dolorosa (a veces de un solo oído, el del lado que recibe el impacto sonoro), vértigo y acufenos.
La HIR representa en nuestro medio uno de los problemas de salud prevalentes, como resultado de la contaminación sonora ambiental y ruido ocupacional, que termina dejando graves secuelas en el órgano de la audición, con sorderas profundas, trastornos del lenguaje y severas limitaciones sociales.

El factor más importante, para valorar el riesgo de ruido de un lugar de trabajo es medir la intensidad del ruido a través de la energía con la que se produce (que se mide en decibeles). La variación encontrada en los ruidos industriales es enorme: un ruido que produce dolor es 10 billones de veces mayor que el sonido más débil que puede oírse.
Los sonidos que están por encima de los 90 decibeles pueden ocasionar una vibración tan intensa que lesionan el oído interno, especialmente si son prolongados.

Los especialistas explican que el nivel mínimo puede encontrarse en un laboratorio a 10 dB, seguido de zonas rurales a 30 dB e ir ascendiendo, lo que implica que las exposiciones a los ruidos de una calle con tráfico intenso corresponden a 80 dB, que es el límite de tolerancia; un taller de metal o concierto de rock a 110 dB, hasta llegar a un avión despegando a 140 dB, que es un sonido que produce dolor. Un camión a 4 metros genera 90 dB, al igual que una moto con motor ruidoso, y un martillo neumático genera 130 dB en dos metros a su alrededor.

Ante las actividades que conducen a un alto grado de hipoacusia están el mantenimiento de aeronaves en tierra, la construcción, la agricultura y los trabajos que involucran música o maquinaria a alto volumen. Los más afectados son hombres que trabajan como peones de carga en la industria manufacturera, mineros, operadores de maquinaria, trefiladores y estiradores de metal, soldadores y electricistas de obras; fácilmente se percibe que un número elevado de trabajadores se encuentran sometidos a niveles sonoros por encima del límite máximo permisible (LMP) determinado en 85 dB.

Por regla general, se dice que si en un ambiente es necesario gritar para ser escuchado, el sonido está en un rango en que puede dañar la audición.

Todo lo anterior, involucra al ámbito laboral. ¿Qué sucede en la vida cotidiana? Si bien los trabajadores son el grupo más expuesto, los altos niveles de ruido afectan al resto de la población por la adquisición de conductas insalubres para la audición, especialmente en zonas urbanas.

Desde la invención de los walkman a principios de los ‘80, cada vez más personas emplean auriculares pequeños en celulares y equipos de audio portátiles que concentran gran potencia sonora hacia el interior del oído, generando una especie de “cañón sónico” al no quedar otra salida que el canal auditivo, y haciendo que el sonido no pueda dispersarse para hacerse más inocuo, cosa que sí sucede usando auriculares externos, que por esto mismo son más seguros. Este hábito, termina siendo una agresión contra el oído, por ser de alto volumen y de larga duración, lo que induce a pérdidas auditivas, mareos y vértigo, sin mencionar la pérdida de atención al tránsito, que pueden generar accidentes viales.

Hoy vemos en la ciudad conductores que manejan con auriculares puestos, aislándose y perdiendo la captación de cualquier señal de alerta, a la vez que exponiéndose a sí mismo y a los demás a sufrir vértigos y mareos al volante, o al manubrio de motos y bicicletas, todo lo cual hace imperativa una campaña de prevención y promoción sobre las consecuencias de su mal empleo.

La sordera adquirida tiene carácter progresivo e irreversible, por lo que la única medida eficaz para evitarla es la prevención mediante medidas ambientales y de higiene que, en relación con el origen del ruido, eviten o disminuyan el nivel en los puestos de trabajo. Para esto deben mejorarse los diseños de maquinaria y su mantenimiento, así como distribuir al personal en estaciones de trabajo que no estén tan expuestas a ruidos, y eventualmente colocar silenciadores con tratamiento fonoabsorbente y elementos anti-vibratorios, cabinas insonorizadas, reducir el tiempo de exposición y rotar los puestos; también deben proveerse EPP (Elementos de Protección Personal) consistentes en protectores auditivos en los sitios álgidos de emisión de ruidos. 

Nuestro mundo es ruidoso: el uso extensivo de maquinaria grande o pequeña en nuestro entorno próximo nos convierte en susceptibles a una disminución de nuestra percepción. El oído suele ser agredido en forma tan gradual, que el daño no es detectado hasta que se vuelve grave, y en general no es la propia persona quien se percata, sino alguien de su entorno que se lo hace notar, dándose la situación de que esta patología incide en su esfera social, laboral, etc.
Prevención y promoción del conocimiento de estos temas ese es el camino. 

Autor: Eduardo Tassano

jueves, 12 de septiembre de 2013

El deporte es salud




El deporte es toda aquella actividad física que involucra una serie de reglas o normas a desempeñar dentro de un espacio o área determinada (campo de juego, cancha, pista, etc) a menudo asociada a la competitividad deportiva. Por lo general debe estar institucionalizado (federaciones, clubes), y requiere competición con uno mismo o con los demás.

    Como término solitario, el deporte se refiere normalmente a actividades en las cuales la capacidad física  del competidor es la forma primordial para determinar el resultado (ganar o perder); sin embargo, también se reconocen como deportes actividades competitivas que combinen tanto físico como intelecto, y no sólo una de ellas.

El deporte tiene una gran influencia en la sociedad; destaca de manera notable su importancia en la cultura y en la construcción de la identidad nacional. En el ámbito práctico, el deporte tiene efectos tangibles y predominantemente positivos en las esferas de la educación, la economía y la salud pública.

    En el terreno educativo, el deporte juega un papel de transmisión de valores a niños, adolescentes e incluso adultos. En conjunción con la actividad física se inculcan valores de respeto, responsabilidad, compromiso y dedicación, entre otros, sirviendo a un proceso de socialización y de involucración con las mejoras de las estructuras y actitudes sociales. El deporte contribuye a establecer relaciones sociales entre diferentes personas y diferentes culturas y así contribuye a inculcar la noción de respeto hacia los otros, enseñando cómo competir constructivamente, sin hacer del antagonismo un fin en sí. Otro valor social importante en el deporte es el aprendizaje de cómo ganar y cómo saber reconocer la derrota sin sacrificar las metas y objetivos.

    En el apartado económico, la influencia del deporte es indudable, debido a la cantidad de personas que practican el deporte así como las que lo disfrutan como espectáculos de masas, haciendo de los deportes importantes negocios que financian a los deportistas, agentes, medios, turismo y también indirectamente, a otros sectores de la economía.

  El Deporte es sin ninguna duda un vehículo ideal para la transmisión de valores, pero también es extraordinario su aporte a la salud, tanto física como espiritual. La primera alude a una mejora general en el organismo, en tanto la segunda se vincula con su inmensa capacidad para irradiar optimismo, alegría de vivir, y otorgarle sentido a la vida.

     El aspecto de entretenimiento del deporte, junto al crecimiento de los medios de comunicación y el incremento del tiempo de ocio, ha provocado que se profesionalice el mundo del deporte.

        Esto ha conducido a cierta polémica, ya que para el deportista profesional puede llegar a ser más importante el dinero o la fama que el propio acto deportivo en sí. Al mismo tiempo, algunos deportes han evolucionado para conseguir mayores beneficios o ser más populares, en ocasiones perdiéndose algunas valiosas tradiciones. El aumento de la competitividad a veces lleva a practicas desleales “para lograr el triunfo”, y esa es la faceta mala del deporte.

   Analizando el tema salud  tenemos cuatro aristas a considerar:   

1) Deportistas de alta competencia:  La tecnología se encuentra presente desde la nutrición hasta el tratamiento de lesiones, incrementando el potencial del deportista. Los atletas contemporáneos son capaces de practicar deporte a mayores edades, recuperarse más rápidamente de lesiones y entrenar de forma más efectiva que en generaciones anteriores. Un aspecto negativo de la tecnología aplicada al deporte consiste en el diseño y consumo de sustancias dopantes, las cuales mejoran el rendimiento del deportista hasta muy altos niveles, en ocasiones llegando a afectar seriamente  la salud del mismo, pudiendo ocasionar daños irreversibles en el cuerpo o incluso la muerte. Por esta razón, en un gran número de deportes, dichas sustancias están prohibidas por los distintos órganos reguladores del deporte a nivel profesional, pudiendo significar su consumo la descalificación o la inhabilitación del infractor.

2) El deporte en la sociedad: La práctica del deporte eleva también el bienestar y la calidad de vida de la sociedad por los efectos beneficiosos de la actividad física, tanto para la salud corporal como la emocional. Las personas que practican deporte y otras actividades no sedentarias con regularidad suelen sentirse más satisfechos y experimentan, subjetivamente, un mayor bienestar.

 El fenómeno del deporte como representación de la sociedad también se  explica por su importancia como espectáculo. En este rol, los encuentros deportivos sirven para afirmar el valor y las aptitudes físicas no solo de los jugadores, sino de la comunidad a la que representan. Es común que los resultados en las competiciones internacionales sean interpretados como una validación de la cultura y hasta del sistema político del país al que representan los deportistas. Este aspecto del deporte puede tener efectos negativos, como estallidos de violencia durante o tras las competiciones. Por otro lado, el deporte es considerado como un medio para disminuir la violencia y delincuencia en la sociedad.

 3) El deporte no competitivo en la población: Al practicar algún deporte en forma regular sin cometer abusos ni sobre entrenamientos, se está favoreciendo al funcionamiento del cuerpo. Cada órgano o sistema tiene una reacción determinada cuando se hace ejercicio. De esta manera usted cuida su salud física y mental.

El deporte beneficia al sistema cardiovascular, reduciendo el riesgo de arterioesclerosis y la posibilidad de un accidente coronario. Baja la presión sanguínea, ayuda a adelgazar y facilita el trabajo del corazón. Provoca una dilatación de los vasos periféricos, haciendo que  llegue a ellos mayor cantidad de sangre, la que carga oxígeno. El corazón, como cualquier músculo, se desarrolla más cuanto más trabaja, se vuelve más eficiente moviendo mayor cantidad de sangre, disminuyendo el número de contracciones que necesita.

4) El deporte como motor de la actividad física: Diversos trabajos realizados en los Estados Unidos y en los países escandinavos demuestran que las personas activas viven más que las de hábitos sedentarios, porque el ejercicio físico disminuye las concentraciones sanguíneas de colesterol, LDL y triglicéridos. Toda actividad física origina la liberación de diversas hormonas que provocan placer y bienestar en el individuo. Las más conocidas son las endorfinas, una sustancia magnífica que no ha sido capaz de ser creada por el hombre y que, entre muchas ventajas, aumenta considerablemente el umbral del dolor.

   La transformación que el deporte provoca en la calidad de vida de una sociedad es tan impactante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que por cada dólar que se invierte en deporte se ahorran tres en salud. Hoy se sostiene que el deporte puede resolver el problema número uno de los chicos que es hoy la obesidad, la que deriva en enfermedades muy costosas para los gobiernos como la diabetes, el colesterol y el cáncer.

   Es necesario inculcar a la dirigencia, no sólo a la política, que cada peso que se invierte en deporte es en realidad una formidable inversión que se recupera de distintas maneras. No se trata de buscar desesperadamente la obtención de medallas o resultados deportivos, sino de vencer el sedentarismo, la falta de sentido a la vida y tantos otros problemas instalados en la sociedad actual. El día que, como sociedad, comprendamos la importancia mayúscula que tiene el deporte se empezará a gestar una verdadera transformación.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Síndrome metabólico: otra enfermedad de la vida moderna






El síndrome metabólico aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca o diabetes. La principal causa de enfermedad y muerte de la vida moderna son las enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades  forman parte de las enfermedades crónicas no transmisibles, y estas a su vez  constituyen la epidemia del siglo XXI.

 Muchos enfermos cardiovasculares tienen varios elementos en común, que  tienen que ver con varios desordenes metabólicos,  la presencia de varios de ellos configura el síndrome metabólico.  El elemento común del síndrome metabólico es  el mal funcionamiento de la insulina (“resistencia”), sumado obesidad central (la famosa panza) y a esto se agregan uno o varios de los siguientes: hipertensión arterial, colesterol y/o triglicéridos altos, o colesterol “bueno” bajos.

El descubrimiento del síndrome metabólico es muy reciente. Los científicos todavía no saben si son manifestaciones de una enfermedad, que aún no se ha podido identificar, o son varias alteraciones que presentan unos síntomas comunes.

Tampoco hay un criterio definitivo para su diagnóstico. Se cree que la causa podría estar relacionada con una resistencia a la insulina, originada por una enfermedad genética. La insulina es una hormona que produce el páncreas y sirve para que la glucosa o “azúcar” de la sangre entre a las células para su utilización. Las células la necesitan como  energía para el funcionamiento del cuerpo. Cuando hay “resistencia” a la insulina, la glucosa no entra a las células. Con el paso del tiempo, al no ingresar la glucosa a las células, aumenta la glucosa en sangre y así, origina la famosa diabetes II que coexiste frecuentemente con la obesidad.

El Síndrome Metabólico no es en sí mismo una única enfermedad, sino que engloba una serie de anormalidades caracterizadas por desórdenes metabólicos, y su presencia se asocia a un mayor riesgo de enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular o diabetes tipo-2, así como una enfermedad renal y mala circulación en las piernas.

Las anormalidades  comprenden:

 •Exceso de grasa concentrada en la zona abdominal (obesidad central). Un perímetro de cintura de 100 cm o más  en hombres y 90 cm o más  en las mujeres.
•Hipertensión arterial (130/85 mmHg o mayor)
 •Aumento de los niveles de glucosa en ayunas: igual o superior a 100 mg/dL
 •Concentraciones altas de triglicéridos.
 •Niveles bajos de colesterol bueno HDL.

Aunque no se conocen con exactitud las razones por las que se produce el síndrome metabólico, sí  se sabe con seguridad, que los diabéticos y las personas que sufren hiperinsulinemia tienen más riesgo de sufrir el síndrome metabólico.

Pero, en lo que sí hay acuerdo es que la reducción de los factores del síndrome metabólico disminuye la posibilidad de desarrollar arteriosclerosis, y por lo tanto la enfermedad coronaria, y también diabetes.

El síndrome metabólico no presenta síntomas.  Para su detección, se hacen análisis de sangre para medir las concentraciones de colesterol y de triglicéridos, así como la toma de presión arterial.

El Síndrome Metabólico es de etiología multifactorial y, por ello, no se puede tratar abarcando un único factor causal. En realidad, para muchos especialistas, la causa principal es el exceso de peso y la concentración de grasa en la zona abdominal, pero es evidente que algo provocó previamente el aumento de peso hasta límites patológicos.

En Estados Unidos, alrededor del 25% de la población mayor de 20 años padece del síndrome metabólico. Respecto de los perfiles de la edad de los candidatos a padecer de Síndrome Metabólico, éste ha ido bajando de forma dramática. Si antes se hablaba de pacientes que bordeaban los 50 años, ahora el grupo de riesgo está situado en torno de los 35 años, ello porque desde etapas muy tempranas de la vida, las personas adoptan malos hábitos de alimentación y escaso ejercicio físico. En poblaciones de alto riesgo, como la de familiares de personas con diabetes, la prevalencia aumenta considerablemente hasta casi el 50%, llega a más del 80% en personas diabéticas y al 40  en personas con intolerancia a la glucosa.

En Argentina sabemos que aproximadamente el 10% de la población es diabética, y que el 30% de los niños en edad preescolar y escolar tienen sobrepeso, ambos aspectos de suma gravedad para considerar en el síndrome metabólico.

Como siempre decimos… la causa la podemos encontrar a nuestro alrededor cuando cada día vemos miles de puestos de comida rápida, el estresante ritmo de vida, el sedentarismo, las presiones sociales y publicidades engañosas. Pero también, gran parte de la responsabilidad es nuestra. Es difícil, pero se puede.

Tener que luchar contra una sociedad que engorda no es, para nada, fácil, pero debemos empezar por hacernos la propuesta.

La resistencia a la insulina se origina por problemas en los receptores insulínicos ubicados en las células a las cuales debe ingresar la glucosa. Al no encontrar respuesta a la insulina esta aumenta en sangre siendo, en un primer momento, el indicador más fiable.

Así se origina un “síndrome” caracterizado por este gran coctel de enfermedades metabólicas que se vinculan entre sí al desencadenar un elevado riesgo de morbimortalidad asociado a enfermedades cardiovasculares.

Cuando se conocen las consecuencias solemos tomar conciencia de lo que sufre nuestro organismo. No merecemos este maltrato, estas enfermedades son evitables.

¿No creen que sea hora de iniciar un plan para prevenir en cada uno estas enfermedades que avanzan a pasos agigantados en la sociedad del siglo XXI?
Para ello es recomendable realizar unos cambios en el estilo de vida:

 •seguir una dieta equilibrada, limitando la ingesta de grasa saturada y colesterol, y aumentando el consumo de fibra soluble.
•dejar de fumar
•reducir el consumo de alcohol
•practicar una actividad física

En algunos casos, es posible que el tratamiento se acompañe con medicamentos para tratar las enfermedades relacionadas, como la presión arterial alta (fármacos hipotensores), la diabetes (con medicinas para tratar la resistencia a la insulina) o estatinas para controlar el colesterol).

Son temas de salud pública de enfoque multisectorial que deben ser abordados como políticas de Estado.


 Autor: Eduardo Tassano

jueves, 22 de agosto de 2013

Una generación que alarma a Argentina


 El 12 de agosto último se celebró el Día Mundial de la Juventud en todo el mundo. Esa fecha que constituye un momento de alegría por el significado que tiene para todos, ya que  representa al futuro de la humanidad,  se ve ensombrecida por una preocupación: la generación de  los jóvenes nini.  
La salud pública implica el bienestar sicofísico y social de una población.  Es decir que mas allá de la aparente buena salud sicofísica que puede presentar un joven es importante que lo social y lo ambiental que lo rodea provea elementos productivos y que hagan a una buena salud mental y por ende física y que la expectativa por el futuro sea movilizadora para la realización plena de la juventud.

Es natural y lógico que los jóvenes de una sociedad se estén preparando para el futuro  tanto individual como colectivamente,  en esa permanente búsqueda que significa la grandeza de un  país. Las ganas de progresar y superarse dentro de un entorno favorable hacen a la salud mental de los jóvenes y los predispone a un futuro de éxito personal.

Sin embargo en nuestro país desde hace algunos años estamos ante un fenómeno social con los jóvenes que, sin duda alguna, repercute en la salud de los mismos y en las posibilidades de su desarrollo.  Ese fenómeno es la llamada  generación  NINI,  es decir jóvenes que  Ni estudian, Ni trabajan,  Ni buscan empleo.
En Argentina existen 3.253.000 adolescentes de 15 a 19 años y 3.174.000 jóvenes adultos de 20 a 24 años: en total, unos 6.427.000 de chicos que representan al 20% de la población total. Hay 900 mil jóvenes que descreen del esfuerzo como una herramienta para progresar. Dos de cada diez del total de seis millones de argentinos de entre 15 y 24 años no tiene ganas de nada. Muchos ya ni siquiera buscan empleo. El 80% vive en hogares pobres.

El segmento de jóvenes que ni estudian ni trabajan en Argentina se incrementó un 17% desde el  2003 a la fecha y hoy alcanza a casi un millón de chicos de entre 15 y 24 años, según cifras del propio INDEC.  Mientras, el plan del Ministerio de Trabajo para insertar a esta franja de la población en el mercado laboral no arroja resultados, pese a que el presupuesto escaló de $ 225 millones en 2009 a $ 1027 millones en la actualidad.

Generaciones anteriores creíamos que: “Si uno  se esforzaba, lograba estudiar y trabajar, el progreso no tenía límites”. En cambio, ahora, los chicos observan dos cosas: una es  que los padres o los abuelos trabajan o se esfuerzan mucho pero no ven ningún progreso y la otra es que no los han visto nunca trabajar y no perciben que el lograr mejoras tiene que ver con el esfuerzo del trabajo.
De este lado del mundo, la mayoría de  los ni-ni pertenecen a sectores indigentes, pobres y vulnerables. “En Argentina,  surgen de un proceso de descomposición social, de una historia de degradación de la economía y de la sociedad de largo período, que supone la precarización del mundo del trabajo, la desprotección social y, por último, el abandono de niños y jóvenes.

El 80% de estos jóvenes sin proyectos ni ilusiones vive en hogares pobres. Sólo el 8% de los ni-ni tienen un mejor pasar económico. La mayor parte de los ni-ni, el 68,3%, no terminó la secundaria y la mayoría son mujeres: 73% .Entre las mujeres -que son siete de cada diez de ese segmento- el problema no es la apatía, sino otro: abandonan la escuela o dejan de buscar trabajo cuando quedan embarazadas o tienen que cuidar a sus hermanos más chicos.

Para todos, en definitiva, el progreso no existe, tienen una grave crisis de participación, no creen en instituciones como la escuela o los sindicatos. Entre el 40 y el 50 % de esos chicos, el abandono escolar hace estragos. Ellos reconocen que ése es el primer paso  para quedar afuera de todo. Una vez que dejan la escuela y salen a buscar trabajo, se encuentran con una realidad cruda: el 25% no tiene empleo y la precariedad laboral de los puestos de trabajo a los que tienen acceso trepa al 62,2%, cuando el índice para la población general es del 40%.

La exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo produce enormes daños individuales, familiares y sociales, y abre la puerta a comportamientos sociales perjudiciales muy temidos como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia, ya que la vulnerabilidad de este sector es mucha más alta que la del  resto de la sociedad.

Muchos de ellos están en situación de calle y otros que podrían ser recursos valiosos en cada hogar, no colaboran y eso genera más riesgos.

Es un fenómeno que existe en Argentina y en muchos lugares  del mundo, y tiene mucho que ver con la dinámica del mercado de trabajo, que no crea mano de obra y que suma modernización productiva y nuevas tecnologías que buscan ahorrar mano de obra. Y los pocos puestos de trabajo que se crean, exigen mucha calificación. O por otra parte hay sectores que no solicitan calificación pero paradojalmente no hay oferentes.

La incertidumbre, la apatía y la desilusión son moneda corriente entre estos jóvenes. Sin embargo, hay  especialistas que opinan  que la situación se puede revertir. La idea es que  si estos chicos son escuchados, con ayuda terapéutica y un trabajo interdisciplinario, pueden  salir de este estado constante y avanzar.
La solución es multidisciplinaria, no es un tema estricto de la educación, es prioritario definir qué país queremos y cómo vamos a generar y cumplir las expectativas con los jóvenes.  Es necesario buscar las medidas económicas que creen un clima de inversión y confianza y alinear las expectativas hacia el destino de grandeza que los argentinos se merecen.

Lo primero es reconocer el problema, luego tomarlo como una política de Estado y finalmente poner todos los sectores de la sociedad en la búsqueda de mejorar la oferta educativa, y que el país todo busque un verdadero desarrollo económico de los sectores productivos que generen los ámbitos para la realización de los jóvenes y que estos se entusiasmen con un futuro mejor  donde tengan la satisfacción de ganarse el sustento  por sus propios medios.

Autor: Eduardo Tassano

jueves, 15 de agosto de 2013

Salud mental: en su concepto amplio




La buena salud empieza por la salud mental. Es importante este concepto porque a veces se nos olvida y separamos una cosa de la otra, cuando en verdad, no tenemos salud si no tenemos salud mental. La  salud no es  la ausencia de enfermedad, es el pleno estado de bienestar físico, psíquico, social y espiritual. Todo esto con un delicado  equilibrio que permita al individuo desempeñarse de manera socialmente activa y económicamente productiva. 

La salud mental, no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Se define como un estado de bienestar, en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, como también ser  capaz de hacer una contribución a la comunidad. La salud mental, se conceptualiza no sólo como un proceso o una variable de resultado, sino también como una variable independiente, es decir, una característica personal que influye en nuestro comportamiento. Afecta y puede modificar la forma en cómo pensamos, sentimos y actuamos, cuando lidiamos con la vida; también ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con otras personas y tomamos decisiones. 

Sin embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que no existe una definición “oficial”, sobre lo que es salud mental y que cualquier definición estará siempre influenciada por diferencias culturales, suposiciones, disputas entre teorías profesionales, la forma en que las personas relacionan su entorno con la realidad, etc.

La observación del comportamiento de una persona, en su vida diaria, es el principal modo de conocer el estado de su salud mental, en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, la forma en que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera en que dirige una vida independiente. Además el comportamiento, que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos, permiten establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.

La salud mental es importante en todas las etapas de la vida, desde la niñez y la adolescencia, hasta la edad adulta; podemos afirmar entonces, que  “la buena salud mental no tiene edad”. Cuando cualquiera de los elementos antes mencionados, se vean perturbados o disminuidos en sus capacidades, pueden llevar al hombre a consecuencias no deseadas, como ser temores irracionales intensos, desgano, preocupación, depresión, entre otros, ya sea por los hábitos de vida a los que éste se incurre, o por su ausencia de consciencia, la cual se suele enfocar básicamente en cuidar la salud física, por sobre la salud mental.             
Es común que nos preocupemos cuando tenemos una dolencia física, y ahí sí, vamos al médico. Pero hay que recordar, que sin salud mental es poco probable que tengamos salud física, ya que  el ser humano es integral.

La salud mental se puede afectar de muchas maneras. En general los desordenes mentales pueden ser causados por causas biológicas, sicológicas o sociales.   

·         Entre los biológicos, tenemos  factores  genéticos o hereditarios, o por  desequilibrios bioquímicos cerebrales durante el embarazo: la mala nutrición, la exposición a tóxicos o virus de diferentes tipos. Las infecciones, enfermedades de transmisión sexual como sífilis o el sida; también se pueden dar por enfermedades sistémicas y neurológicas, ejemplos de esto, son las enfermedades de Parkinson y Alzheimer.

Por otra parte, se puede afirmar que también existen medicamentos que pueden causar delirio, que a su vez, pueden evolucionar hacia la psicosis.

·         Entre los psicológicos: Situaciones de estrés, como traumas severos en la niñez, abuso emocional, físico o sexual, o una pérdida importante muy temprana (el fallecimiento de ser amado); también  los sentimientos de baja autoestima, ansiedad , ira, o  soledad.

·         Entre los sociales: el desempleo, la falta de expectativas,  El abuso de sustancias psicoactivas legales o ilegales a largo plazo, como el alcohol, las anfetaminas, la cocaína, los esteroides anabolizantes y la marihuana. En el ambiente laboral, la exposición a  ciertas sustancias químicas, como el mercurio, el disulfuro de carbono, el tolueno, el arsénico y el plomo que han producido psicosis en trabajadores manuales. 

Estrategias e intervenciones a nivel de la comunidad

La promoción de la salud mental, consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que la propicien  y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas, hay una serie de acciones, para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.
El clima de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos, es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos, resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.

Las políticas nacionales de salud mental, no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental. Para ello, hay que incorporar la promoción de la salud mental a las políticas y programas no solo del sector de la salud, sino también de los sectores públicos y privados, en aspectos como la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.

La promoción de la salud mental, depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental, se pueden mencionar:

·         Las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares, ayuda nutricional y  psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas).
·         El apoyo a los niños, por ejemplo: programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil, el “no al trabajo infantil”.

·         La emancipación socioeconómica de la mujer, por ejemplo: mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos.

·         El apoyo social a las poblaciones geriátricas, por ejemplo: clubes de abuelos, centros comunitarios).
·         Los programas dirigidos a grupos vulnerables y en particular a las minorías, como los pueblos indígenas, los migrantes y las personas afectadas por conflictos o desastres, por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres.

·         Las actividades de promoción de la salud mental, en la escuela (evitar los episodios de violencia y fomentar el respeto a los maestros).

·         Las intervenciones de salud mental en el trabajo, por ejemplo, programas de prevención del estrés.
·         Las políticas de viviendas (tanto nuevas, como mejoras de las viviendas antiguas).
·         Los programas de prevención de la violencia, por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana con la policía. 

   Los programas de desarrollo comunitario, por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado.Como ven, políticas multisectoriales buscando la mejor calidad de vida de los ciudadanos, influyen decisivamente en la salud mental de una población.



sábado, 10 de agosto de 2013

El 70% de los jóvenes argentinos tiene falencias de aprendizaje




Así surge de las cifras oficiales y de Educar 2050, que impulsa un análisis de la situación.
Sólo tres de cada diez jóvenes argentinos de hasta 24 años están preparados para afrontar el mundo adulto. La mitad no termina el secundario y de la otra mitad el 20% no comprende lo que lee y no tiene los conocimientos básicos de matemáticas y ciencias. Son las cifras del Ministerio de Educación y de las mediciones de aprendizaje.
El responsable de Educar 2050, Manuel Álvarez Trongé, hace estas observaciones a partir de los datos oficiales y afirma que durante la década que pasó se ganó una "muy buena" ley de educación y se perdió calidad que, paradójicamente, es el objetivo prioritario de esa norma nacional.
Estas observaciones serán analizadas en la Semana de la Educación, que, por primera vez, lanza la asociación Educar 2050 en conjunto con otras organizaciones educativas. Con la consigna "Hablemos de educación", el encuentro se realizará en coincidencia de la celebración del Día del Maestro, en septiembre próximo.
Álvarez Trongé, que es filósofo y acaba de presentar su libro Educar con la vida, filosofar con los grandes y pensar con usted (Dunken), buscó estimar cuánto aprenden los alumnos argentinos que están en edad de asistir al nivel secundario.
Para responder la consigna, señala que los datos oficiales indican que el 56% de esos adolescentes y jóvenes no egresa del nivel secundario en tiempo y forma, y se aproxima a la situación del 44% restante a través del prisma de una prueba de calidad nacional y otra internacional.
El Operativo Nacional de Evaluación (ONE), examen que hace el Ministerio de Educación nacional a los alumnos del último año del secundario, "indica que en promedio un 30% de los alumnos califica en rendimiento bajo; 16%, alto, y 53%, medio".
En tanto, el examen internacional Pisa, que se hace cada tres años a chicos de 15 años de edad desde 2000 y pone a prueba sus conocimientos en ciencias, matemáticas y comprensión lectora, indica que el 52% de los alumnos argentinos no comprende lo que lee ni alcanza las habilidades mínimas en ciencias ni en matemáticas.
"Una información preocupante es que de 100 jóvenes argentinos en edad de terminar el secundario, 56 no lo terminan en tiempo y forma, y de los 44 restantes hay 22 que, a la edad de 15 años según las pruebas internacionales, no alcanzaron los conocimientos mínimos para enfrentar la vida adulta y 13 que, según las pruebas nacionales de finalización de la educación secundaria, han tenido un nivel de desempeño bajo. Todo esto indica que un 70% de los jóvenes en la Argentina tiene grandes falencias de aprendizaje", dijo.
En este escenario, Álvarez Trongé destacó la importancia de haber podido ampliar la matrícula escolar en los últimos diez años: "Mientras que otros países tienen mejor tasa de egreso, pero menor cantidad de chicos en la escuela, la Argentina ha podido aumentarla un ocho por ciento, según datos del Ministerio de Educación, entre 2001 y 2010".
Y agregó la inquietud de las asociaciones y organizaciones educativas con las que está en contacto por cooperar en el cumplimiento de la ley nacional de educación de 2006, a la que consideran "uno de los avances más importantes en materia de política educativa de los últimos años".
Esa ley, recuerdan, fija la calidad educativa como su principal objetivo, que incluye lograr que los jóvenes a los 18 años de edad egresen con 13 años de enseñanza obligatoria.


Por   | LA NACION